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El Rincón del Diablo

A DALÍ A TRAVÉS DE UN DALÍ

A DALÍ A TRAVÉS DE UN DALÍ

 

 

 

 

Reloj licuando las horas pausadamente,

jirafas de fuego defecando sangre hirviente sobre aquel reloj.

Jirafas desnudas, de manchas y sexos transparentes como la sombra de un lienzo

 

Dalí golpeando la nalga ortodoxa de una mujer, empalándola a contranatura

al filo del abismo

estrujándole los blancos senos de marfil.

 

Rostro oblicuo de bigotes erectos y dos bolas orbitando encendidas

donde el color escupe su magia inmortal.

 

Nutriente cerebro donde el terror calla, y el dulce armario muestra

sus pulcros trajes vesánicos, sin cuerpos, sin esqueletos

sólo sus almas encorvadas penando sobre un bastón de oro.

 

Castillos de opulencia, telas que  esconde el sexo fresco y nuevamente virgen de Gala

postrado en un ataúd de cristal, eructando su risa demoníaca.

 

Dalí, viejo camarada, bebe la ubre inmortal de los dioses

y eleva tu verga incólume en los museos. 

 

 

                                                                 Teófilo Villacorta Cahuide

 

                                                             (de "Las Aguas del Mar Arden")

DOS POEMAS DE AMOR

DOS POEMAS DE AMOR

 

Suspiros 2003/5/10

 

Seducción de mujer, debilidad de varón,

suspiro de hombre que busca un refugio; 

disipas el frío de mi pecho

y mis brazos gritan por tu cuerpo.

 

Y es que, al verte alejada, verte ajena...

 

Arrancas mi aire enamorado

Se confunden en mi sangre tus actos y tu voz,

escapa una mirada erizada

y una sonrisa fingida...

 

Arrojo una broma y muere mi sonrisa;

solo muevo los labios liberando un mentiroso sonido.

 

Y es que me arrebatas el aire albirojo,

los tejes entre tu desnudez y tu pecho ajeno

 

Pero mi mirada perdida encuentra a la tuya extraviada,

se enlazan diciendo buscarse

y entonces dos aires se besan,

dos sentimientos cargados de deseo.

 

 

 

 

2003/09/21

 

Imagino tu lengua

sobándose entre las ansias

de mi glande, y siento

tu sed que se arrastra por mi piel

 

Capturo tus quejidos

y gimo lustrando con mi

saliva a tus pechos azules

 

Libero entre mis sábanas

el deseo, llamado por tu fuego intenso

y sueño que nos bañamos

entre la Luna y la densa oscuridad

 

Y entonces termina la noche

y la cabalgata también,

y entonces siguen las ansias

y sigues aquí, aunque aún no te bañe.

 

 

 

 

Telmo Américo B. Cabanillas (23), antropólogo y poeta. Presidente de EPAR, Director de la revista Reflejos, ganador de un concurso literario en su escuela (en 1994, para el día de la madre). Loco, poco floro, melancólico, extremista: suele platicar con Bryce, Degregori, Alarcón o Novoa, con la misma naturalidad con que lo hace con el Máquina, Maletas, Tuti, Rata, Refresco, Chalo, o Luchito. Filántropo confeso, cristiano y soñador. Se califica como aragán, mantenido (a mucha honrra), rebelde bebedor y fumador contenido y, enamorado de su mejor amiga. Actualmente está casi queriendo terminar la U, queriendo ir a Europa (a seguir siendo mantenido, esta vez por los amigos), queriendo ganar algún concurso literario y, queriendo regresar a Cochán o Chacapampa, su tierra natal.

 

EL MAR DE LOS SUEÑOS

EL MAR DE LOS SUEÑOS

 

La tarde está cayendo y el sol clava sus últimos rayos en la arena reseca. Las olas golpean sobre el pequeño muelle de madera. Hay un velero anclado al final de la línea que divide el mar y el cielo.

Ella está sentada en la arena contemplando el ir y venir de las olas que rugen con el viento de Levante. El mar se está coloreando de plata. Dos chiquillos corretean con tres perros y levantan nubes de arena. El velero se ilumina de oro y las gaviotas vienen en bandadas a recogerse en la playa.

Ella sigue mirando hacia el horizonte y la luz va tornándose de dorada a plateada. El mar es de plata. La luna asoma tímida su cara,  se mira en las olas que golpean el muelle. La mujer se levanta y camina hacia el agua. Poco a poco se sumerge. Las olas la mecen en un sueño que acaba de empezar. Ella está nadando, ahora su cabeza sólo es un punto negro en la inmensa llanura de agua plateada.


Los niños siguen correteando con sus perros y miran hacia el velero. En el velero aros de fuego salen confundiéndose con los destellos de la luna. Ella sigue nadando hasta que alcanza el barco. El barco de los sueños está a su alcance. Trepa a él, se abren mil velas de colores que brillan con los ojos de la luna. Desaparecen en el
azul plateado cayendo por detrás de la línea del horizonte que ahora brilla iluminada por los labios de Penélope.

El sueño de la vida viaja en un velero de velas de mil colores y surca mares de libertad y las almas se liberan como velas acariciadas por el viento. Una mujer está soñando sentada en la arena de la playa. Está mirando las olas que vienen y van, escucha el sonido del viento que acaricia sus cabellos que se confunden con las velas. El mar le habla bajito, le cuenta cuentos de piratas, de barcos que desaparecieron tragados por la ira de Neptuno.

La noche está clavando las estrellas en el cielo y la luna ya no está sola. Ella cierra los ojos, vuela como un pez volador, escoltada por delfines y peces de colores.

El mar abre sus fauces y se traga las olas y luego las escupe formando figuras, caballos y sirenas, delfines y ballenas. Al final del muelle de madera hay un pescador que lanza sus anzuelos. Lleva cien años sentado ahí esperando pescar el pez de su alma. Su identidad se va con las olas y viene con ellas cargada de sabiduría y él se siente bien. Lleva cien años ahí, mirando las olas, el mar le regala pequeños peces de colores, caballitos, sirenitas de pelo dorado y ojos azules, Neptuno viene a sentarse con él en las noches de verano cuando la luna deja de ser tímida y se muestra redonda, brillante, les hace guiños con los ojos.

Suena el timbre de la puerta, me despierto, miro el reloj despertador, son las seis treinta de la mañana. Me pregunto quién será a estas horas. Voy hacia la puerta. Pongo un ojo en la mirilla, en el rellano de la escalera puedo ver a un viejo, a una mujer y a Neptuno acompañados por la luna, dos niños y tres perros.

 

Salvador Moreno Valencia

 

INTENTA ESCUCHARME

INTENTA ESCUCHARME

 

Despierta. Escucha, escucha lo que digo,

Lejos estás de mí si estás conmigo.

José Coronel Urtecho, Idilio en cuatro endechas

 

Retrocedió. La calle en silencio, el último gato cruzando fugazmente tras su escurridiza presa. Chillaron sus enlodadas botas. Sintió la humedad. Se vio irritable, increíble de estado, tambaleante,  sobre el charco reciente de la esquina.

Miró su reloj. Pronto dejaría de revolcarse sobre su cama, de procesar las imágenes del día tratando de hallar respuestas a trivialidades, interrogándose, respondiéndose, dudando, discutiendo hasta desconocerse en el escenario híbrido de la ficción.

Maldijo, susurró la palabra indescifrable en estas últimas noches. Nada más patético que estar allí a  veinte pasos del objeto sin luz, sin voz, sin esa forma ahora desconocida. Bebió un poco más de aguardiente. Nada cambiaría el hecho desagradable de la  desconexión, del jodido día de la oración colérica explotando sobre los rostros, salpicándolos, corroyéndolos internamente.

Se sentó en la vereda, prendió un cigarrillo, escupió mientras sus ojos señalaban el objeto. Nada mejor que la lluvia para desgarrar recuerdos, machacar hasta sentirlos polvo, aspirar y vomitarlos por puro masoquismo. Continuó bebiendo, rebobinando la cinta maldita, proyectando las escenas rescatables, pausa, continuación, y sin la opción de descartar las erradas interpretaciones de sus actores melancólicos y sensibleros, echando a perder  una historia de argumentos rescatables.

Era extraño volver a extrañar, desprenderse de sí mismo para adherirse a lo distante. Estar  allí no era una opción saludable para el ego ni para el cuerpo. Se paró, meó y  estornudó, como detestaba hacerlo mientras su fluido era intenso. Bebió las sobras, ahora escucharía el tema y las campanas rechocando una y otra vez dentro de sus sien, sentiría el arroz -jamás lanzado- sobre su cabeza, bailaría el último vals. Avanzaría hacia un más allá siempre invisualizable, la atraparía en su tacto, en su gusto, en su olfato. Sepultaría los puta y perra que invocó en el desencuentro, los relatos sexuales dispersos en oídos sensacionalistas, su ritmo acelerado hurtándolo de energías; callaría en espera de la armoniosa continuación.

Rompió la botella. Ponto volvería del escenario híbrido de la ficción, indiscutiendo, indudando, inrespondiéndose, desinterrogándose de trivialidades improcesadas, para confirmar que él -o aquella parte errada- estaba allí afuera acometiendo el silencio, desgarrando la historia a punta de puñaladas lexicales, ignorando su fugaz entrometimiento a la experimentación.

Mal parido, se dijo, mientras corría lentamente la cortina de su habitación. Lo observó gritar, resbalarse sobre el suelo fangoso, levantarse, desquitar su ira contra las piedras alrededor. Su nombre retumbó en medio de la noche.  Desenterró los puta y perra que retenía en el resentimiento, los relatos sexuales, el ritmo acelerado de noches perdidas.

Hijo de puta, se dijo, mientras marcaba el número de emergencia. Ellos se encargarían de tipos cursis como él, tipos sin salvación existencial, estancados hasta el agotamiento en el no-presente.

Esperó hasta escuchar la sirena, los gritos de oposición.

Sería difícil volver a procesar las imágenes retenidas para internarse en el escenario de la ficción, pero lo intentaría.

 

Carlitos Brigante

LAS FALSAS ACTITUDES DEL AGUA

LAS FALSAS ACTITUDES DEL AGUA

 

Ya Andrea Cabel nos había mostrado parte de su poesía en diversos medios de publicación, llámese revistas y páginas web, desde hace algún tiempo. Reinventar los aspectos formales de la poesía, y la creación de atmósferas sublimes algunas veces, en otras ocasiones tensas, y hasta con ciertas pinceladas de un sutil erotismo, se habían convertido en las características más notorias y recurrentes en la mayoría de sus creaciones. Las muestras poéticas y la serie de antologías en las que había sido incluida por la originalidad de su trabajo así lo dicen.

En esta ocasión, Andrea Cabel, con Las falsas actitudes del agua, nos muestra la otra cara de su poesía, otra tonalidad en esa amalgama de colores que ésta significa, una performance novedosa plagada de artificios y que abre como un abanico sus posibilidades semánticas. Es tan inquietante como original. La estructura y autenticidad de la construcción de las imágenes, enjaezada con formas nuevas, y nutrida con el oscuro trasfondo que la envuelve, hace de su poética, como bien lo dice Víctor Vich en el introito del libro: "una muestra de posibilidades y hallazgos", y es esa propiedad lo que la hace exclusiva, más allá de los particulares mundos que elabora. Importante es recalcar también el comentario del poeta Carlos Germán Belli, al decir que existe en la suya "...una literaria forma libérrima, sustentada en frases, que aparecen como bloques verbales, a veces entre palotes inclinados, y donde el significado resulta una apretada suma de enigmas".

Las falsas actitudes del agua, Primer premio del concurso de poesía ESQUINA DE PAPEL, fue presentada el 11 de septiembre de este año en Lima, en el Centro Cultural de España, por Renato Sandoval y Rocío Silva Santisteban, con relativo éxito. Demás está decir que todos están invitados a ser partícipes del nacimiento de una poeta que se interna y surge de su propio vórtice a través de una poesía novedosa y siempre en constante evolución.

 

He aquí un fragmento de ella.

 

Resultados II Concurso Regional de Relato Breve “Vasos Comunicantes”

Resultados II Concurso Regional de Relato Breve “Vasos Comunicantes”

La evaluación ha sido difícil por la calidad de los trabajos enviados. Felicitaciones a todos! Aquí están los resultados:


1er Puesto
"Mañana no habrá cuculíes"
Roxana Ghiglino

2do Puesto
"Shaqsha Tayta Mayo"
Edgar Norabuena

3er Puesto
"Ellas se entregan hasta morir"
Eber Zorrilla



Menciones Honrosas

1ra Mención
"La maldición del Abuelo" de Grober Garro Cerna

2da Mención
"Deidi" de John Paulino García

3ra Mención - Empate
"La joven y la flor" de Daniel Gonzales Rosales
"De la complacencia y Flaco" de Isabelle Simard

Una de tantas muertes

Una de tantas muertes

 

 

"'Cantar de Helena y otras muertes' es el libro primigenio de Fernando Carrasco Núñez, joven narrador peruano, con el cual llegó a ser finalista en el 2do Concurso de Cuento y Poesía Dedo Crítico 2004, y que hizo su aparición recientemente este año, vía LIMAPOP Editorial. Fernando Carrasco nos hace entrega de una serie de historias plagadas de una oscuridad que nos envuelve a través de un lenguaje ataviado de recursos poéticos que sirven de base para el motor de cada uno de sus relatos: la inextricable psicología de cada uno de los personajes y su cercano nexo con el tiempo y la inevitabilidad de la muerte.

Aquí uno de los relatos que sintetiza el eje temático de este inquietante libro".

 

Di@bòliko 

DIRECTOR OFICIAL DE ESTE INFERNÁCULO

 

 

 

 

 

 

MISTERIOSA CONFIANZA

 

 

 

Porque es fuerte el amor como la muerte

y la pasión tenaz como el infierno

Cantar de los Cantares

 

 

 

 

Creo que la culpa de todo la tiene papá. Cuando papá murió, mamá quedó desprovista de una parte de su ser. Se habían conocido en este pueblo desde niños y, años después, siendo aún adolescentes, los abuelos decidieron casarlos, pues mi madre había quedado embarazada. Así nació Absalón. Dos años después nací yo. Durante los años que vivieron juntos no tuvieron más hijos. Podría decir que vivían felices hasta que sucedió lo imprevisible y, poco después, lo inevitable: papá traicionó a mamá y por eso obtuvo una muerte muy merecida. Pero esa muerte la sumió en una horrenda soledad e hizo que Absalón se acercase más a ella hasta conseguir su entera confianza. Esto trajo consigo una nueva traición y a tenerme a mí en estas circunstancias. Por eso afirmo que la culpa de todo la tiene papá. Sin embargo, he oído a la gente del pueblo comentar que él traicionó a mamá porque ella posee un carácter muy extraño que los llevaba a sostener discusiones muy acaloradas.

Yo creo que eso es mentira. Mamá es una mujer muy sensible y demasiado justa. Lo que sucede es que ellos son incapaces de comprenderla. Más de una vez he notado cómo contraen el rostro cuando la ven sonreír o cómo huyen temerosos cuando la notan enojada por alguna causa. Por el contrario, yo la comprendo bien y le concedo la razón en todo. Tal vez por eso, últimamente, algunos han empezado a comentar que yo me parezco muchísimo a ella. Mi hermano Absalón también la comprendía, a su manera, pero al final terminó destrozándola de la misma forma como lo había hecho papá: resultó idéntico a él y, por lo tanto, tan distinto a mi madre y a mí.

Cuando papá murió, Absalón tenía quince años. Por supuesto que nos había afectado mucho su partida, pero lo que más atormentaba a mi hermano era la soledad de mamá. Después de las visitas de rigor de los parientes cercanos, ella no quiso recibir a nadie más. Incluso, en ciertas ocasiones, llegaban algunos presentes para ella, pero ni siquiera los veía. Atraído por el perfume, yo siempre leía las tarjetas: eran de antiguos amigos de papá. Mi madre había decidido recluirse en su habitación, la cual para nosotros era como un santuario, un lugar sagrado, prohibido, donde trataba de sobrellevar la vida, internándose noche tras noche en otros tiempos.

Meses después, mi hermano Absalón fue floreciendo y sus rasgos se fueron tornando conmovedoramente similares a los de papá: los mismos mechones enmarañados sobre la cabeza, los mismos ojos marrones e inquietos, la misma sonrisa ronca y pausada, la misma complexión robusta y lozana como un sauce. Por esos días, mamá empezó a llamar a mi hermano a su habitación. A mí nunca me había llamado. Pero el hecho que mi hermano hubiera tenido acceso a ese lugar fue inicialmente mágico, sublime. Me convencí de que lo imposible no existía. Por otro lado, siempre creí, y creo aún, que todo respondía a razones de una misteriosa confianza. Tal vez mi madre aún no confiaba en mí. En los días siguientes, continuó llamando a mi hermano a su habitación. A veces lo hacía después del almuerzo o por las noches, cuando creía que yo dormía plácidamente.

Por esos días, Absalón era el muchacho más solicitado por las jovencitas del pueblo. Ahora sabemos que su figura se había paseado por pueblos vecinos. Meses después nos enteramos, por ciertos comentarios, que Absalón estaba en amoríos con una muchachita, que según se decía, estaba embarazada. Yo no quisiera juzgarlo, pero creo que se equivocó. Sí, se equivocó, porque encima de todo faltó a la confianza de mamá. Yo los escuché una noche. Ella le decía: "Ahora lo eres todo para mí. Nunca me decepciones como lo hizo tu papá".

A pesar de todo, estoy seguro de que mamá tiene la razón, por eso ayer hizo lo que tenía que hacer. Cuando por la noche Absalón llegó algo bebido, ella lo llamó a su habitación, lo recibió cariñosa y lo acostó sobre la cama. A través de la ventana entreabierta la vi sacar de la gaveta el revólver antiguo de papá, y, sin ningún reparo, le disparó a la altura del corazón. Ella quedó afligida llorando tiernamente sobre el pecho mojado de mi hermano En aquel instante ingresé a la habitación y traté de calmarla, pero resultó inútil.  

Ahora, acabo de arrojar el cuerpo de mi hermano al río. Creo que por las circunstancias será fácil justificar su ausencia. Además, este es un pueblo pequeño de gente que nunca ha comprendido nada acerca de mi madre y de mí. Todo este camino de regreso a casa me ha parecido una eternidad. Las primeras luces de la aurora se insinúan sigilosamente. La casa está en silencio. Nadie en la sala, nadie en el cuarto de Absalón, nadie en el cuarto vecino, el pasadizo, la habitación de mamá. Ingreso lentamente. Mamá está frente al espejo. Se le nota aún algo afligida. ¿Qué pasó?, pregunta, en voz baja. Pues nada, todo bien, le respondo. Esboza esa particular sonrisa que solo a mí me cautiva y me llama con la inquebrantable resolución en sus ojos de reafirmarme su injustamente pisoteada confianza.

 

_______________________________________________________

Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976)

Estudió en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle La Cantuta y realizó una Maestría en Literatura Peruana Y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido distinguido es diferentes certámenes literarios como en los Juegos Florales Alberto Hidalgo (UNE, 1997) y en los Juegos Florales Jorge Basadre (UNMSM,2003). Igualmente en el Concurso de Cuento Alfredo Bryce Echenique (ACJ, 2003). Su libro de cuentos Cantar de Helena y otras muertes fue finalista en el Segundo Concurso de Cuento y Poesía Dedo Crítico 2004. Sus textos de creación y ensayísticos han aparecido en revistas especializadas de la capital como San Marcos, Dedo Crítico e Ínsula Barataria. Actualmente se dedica a la docencia en instituciones de Lima y Huánuco. En esta última ciudad forma parte del consejo editorial de la revista Letra Muerta.

E-mail: fernandoliterat@hotmail.com

 

 

 

3 veces 3: Confesiones de Mantícora / Atahar / Lindero Prohibido: Las nuevas esferas poéticas y narrativas de Gonzalo Pantigoso

3 veces 3: Confesiones de Mantícora / Atahar / Lindero Prohibido: Las nuevas esferas poéticas y narrativas de Gonzalo Pantigoso

 

I

 

333 / confiésate animal nocturno / números simplificados rotan con resplandor medialunar / irónica melodía / alrededor de esta bitácora / esperan tus espejos proyectando luz a sus versos / esperan tu sonrisa / esperan una trinidad oculta en este rincón escarlata / infierno carnal / paraíso abstracto

 

 

II

 

ataharme: tus ojos soltando los nudos

de esta poesía  para que fluya como río

en los andenes de tu cuerpo

 

 

III

 

Luego de viajar por un camino de versos, un lindero prohibido se abre a tus ojos, inextricables historias abren sus pétalos, y muestran sus breves pasos a través de este recinto rojo. Tú, ángel de alas grises, observas el paraíso transparente a lo lejos. Pero no corres hacia allá, no pronuncias los nombres de los frutos. El paraíso está dentro de estas paredes, dentro de esta piel deteriorada: en tu interior.

Aquellos relatos abren las ventanas de tu cabaña extraviada, y te muestran el camino a la mágica nube de un mundo distinto, virgen."

 

 

Di@bòliko

 

(incontinenti de una fiebre triádica de inspiración

al repasar estas líneas horadadas por el viento y la luna)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 OBLICUO

 

La lluvia moja tu ausencia que tiembla de frío

desnuda sin palabras

 

Desde este lugar recostado en mi tristeza

siento mi vida deslizarse

por un torbellino de angustia y roquedal

porque no vienes junto a mí

porque vuelas como gaviota blanca

por los secretos del viento

sin posar en esta isla solitaria que te extraña y espera

que te siente y acaricia

lugar donde los días renuncian a besar la vida

donde muere la primavera sin llegar a las rosas

donde la lluvia se despide tiernamente

y junto a mí queda tu ausencia

abrazándome

 

 

 

 

 

 

GAVIOTA BLANCA

 

Aún no sé cómo todas las tardes enrumbo por la escalera

de siempre

y me atrevo a mirar desde esta desesperación hecha montaña

el horizonte perdido

 

Todo es sombrío en esta tarde de arena

en que han minado los caminos y la vida

lo han cercado todo estratégicamente

arrinconándonos en este territorio mortal

 

Busco tu presencia de gaviota blanca

para juntos atravesar la vida como el viento al rojo vivo

 

Ven que te aguardo junto al repicar armonioso de la cólera

buscando con las manos al interior de la tierra

las raíces del sol

 

Sé que también desesperas al ritmo de las cadenas que crecen

que los estigmas cada día más extensos

hieren el color de tus ojos que tanto extraño

 

Ven con tus pasos silenciosos destronando los otoños

el horizonte debe ser nuestro

con su sol y sus estrellas

 

 

 

 

 

 

TERCER MANUSCRITO (fragmento)

 

Amor

-trigo maduro en la espiga de mis sueños-

cada luna

                              cada sol

sin ti he habitado el íntimo silencio de una ola muerta

el fuego del único beso que se añora y no se posee

Hoy siento por fin tu presencia calzándose mis sandalias

veo tus huellas en el lento caminar de la tarde

y escucho tu voz en el secreto lejano que me llega

Ven

besa este perfil dolido de tanto rescoldo

por el hombre que aún no llega

reconoce en él a la noche ardiendo de nostalgia

a la desgracia humana cayéndonos verticalmente

desde el principio

hasta el final

todo está en mí

                             doliéndome

mira al mundo perdiéndose en las raíces hórridas del tiempo

aquí es donde a los hombres

nos acechan los inviernos cercenables

o los veranos cruelmente estacionarios

juntos debemos ser el canto cristalino de un río

invadiendo la noche de plenilunio

Has bajado de la esperanza para habitar mi corazón raído

-la vida pasa por sobre nosotros

como un tropel de mil caballos ciegos-

y por todo lugar de mi ser que indague tu índice

brotará la desesperación de no haber nacido...

 

 

(De: Confesiones de Mantícora)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CORAZÓN DE CENIZA

 

En esta noche de silencio raro y denso

un río de puñales atraviesa mi cuerpo

y una angustia de kilómetros

me hunde en el mar de la nada

 

A veces no sé de dónde nace

el canto que me hurta el aliento

será tal vez el presentimiento de que un día olvidarás

que en secreto originábamos los crepúsculos

que cabalgabas en mí

desde el origen de tus urgencias

amando mi sed torrencial

y nuestras tardes raicales de fuego constante

O será tal vez que hoy

no tenemos lugar para el exilio

y debemos volver a la ciudad

a introducirnos en su corazón de bestia

a perdernos en su laberinto de humo y olor grave

y dejar la huella de nuestra locura

como vestigio inconfundible de nuestra presencia

para cuando el tiempo eche a volar el verano

y llegue sin ti

el remanso de la dicha

y la vida sea un reino

inaugurando su corazón

de ceniza

 

 

 

 

 

 

CANCIÓN DEL OLVIDO IMPOSIBLE

 

Cotidianamente consagro el rito

de incendiar la pradera de tu recuerdo

pero ante el olvido

tu presencia emerge intacta

ataviada de veranos y urdida de horizontes

En vano pretendo incendiar la noche

detenida en la colina

quemar las estrellas

la arena

y tus palabras

Por sobre todos los presagios

siempre poseo un sueño

anhelando tu ternura

Un canto arrulla tu voz desde la distancia

y una palpitante soledad vuelve a nombrarte

como la palabra hacedora de vendimias

Sé que el alba jamás desistirá del irrevocable destino

de traerte a mis playas

que algún día caeré rendido definitivamente

ante el infalible velamen que me arrastra

a la estación donde todo eres tú

y nada soy yo

sin ti

 

 

 

 

 

 

SIGNO ATÁTICO

 

Porque el olvido es la mágica puerta

que me espera

navegaré por un mar que no aguarda mi presencia

Reconoceré en las llanuras marinas

el viento fenil de tu ausencia

Recordaré entre mareas y tormentas

que habité el silencio

y que te amé desde ahí subterráneamente

No habrá morada alguna donde deje tu recuerdo

El signo atávico encenderá siempre

el latido del verano

Tu recuerdo inmarcesible llenará de dulzura

los abismos y los vértigos que me esperan

Tú serás el fervor de los días estériles

la incandescente noche de grietas húmedas

y el último canto deseado

para sobrevivir en júbilo

a la tempestad

de las aguas

 

 

(De: Atahar)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARIELA DEL JUNCO

 

Una vez más, Mariela del Junco, la sensual bailarina de música flamenca, se presentaba en el teatro. En cada actuación lucía sus vestidos de vuelo ancho, dejando notar su frágil cintura y haciendo soñar con su cuerpo, tras sus rítmicos movimientos.

Aquel hombre había ido a verla por cuarta vez y la contemplaba extasiado como siempre. Ella parecía haberse dado cuenta y le regalaba los requiebres de su cuerpo al compás de la música.

 

Llegó la última presentación. Al día siguiente partirían a otra ciudad. Su promotor al ver nuevamente a aquel hombre se llenó de celos. Desde el inicio de la actuación fue testigo del sentimiento, el que ahora parecía ser compartido. Permanecía oculto entre los bastidores, observando cada mirada, cada gesto. Hasta que llegó el momento en que ya no pudo soportar más y fue hacia el director de escena diciéndole:

- ¡Deténganla, deténganla, para la música!

- ¿Pero qué tienes, estás loco acaso? ¿Qué te sucede?

- ¡Deténganla te he dicho, que ya no siga más!

Y el director la detuvo. El promotor salió al escenario cuando los aplausos resonaban efusivos y Mariela, toda desconcertada atinaba a dar gracias y regalar una sonrisa a su admirador, quien besó una rosa y la arrojó a sus pies. Obnubilado por los celos, el promotor no pudo contenerse; sacó un puñal y frenéticamente lo clavó una y otra vez en el cuerpo de Mariela arrancando gritos de asombro y de terror al público.

En el escenario, sólo quedaron esparcidos entre los pétalos de una rosa, los restos inservibles de aquella gran marioneta que un habilidoso titiritero daba vida, noche a noche.

 

 

 

 

 

 

EL GALLO

 

Ella cogió el puñal debajo de la almohada. Él yacía dormido dándole la espalda. Era la oportunidad, no la desperdiciaría. Sin hacer ruido lo levantó en el aire como una ofrenda, en ese instante cantó el gallo. Se detuvo, sintió algo de sí, lentamente guardó el puñal. Su animal interior se había espantado. Mañana será, dijo entre sus labios. Luego se acostó y se quedó dormida.

Hoy han vuelto a acostarse, él está de espaldas y esta vez, el gallo no cantará.

 

 

 

 

 

 

LAS PIEDRAS

 

Hoy, inquebrantablemente como todos los días, desde hace siete años, lo ha visto pasar con su dorso desnudo y su caminar ligero hacia la playa. Ha sido casi a la misma hora de siempre, como un rito de fuego constante ardiendo en la cotidianidad de la vida.

Sin querer ha recordado cuando arrastrada por su curiosidad fue tras sus pasos para saber el porqué y para qué de aquella cotidiana travesía; y no lo consiguió, sólo lo vio allí, sentado en una de las piedras, frente al mar, con una quietud que contrastaba con el movimiento de las olas y el vuelo de las gaviotas. Se quedó con el misterio agazapado en su amor silencioso y secreto.

El fuego de la tarde comenzaba a diluirse para dar origen a la oscuridad de la noche. Era la hora en la cual él retornaba. Se asomó a la ventana para verlo aparecer y nada. A veces tardaba un poco, pero esta vez no aparecía. Su corazón fue un revuelo de palomas. Por vez primera el rito se quebraba: la tarde moría entre el ulular del viento y él aún no retornaba. Un presentimiento extraño la envolvió. Decidió no esperar más y salió a su encuentro. Al llegar a la playa, lo vio allí, sentado en esa misma piedra, como aquella lejana vez cuando lo siguió con su intriga. Algo inusual percibía en el aire, y el deseo inevitable de acercársele no lo pudo contener. Estando junto a él, con voz tímida, le dijo:

- Te has hecho tarde, es hora que regreses, el frío ya empieza a correr.

Él no contestó, ni siquiera volvió el rostro para mirarla. Ella aguardó unos segundos y volvió a decirle:

- Es tarde, nunca te has quedado aquí por la noche. El camino espera tus pasos. Regresa ya, por favor.

Tampoco obtuvo respuesta. Entonces se le acercó mucho más y al colocar su mano sobre su hombro bronceado, una sensación de tiempo, fuego y hielo estremeció su ser: ¡Estaba yerto! Lo palpó desesperadamente y descubrió que era completamente de piedra, hermosamente de piedra.

Desde entonces, ella se ha quedado allí, junto a él, entregando su cuerpo a la brisa y al tiempo, queriendo atravesar también la misma puerta.

 

 

(De: Lindero Prohibido)

Gonzalo Pantigoso Layza