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El Rincón del Diablo

La pasión enferma, pedófilo y objeto sexual

La pasión enferma, pedófilo y objeto sexual

 

Por:  Roxana Ghiglino Gonzáles

 

Nabokob fue un escritor genial, de origen ruso, el cual tuvo que huir de su país nativo para habitar finalmente en los Estados Unidos debido a la persecución bolchevique y de los agentes nazis. En su trayecto tuvo que abandonar no solamente su tierra sino también su idioma, como el mismo Nabokob menciona "Mi tragedia privada, que no puede y no debe ser preocupación para nadie, es que tuve que abandonar mi expresión natural, mi despejada, rica, e infinitamente dócil lengua rusa por una variedad de inglés de segunda clase". Pese a esta circunstancia Nabokob se hizo de una amplia trayectoria y  escribió una serie de libros en inglés. De su producción se destacaría por su malicia infernal Lolita. Esta novela, que fue prohibida en Francia e Inglaterra,  trata acerca de la pasión que se desata entre un personaje adulto y una niña de doce años, y resultó un desafío y un enorme logro, pues está considerada por muchos como la obra más avanzada ejecutada en Norteamérica, si consideramos también que fue escrita durante la época puritana de Estados Unidos de los años 50, el hecho de hablar de la pederastía, un tema tabú, fue toda una proeza. Cuando se publicó en 1955, se la tachó de pornográfica, sin embargo tuvo tanta acogida que aseguró la vejez del autor y el director de cine Stanley Kubrick la llevo al cine teniendo un éxito rotundo. La novela tiene analogías con otras que Nabokob escribió acerca de pasiones enfermas: La dádiva de 1938 trata acerca de la relación incestuosa entre un padrastro y su hija, El hechicero, obra póstuma, es la historia de un cuarentón que siente una atracción obsesiva hacia las chiquillas y que termina enamorándose también de su hijastra, a la cual desea poseer sin lograr ningún éxito.  Sin embargo Lolita es definitivamente la obra maestra de Nabokob porque esta supone ante todo un enorme logro verbal, una especie de canto en honor a la belleza y a la obsesión que ésta puede desatar, pero como lo veremos más adelante, no la belleza como arquetipo idealizado y encantador, sino la belleza como objeto, la belleza que en este caso no inspira ternura, sino que desencadena en absoluta crueldad y malicia, la belleza como manzana de perdición. Cierto grado de melancolía, poesía y perversidad se entrelazan en la obra de manera armónica a pesar del antagonismo que se presenta en las mismas. En realidad el lector queda confundido ante el extraño y desconcertante encanto de Lolita, que resulta abrumador y en algunos momentos se torna insoportable, ya que dicho encanto radica en la mezcla de superflua inocencia de la niña que convive con sus posibles artimañas de seducción, aunque lo que resulta confuso es saber si dichas artimañas están planificadas en una forma rara de temperamento precozmente calculador o es excesiva espontaneidad por parte de Lo. Obviamente muchos concordarán en que llama la atención la composición del intrincado psiquismo de los personajes, que resultan una dupla excelente: Humbert el protagonista es un personaje intenso, complicado, perverso, que tiene una peculiar afición: es  un entomólogo, coleccionista de mariposas y obviamente la presencia de  Lolita le perturba. Ella es una mocosa aparentemente tonta, superflua y corriente, pero que posee el encanto y seducción de las niñas - mujeres, con apenas doce años y que es capaz de despertar el morbo en Humbert. La novela se inicia en París y luego los sucesos se desatan en Estados Unidos, ahí es donde se desencadena la perversidad de Humbert, al conocer a Lolita. El escritor llega primero a la casa de  Charlotte Haze, la madre, con la finalidad de alquilar un cuarto. Humbert al conocer a la señora nos muestra la repulsión que siente hacia esta por su edad, ya que la mujer frisaba los 40 años, calificándola de aburrida y común. Lo cierto es que resulta imposible que Humbert se fije en la madre porque su fijación obsesiva se centra en las jovencitas, su caso es el de un pedófilo que se deshace al estar cerca de las chiquillas a las que llama ninfulas. Humbert es un personaje patético con alteraciones de tipo emocional que raya en lo patológico y que encontrará en la niña el objeto de su pasión pervertida, aunque dicha pasión se convine con una especie de idealización del cuerpo de esta y de un romanticismo que a veces resulta ridículo "Era la misma niña: los mismos hombros frágiles y color de miel, la misma espalda esbelta, desnuda, sedosa, el mismo pelo castaño. Un pañuelo a motas anudado en torno al pecho ocultaba a mis viejos ojos de mono, pero no a la mirada del joven recuerdo, los senos juveniles. Y como si yo hubiera sido, en un cuento de hadas, la nodriza de una princesita (perdida, raptada, encontrada en harapos gitanos a través de los cuales su desnudez sonreía al rey y a sus sabuesos) reconocí el pequeño lunar en su flanco... me es difícil expresar con fuerza adecuada esa llamarada, ese estremecimiento, ese impacto de apasionada anagnórisis.... Mientras pasaba junto a ella en mi disfraz de adulto... el vacío de mi alma logró succionar cada detalle de su brillante hermosura,". (p.40) Desde el inicio se muestra a Lolita como un objeto sexual, es decir, ella no ofrece ningún indicio de poseer alguna cualidad a nivel de su personalidad que vaya más allá de la carne ni ambiciones que puedan hacer que el lector fantasee que cuando Lolita en un futuro será una mujer interesante, en el último de los casos sólo se podría esperar de ella que fuese más adelante una mujer sumamente experimentada en la cama, pero no un personaje brillante en cuanto a sus ideas, como para que el apetito hacia  ella trascienda hacia algún sentimiento profundo, y sólo su cuerpo es idealizado, no algún rasgo de su forma de ser "Nunca he experimentado tal agonía. Me gustaría describir su cara, sus manos...y no puedo, porque mi propio deseo me ciega cuando está cerca. No me habitúo a estar con nínfulas, maldito sea. Si cierro los ojos, no veo sino una fracción de Lo inmovilizada, una imagen cinematográfica, un encanto súbito, recóndito, como cuando se sienta levantando una rodilla bajo la falda de tarlatán para anudarse el lazo de un zapato" (p.44)

Lolita a diferencia de muchas niñas que figuran en la literatura como objetos idealizados de amor, no provoca esa ternura romántica ni el deseo de hacerse digno de ella mediante el ideal caballeresco, no, admitámoslo, Lolita evoca morbo, malicia, bajas  pasiones, incluso el mismo Humbert revela su deseo oculto de suministrarle un somnífero para poderse aprovechar de ella mientras estaba dormida. El personaje se nos muestra muy simple, chato, en el aspecto de sus ambiciones, anhela ser bailarina para poder menearse ante los demás, la madre no parece mostrar ningún afecto natural hacia ella, porque lo cierto es que se desata una absurda competencia por llamar la atención del nuevo inquilino. Sin embargo el poder de Lolita radica esencialmente en su coquetería, tocando a Humbert, insinuándosele, acercándose a él. Lolita es una niña agrandada, traviesa, que gusta de imitar a las mujeres mayores, y ya había tenido experiencias sexuales con otros jóvenes, una chiquilla no precisamente ingenua en el sentido que esta palabra podría atribuírsele a las niñas de su edad, y tiene cierta tendencia espontánea a manipular a los hombres, aparentemente consciente del efecto que es capaz de provocar mediante sus artimañas sutiles de seducción. Por otro lado para que haya un tipo de relación enferma como es este caso, no sólo existe el objeto de deseo y morbo que provoca una obsesión desquiciada, sino que, obviamente es necesaria la presencia del pedófilo que a  todas luces muestra una actitud y pensamientos anormales, y dicha pedofilia no es el resultado de su repentino enamoramiento hacia Lo, en absoluto, Humbert demuestra su entusiasmo hacia las niñas atractivas en el desarrollo de toda  la  novela, y ciertamente otros sucesos no demuestran que Lolita sea el único objeto de deseo  de Humbert.  Sobre la personalidad de éste, a pesar del romanticismo y el extraño lirismo en sus palabras de admiración o embobamiento por el cuerpo de Lo, es posible afirmar que es un ser calculador, sin emociones profundas, no se conmueve ni siente afectos sinceros, las niñas para él apenas son o resultan ser un simple pasatiempo para conseguir cierto grado de placer al descubrir que puede despertar en ellas atracción o  simplemente son el objeto bello que él desea admirar para su goce personal. Este personaje también tiene inclinaciones sádicas y asesinas, para conseguir su propia satisfacción no tendrá reparos en deshacerse de la madre de Lolita por considerarla un estorbo en sus planes, y cuando el lector podría concluir que con dicha desaparición en la obra, Humbert podría alcanzar de manera utópica la satisfacción  completa de su placer al finalmente lograr su objetivo; poseer completamente a Lolita, ocurre lo inesperado o quizás no, dependiendo de la perspicacia del lector... Humbert planea nuevamente deshacerse de alguien más por interferir en sus planes, en este caso, paradójicamente Lolita será la víctima. Si bien el personaje de Lo no resulta una criatura pura a los ojos de los lectores, ya que obviamente no es lo que comúnmente se conoce como una niñita indefensa, tampoco nos encontramos en la situación de que Humbert sea la víctima  que ha caído en las garras de la chiquilla, no, en absoluto, Humbert es un hombre maduro, y no es posible comparar su experiencia con la de Lolita, ya que esta a pesar de que tener cierta trayectoria sexual, incluso podríamos hablar de que su astucia radica en su sexualidad y la capacidad de manejar hasta cierto grado a su antojo a Humbert, no posee las artimañas del intelecto propias de la madurez, ni puede obviamente elaborar alguna complicada elucubración mental que le hubiese servido para poder defenderse más adelante del desquiciado Humbert, en este caso, Lolita al final del juego sexual termina siendo una víctima, y en este aspecto recalco el valor de objeto sexual que se le atribuye a la niña a quien Humbert trata muchas veces de belleza barata.  La historia tiene un triste desenlace, donde finalmente el deseo desaparece, Humbert se vuelve un tipo insoportable para Lolita, ya que éste la amenaza e incluso la llega a sugestionar con un futuro miserable porque como ya hemos mencionado, Lolita puede tener cierto grado de astucia pero esta no es suficiente para manipular completamente a Humbert y el final de la novela es como el pederasta: frío y despiadado. 

 

 

 

Roxana Ghiglino, (1980) Licenciada en Educación, especialidad Lengua y Literatura y profesora de inglés. Se licenció con la tesis "El Fanatismo Religioso en la Novela Total La Guerra del Fin del Mundo". Ha pertenecido a los siguientes grupos: Disidencia, Taller 1, Elenco de teatro del INC, Coro polifónico del INC, entre otros. Ha publicado en: Simoné, Letra Libre, Peripheria, Castillo de Humo, Aspermia, entre otros. Ha sido ganadora del primer concurso de relato breve "Identidad Ancashina" organizado por la ONG Vasos Comunicantes con el relato "Camile apesta a rosas" y obtuvo una mención honrosa en los IX Juegos Florales de la Universidad Ricardo Palma con "Apenas puedo pedir un mea culpa por tanta malicia escrita en tan pocos versos". Actualmente es participante activa del INC y dicta cursos vacacionales de inglés y lectura veloz. 

 

Árbol Genealógico

Árbol Genealógico

 

¿Qué es lo prohibido?:
"La sociedad no prohíbe más que lo que ella misma suscita."
Levi-Strauss

 

No sé en qué momento me comenzaron a interesar las nalgas de los niños. Desde que los curas, lo senadores, los políticos exhibían sus miradas huidizas en la pantalla de televisión. Pensaba en la curvatura de sus traseros desde que los diarios de vida infantiles eran pruebas fidedignas en los tribunales. Nunca antes había sentido una palpitación por esos cuerpos incompletos. Pero todo el tiempo bombardeado con "las erosiones de 0.7 centímetros en la zona bajo del ano". O, con la frase en el periódico "a los chicos reiteradamente violados se les borran los pliegues del recto". Y en la radio, la brigada de delitos sexuales alertando a la población sobre las conductas cambiantes en los niños y el examen periódico de sus genitales. Los niños del país con los pantalones y las faldas abajo. Y el servicio médico legal ratificando las denuncias después de los peritajes físicos. Mi hija Teresa miraba de reojo esas noticias y se paraba incómoda. Llevábamos cinco años viviendo solos desde que su madre se había ido. Mi hija no dijo ni preguntó nada. Nunca supe si ambas habían hablado la noche anterior. Nadie que hace su maleta y cierra la puerta de esa determinada manera, regresa. Apenas se insertó la lengüeta en el picaporte y sus pies sigilosos rozaron el piso de baldosas. No quise mirar por la ventana, saber si la esperaba un auto, o un taxi o si caminaba sola por la vereda. Teresa tenía nueve años. Quitó todas las fotos de ella y sin que yo le pidiera asumió el rol de dueña de casa. "Que falta esto, lo otro, hemos comido demasiada carne". Lo demás siguió igual: sus amigos, la escuela, sus gustos. Una chica estudiosa, tímida, que dibujaba mirando las montañas y el papel.

Desde hace un tiempo Teresa espía mi mirada cansada con un brillo especial. Se esmera más en la comida y decidió que la persona que la cuidaba no se quedara más a dormir.

- ¿Por qué diste esa orden? - inquirí molesto.

- Ya estoy grande, no necesito que nadie me vigile de noche.

- No estoy de acuerdo, a veces llego tarde...

- Me gusta estar sola.

- Es peligroso.

- Hay un guardia en el pasaje y tenemos un perro.

 

Las cosas continuaron extrañas. Ahora cuando invitaba a alguna amiga a tomar un café, se encargaba de merodear y hacer ruidos extraños a través de los tabiques. Justo cuando comenzaba a tener deseos de conocer a otras mujeres. Una vez le di un timorato beso a una compañera de trabajo en el sofá. Era una mujer fresca, madura y dulce. Cuando estaba despegando mis labios de los de ella vi el ojo de mi hija en medio de una ranura de la pared. Era un ojo cíclope. Contuve el grito de espanto e inventé una excusa para llevar de vuelta a mi invitada a su casa.

Teresa se vestía distinto, se maquillaba de modo exagerado. Si llegaba a casa vestida de escolar cuando yo estaba ahí, corría por los pasillos a cambiarse de ropa. Aparecía arreglada en la sala de estar. No sé cuándo ni con quién aprendió a delinearse los ojos, a rellenar sus labios con capas de colores hasta dejarlos entre abiertos. De todos modos su ropa infantil, su cuerpo de niña se veían algo grotescos en esa máscara de adulta. Pasaba por mi lado rozándome, se sentaba en mis rodillas cuando leía el diario y acomodaba sus caderas entre las mías. No sabía cómo manejar la situación, era una niña, era mi hija.

- ¿Qué quieres?- le dije un día molesto.

- Nada, verme bonita, bonita para ti.

- No me gusta que te pintes tanto.

- Como tú quieras. - Caminó indiferente a su pieza.

Esa noche regresé tarde, intentaba retomar el romance con mi compañera de trabajo y salimos a tomar algo. Había sido una linda noche. Algo mareado me senté en la cama y ahí estaba Teresa, con una camisa ligera, el pelo escarmenado, la cara limpia y perfumada.

- Te extrañaba.

- Sí, yo también, pero es tarde. Anda a tu pieza. - dije con la cabeza entre las manos.

- No puedo dormir.

- Sí puedes, sino lee un libro.

- No puedo.

- ¿Qué es lo que quieres?

- Dormir contigo.

- Las hijas no duermen con sus padres. Tienes tu pieza, tu cama.

- No quiero dormir sola.

- Está bien. Quédate por esta vez.

Me acosté en un borde de la cama, cuidando no tocarla. Le di la espalda. Me dio la impresión que no cerró los ojos en toda la noche. Al despertar giré y ahí estaban sus pupilas abiertas, fatigadas, fijas en mí. Me afeité pensando una serie de cosas. Y ella seguía observándome desde el canto de la puerta, todavía en su camisa de dormir, acariciándose un mechón de pelo.

- ¿Qué pasa?

- Nada, me gusta ver cómo te afeitas.

- Es muy aburrido.

- No, me gusta mirar cómo estiras el cuello, cómo arqueas las cejas; ladeas la cara y pasas la navaja.

- ¿Vas hoy a clases, verdad?- pregunté inquisitivo.

- No, comenzaron las vacaciones. No tengo clases hasta marzo.

- ¿Y qué piensas hacer todo ese tiempo? ¿Quieres tomar alguna clase? Dime y te acompaño. Saldremos de vacaciones unas semanas a fines de febrero.

 

Era absurdo pero me sentía acosado por mi propia hija. Me la imaginaba como un animal en celo que no distinguía a su presa. Se arrastraba por las paredes con el pelaje erizado, el hocico húmedo, las orejas caídas. Cómo decirle sin ofenderla que se buscara un muchacho, un novio. Sus signos corporales de lascivia me angustiaban. Se subía la falda, se agachaba a tirar la basura dejando a la vista sus pequeños calzones. Ahora usaba sostenes y se los acomodaba frente a mí. Era una hembra, desperdigando hormonas por la casa. Marcando su territorio y cercándome a mí dentro de él. No sé si era bueno o malo, pero Teresa no se parecía en nada a mi ex mujer. Es más, era una versión femenina de mi rostro anguloso. Una vez escuché que estuvo horas revolviendo cosas en el entretecho. Al día siguiente me esperaba vestida con ropa de su madre. Reconozco con pudor que la imagen me perturbó tanto que la abofeteé. Quedó estupefacta con su mejilla magullada y sus ojos muy abiertos. Salí a tomar aire y regresé cuando estaba dormida sobre la cama tras un evidente ataque de llanto.

 

El verano transcurrió pesado, mientras ella se abocaba a una misteriosa investigación. Navegaba horas y horas en la red imprimiendo documentos, saltando de un sitio a otro. Los noticieros mostraban cómo el poder judicial anunciaba sobreseídos al senador, al empresario, al cura. Todos pidiendo libertad provisional, dejando sus causas amparadas bajo la inercia estival. Todos apelando a su inocencia, a la confusión de sus gestos cariñosos. Porque el político defensor de los menores, el cura consagrado al cuidado de los niños y el empresario caritativo habían hecho tanto por los niños en riesgo social. Entonces cómo explicarse lo de los niños con los genitales desfigurados. Cierta noche mirábamos la entrevista realizada a uno de los supuestos pederastas. Al ser consultado si tuvo sexo con una lista de menores en la que se detallaban iniciales y edades, el inculpado respondió con displicencia: "Sí, con todos los que se ha mencionado". Y agregó: "Yo era una persona tremendamente sola en esa época, y de alguna manera pagaba servicios para estar acompañado". Teresa musitó entre dientes con terror una frase que nunca olvidaré:

- Vámonos, antes que lleguen aquí.

No era fácil escapar. Yo seguía trabajando en reemplazo de que quienes iban saliendo de vacaciones en una oficina de propiedades y no lograba hacer dinero extra. Para mi turno un compañero solidarizó prestándome una cabaña en una playa no muy frecuentada. No logré que Teresa invitara a alguna amiga pese a mi insistencia. Llegamos a una modesta casita en medio de un bosque de pinos. En su interior había una silla en la esquina, una cama dividiendo la pieza en dos, un armario de madera con las puertas medio abiertas y un gran espejo colgando de la pared. Ya en la tarde Teresa había ordenado todo a su manera, saturando los cajones con poleras mal dobladas y ropa de invierno. Había venido para quedarse. En ese momento recorrí la habitación buscando una salida pero ya era tarde.

Esa noche no fui capaz de esquivar su seducción. Nos hundimos en el colchón. Yo sobre ella mirando esos ojos grises, que eran mis ojos grises. Mientras la besaba sentía que me estaba besando a mí mismo. Me estaba acariciando en los huesos marcados, estaba chocando contra mi propia nariz aguileña, calcando mi frente estrecha. Envidiaba en ella su juventud y su feminidad. Las palmas más suaves que las mías, tenía miedo y no tenía; tenía más miedo del que creía tener. Una pierna dormida se escapó en medio de un crujido de huesos, y ella me decía "ven, más, más cerca". De pronto miré la masa amorfa de nuestros cuerpos en el espejo de la pared. Me vi con las cuencas de los ojos vacías. Lancé un zapato para destruir la imagen pero no nuestro abrazo. Trozos de cristal quebrado en mil partes. Pedazos irregulares, vidrio molido esparcido entre las caricias. No más testigos, ni el azogue ciego. Ahora el secreto estaba por escribirse dentro del espejo.

Cuando tenía sexo con Teresa ella no era mi hija, era otra persona. Yo no era su padre, era un hombre que deseaba esa piel joven y dócil. Un hombre abocado a la tarea de hacer madurar este cuerpo ambiguo, entre infantil y adulto. Un escultor dedicado a cincelar su imperfecta figura, sus parciales miembros, sus extremidades toscas. Me esmeraba en hacer adelgazar su cintura, oscurecer su pubis, estilizar la curva del cuello, contornear sus pantorrillas. Quería sacar toda la mujer que había en esta púber en ciernes. No, no era mi hija, era la misión plástica de amoldar sus senos puntiagudos, de dotar de sensualidad sus estrechas caderas, sus movimientos torpes. Dejar atrás todo el espanto de la infancia e inaugurar pensamientos y gestos sofisticados. Ignoro qué pensaba ella, tal vez en acentuar los pliegues de mis ojos, revitalizar mi piel fatigada, reducir mi abdomen abultado.

Un día Teresa me entregó un dibujo: un árbol verde con un ancho tronco de gruesa corteza. Pensé que se trataba de los últimos resabios de su niñez. Pero cuando me puse los lentes y observé los detalles entendí lo que estaba tramando. Era un árbol frondoso, de un solo tronco desde el cual se desprendían muchas ramas de las que, a su vez, salían más ramas. En cada rama aparecía un cuadrado, con un nombre masculino en su interior, y un círculo con un nombre femenino. Las figuras geométricas se iban multiplicando en forma exponencial en las cuatro generaciones esbozadas.

- ¿Qué significa esto?

- Nuestro clan. Nosotros estamos en la base.

Miré su nombre y el mío en la figura correspondiente. Después la escuché. Teresa me sermoneaba citando la Biblia, afirmando que en un principio de todo fue el incesto. La sociedad comienza en una pareja fundante que procrea y que para dar paso a la sociedad debe transgredirse. El padre o la madre, según sea hijo o hija, deberán dormir con su procreado y engendrar un nuevo hijo o hija. Es un gesto necesario para que nazca una nueva sociedad.

- Una nueva sociedad... -musité

- Sí. Una nueva especie a partir de nosotros. Serás el padre y el abuelo de nuestra criatura. Es la maldición del origen pero es para un futuro mejor.

- ¿Y después?- pregunté entre confundido y absorto.

- Otro hijo, hasta dar con la niña o el niño que necesitemos para multiplicar esta nueva red de personas. Es un requisito de sobrevivencia. Hay que romper el triángulo y formar el cuarteto que seguirá fracturándose en nuevas formas geométricas. Dos hermanos originales copularán para dar paso a nuevos hijos que se multiplicarán sin distinguir tíos, primos, hermanos y sobrinos.

- Cállate, sólo tienes quince años.

- Pero he leído demasiado.

La secuencia argumental que encadenaba sus ideas me puso la piel de gallina. Había estudiado todos los factores. La consistencia de su plan me dejaba mudo.

- Nacerán todos enfermos, deformes, retrasados. ¿Esa es la nueva sociedad que quieres formar?- Atiné a decir.

Me miró furiosa a los ojos y aseveró.

- Son mitos, la endogamia no es necesariamente perjudicial para la herencia genética: aunque reduce la variabilidad, potencia características positivas. - Tomó el dibujo y habló más, no prestando atención a mi indocto juicio.

- Cada vez que tengamos un hijo, se ramificará el árbol y se hará más y más grande.

Mi hija encerrada en esa cabaña, vestida de paredes. Intento descifrar el mensaje de sus labios. No es una chica para esperar príncipes azules. Acerca su frente cubierta de sudor a la mía, las aletas de su nariz tiemblan. Se monta sobre mí, me fuerza las piernas. Con la boca casi pegada a la oreja encaja palabras febriles acerca de su plan: "más savia para los nuevos brotes". Su lengua sedienta por convocar nombres propios: Sebastianes, Carolinas, Ximenas, Claudios; un árbol genealógico con apellidos que se anulan unos a otros porque todos son Espinoza Espinoza. Yo, mil veces nacido en mis hijos, en mis nietos, sobrinos, primos. Su útero joven desinvernaría un feto cada nueve meses. Días cocidos a la espera de más niños. Y para ese entonces al hombre, tres veces tu edad, dos veces tu cuerpo, sangre de tu sangre; ya no le importaba mirarte largo a los ojos y detenerse en tu boca.

No regresamos a Santiago, armamos nuestro mundo ahí, un día miré a Teresa y era lógica la causa de su aumento de peso, de la curvatura de su pelvis. Esperamos a la criatura en paz, caminando entre cipreses y pinos alzando la vista hasta sus copas. Ella tomaba sol en una improvisada terraza mientras aumentaba el diámetro de su figura. Yo bajaba una vez a la semana al pueblo en busca de víveres. A veces compraba el diario y seguía el caso de los políticos, de los senadores, de los curas. Respiraba aliviado al estar lejos de todo eso. Pero no lo niego, "¿dónde queda la ciudad?", es la pregunta que temo mi hija pronunciará alguna vez en forma de soplido. Por ahora, pienso en el follaje, en esta vida bajo los árboles, contando las hojas perennes, acariciando las raíces añosas, cortando madera para el invierno. Presagiando cuándo las ramas que afirman este tronco dejarán que se quiebre en dos.

 


 

© Andrea Jeftanovic

De La Siega, la enciclopedia libre.

 

De la Premura y la Estolidez Ortopédica

De la Premura y la Estolidez Ortopédica

 

Breve oleaje de mujer

 

Tu llanto descalzo duerme

En la noche de mis aéreos caracoles,

En tu desabrochado sexo enmudecido

En esta estéril playa blanca, mientras alimento a mis aves dedos con

Tus granos de carne, con tus libertinos peces...

 

Tu breve oleaje de cabellos,

Ametrallan a mis caracoles besos

Náufragos en tu cuerpo,

Estos salvajes caracoles rojos

Estos viles Ulises de ahora que buscan  pescar

Dos malditas mariposas que siempre huyen del polen floral

De  un necio beso.

 

Galopando hacia al sur...al jardín interfecto,

A la profundidad de otro beso, de otros labios

De cementerios de tibios cadáveres,

 Un panteón de noches que ensayan sus versos en nuestros

  gemidos a la nada que nos recorre...y tu sólo has visto pasar entre

La curvatura de voz, solo a 11 dromedarios Ulises

Ella llora, sabe que para morir e ir al colegio

Hay que levantarse temprano...

 

Asesino de agrios peces de melancolía

 

 Sus labios a mi orilla

La mujer prematura de estolidez  ortopédica

Desnuda y loca va comiendo mis peces agrios de melancolía

Varado en un cuerpo de mujer

La rutina es una niña otra vez en un día

Anclada entre el treinta y cinco agosto de mis brazos,

Deshojada la flor negra de su onceavo otoño,

Ella juega con mis huesos

Los va tejiendo de travesuras haciendo ostias de locuras

Con la curvatura de su lengua en mis irónicos sexos

Preocupada viste el traje suicida que la convierte en asesina

De esta nada, esta rutina que tiene por ojos dos centinelas niños

De huesos e invento de mujer

 El mar dobla sus labios a mi orilla

Y la rutina es otra vez un día que no sana...

 

 

 

 

Sólo una isla; un océano de mujer

 

Sólo un café

 Un negro río

Un caracol aéreo...

Naufrago en un océano de incertidumbre

Comiendo peces agrios de melancolía

Mirando pasar barcos de lujuria en la infancia de sus ojos...

La soledad desnuda y loca pasa gritando su noviazgo

Con un apetecible cuerpo de gemebunda mujer

Sus lágrimas se convierten en islas y sus islas en gemidos...

 

Alejandro Mauthino Guillén

 

Chiquita mía...

Chiquita mía...

 

CHIQUITA MIA


Me encanta sentirte así chiquita mía, desvariación
entre lanuda y lampiña
Única en tu especie, con tus ansias salvajes, o cuando
simplemente prefieres reprimirte y me ruegas que te
sepulte entre mis piernas
No sabes cuánto te cuido, cuanto te amo, lavo, te
exprimo, te acaricio, te arrullo por dentro...
En mi dualidad de deseos así también cuantas veces no
quise profanarte, venderte, castrarte...
Pero sin embargo aun te conservo intacta, dolida,
sollozante
Perdóname chiquita mía por ponerte siempre en peligro
de la erección de un pene punzante y mi tacto te
consolará, te dejaré mis dedos como símbolo de
abstinencia, te embriagaré con néctar de doncellas.

 

 

 

 

ENARDECISTE MI INOCENCIA


Mi primer beso lo llevas impregnado en tus labios, tu
saliva efervescente derretía mi lengua dentro de tu
bocal mis manos mutiladas se cicatrizaron al contacto
de tus glúteos, cabiendo tú mismo desaparecíamos del
mundo...
Cuando me inundabas de placer en tu bañera llena de
juguetes y yo rogándole a dios que nos ahogáramos
juntas para siempre...
Enardeciste esta flor silvestre, te llevaste mi
clítoris entre tus manos, saciaste tus ansias de niña
traviesa en mi carne estéril, imitabas a tus padres
conmigo en la cama cuando nadie nos veía cuando no
había ni insultos ni heridas, a donde se habrá ido
nuestros juegos mi querida ninfa
Y dime quien ahora enardecerá mi lasciva androgeneidad...

 

Tamara Pin Acosta

 

Laleshka en el tranvía

Laleshka en el tranvía

 

Tantas esperas para olvidar.

 

es un día ruidoso, con calor, como si fuera el verano de allá arriba; poco viento, mosquitos y tanta gente, tanta; parece domingo, y quizá lo sea; la desventura de esos cristianos que calmados salen de la misa parece decirlo. domingo.

hay otros como nosotros, se paran en la verma a circundar el pavimento, a nuestro lado, esperando un bus.

uno que vaya al callao o a campoy, a comas, en realidad donde sea.

papá me lleva en brazos, esos que tienen olor a cigarros, a tierra, siento su larga mano ocupar todo mi trasero por encima de mi calzón de rayitas.

mi hendidura limpia se asoma por un lado de la basta, la siento a la intemperie porque un aire fresco, extraño y rico la roza; a mi papi lo aprieto con todas mis fuerzas contra mi cuerpo que su cabeza abarca la mitad, lo beso en la barba que es negra y pica, mi papi... él me mira y me dice eres la más bella de todas. él sonríe grande. se le ha quedado una hojita de perejil luego del menú metida entre los dientes, menú en el triciclo, me besa, y mi cabello es corto, muere antes de llegar a las orejas, y tengo su nariz y su frente, me parezco a él y lo amo, mucho mucho; mi papi es un gigante al que le faltan tres dientes.

tiene una voz distinta conmigo, cariñosa conmigo. es como está que ahora utiliza para preguntarme si estoy bien, sí le respondo, con la cabeza, solamente; cuando les habla a ellos es distinta, cuando les dice que mi mamá nos abandonó y que él es bueno con nosotros, sus tres hijitos, que trabaja así porque no hay otra manera, no hay trabajo, la situación: ustedes saben, pero no crean que vengo con las manos vacías; y todo lo demás; saca la bolsa brillosa y vamos los cuatro, yo siempre en brazos, Juan y Jair a pie hacen malabares para no caer entre las hileras de asientos sucios en busca de los que quieren colaborar con nosotros cuando se animan y nos compran tofees de diez que mi papi sabe ofrecer con arte.

tengo calor. y seis años hermosos. hace calor.

me  mira pero sin ganas, parece tan cansado, lleva mucho tiempo parado en esta esquina sosteniéndome, pedazo de cuidad inmunda, ella nos carga a los dos. las personas nos miran con detenimiento y se apartan. pobres.

no saben lo feliz que somos. si lo supieran no nos mirarían de esa manera mala hasta que se pierden entre las otras gentes cuando te subes al micro y partes, voltean como si les fuéramos hacer mal; él a mí nunca me hace mal, mi papi y yo no les hacemos caso porque él me quiere y eso basta por ahora queriendo yo que sea por  siempre. me la paso pidiendo a diosito larga vida para él, mi primate favorito.

mis piernitas cuelgan, apunto de morir están; merodean eso que nunca he visto pero aprendo a saber será importante manipular, no lo he visto, no, no importa; escabullo mi cabeza entre su cuello y su hombro, la camisa tiene un olor duro, irritante que provoca más calor y sudor; dentro de su barba también me escabullo; me acurruco bien dándole miles de besitos; como en las novelas cierro mis ojos. su oído es salado.

siempre tiernos jugando así. en la casa, de noche.

sólo que ahora él no sonríe ni respira rápido ni me echa mano, ahora no por más que muerdo lento su pellejo y le pateo ahí abajo con cariño; más bien se pierde como en otro mundo pero con la mirada alerta a un espacio vacío, derrotando a cualquier intruso que murmure si gira y lo encara. me tiene bien agarrada aquí arriba donde me siento tan grande como ellos: irremediablemente preciosa, mujer .

papá dice que cuando crezca se casará conmigo y que viviremos juntos en un reino que queda lejos, (¿has visto Shrek 2?) eso dice, entre caballos y castillos medio-medio... no sé qué; ahí seré la, su Princesa, nos iremos donde nadie joda...eso dice; seré como esa que le concede el éxtasis, la poesía, de la pasta bendita, dice, entre risas bellas, arrebatado.

la mujer de sus cuentos en los bares, los de la cárcel donde estuvo dicen y a mí no me importa.

mi papá me enseñó a leer, la señorita nunca pudo pero él sí, el amor lo puede todo; aunque te cuento esa especie de inteligencia para la lectura sólo funciona cuando me sienta encima del cómodo sillón que hace con su cuerpo y sus piernas cruzadas mientras me acaricia la espalda de punta a punta  repitiendo la palabra GATITA; también arrastra sus manos sofocadas por la cabeza, revuelve mi pelo chico; después abre el cuaderno sucio que él mismo escribe. pregunta ¿quieres escuchar?, cómo decir no si lo amo; ayer ahí decía: Me pajeaba sin dolor y menos  pena en las noches que flotaba el llanto viejo / el hechizo era mudo, ciego en la alborada / sucumbía por sentir los pliegues pegajosos y  helados/ Terminado el encuentro conmigo me volteaba para mirar la oscuridad de la pared del pulpo salvaje / masturbación en alegoría al soliloquio contigo mujer. / El pisco con pastillas se complementaron, las últimas tres tardes de Bienvenido Granda / con tu primer consuelo volví del otro lado. / Lluvia de millones / media madrugada y nadie despierto / sólo los perros y la conciencia / .. terminado el encuentro me volteaba para mirar la oscuridad de la pared del elefante.

no entiendo .

me bañará cuando volvamos. se vuelve hacia mí y me da un besito en la boca. es como rayo esta vez, rápido, seco, y no quiero que sea así, yo me pongo triste porque quisiera uno largo, jugoso, caliente con su lengua peleando con la mía como fieras, con movimientos calculados; esos, esos besitos son el premio que me da cuando ordeno a victoria y a antonella, mis dos muñecas grises algo descocidas en la caja de leche donde también guardo la pelota correctamente.

sus cabellos están sucios, trato de peinarlo con mis dedos, sus mechones caen sin soltura, hemos salido temprano y por eso no los ha lavado con el jabón de ropa verde que duerme en el patio .

pantalones chorreados y zapatillas azules, podría hacer que lo quiera cualquiera, en las esquinas de su boquita se le junta espuma blanca en pequeñas cantidades, sudamos; él es un señor que habla poco y que busca en la cartera de mi mamá para sacar plata, luego de eso desaparece como en la magia hasta tres días, cuando aparece no es el mismo, todo tembleque y hambriento sin camisa ni casaca, con raspones pero sé, él ha ganado; ella le reclama mucho; yo no reclamaría.

ella es la que borra mis besitos, mis caricias en el baño cuando se bañan mientras finjo no saber qué hacen ahí adentro; yo con antonella, afuera, junto al sauce espero con  angustia, con rabia, con mucha tristeza que terminen de echarse los baldazos y salgan felices de una vez por todas .

la salida de ellos mojados llega a ser muy dolorosa para mí. enamorados de nuevo y para no aguar el domingo ella  tiene que borrar  de la memoria las patadas del sábado, haciendo eso ya no dolerán.

mamá sale a trabajar muy rosa y violeta, muy de noche, muy cansada dice; se va con dos faldas y lentes oscuros grandotes para la luz de la  mañana, a mí me gusta bailar.

me escurro bajo la frazada, hago como si durmiera. en verdad hay fastidio porque no me meto a esos chorros de agua con ellos: las dos y él sería lo justo, ella arriba yo abajo empapándolo de jabón o champú esa sería decisión de mi papá; no pasa así... le tengo terror a ese cuarto decapitado, pero aunque de entre los mojones largos de la taza salieran las ratas entraría ahí con ellos.

mi mamá cuenta de mi papi que hubo un tiempo en que fue hermoso pero en el que también hacía casas, cuenta mi mamá.

la última que hizo fue ésta desde donde escribo mi carta que guardo en este cuaderno, quiero hacer miles como papi, que las tiene guardadas con tinta indeleble, y que nunca las leerán, dice.

es un lugar bonito: dos cuartos, un baño y una cocina donde duerme rambo, alaska y el chavo , los perros.

queda a orillas de donde empieza la ciudad, o donde termina... por lo menos es uno de los linderos que encierra todo este territorio macabro que habitan, abajo. la casa queda en la estepa  polvorosa, alejada; a veces pienso que por eso papi le rompe la cabeza o las cejas a mi mamá, por eso; ella nos trajo a vivir aquí porque lo compró por nosotros, para esta su familia bien aburrida y sucia,  para que nadie nos bote, para tener algo nuestro, para que nadie se ría por no tener dónde caer muertos; eso dice cuando llega borracha y empolvada con el colorete desparramado por los tantos besos de sabe el demonio quién;  nos abraza a los tres y llora, llora miles de horas hasta que se duerme, como magdalena dice papi, no conozco a magdalena.

se duerme y papá luego llega más borracho y todo es caos, una tremenda desolación se instala en los cuartos. hasta las chicas súper poderosas salen corriendo de la tele.

parece que a él sólo le gusta cuando es noche en este lugar, cuando hay  frío y  fumar ese cigarrito en la puerta sentado en su mecedora de mimbre envuelto en una capa negra de paciencia y silencio es placentero; fuma hasta dominarlo todo viendo cómo zigzaguean las luces de los autos allá abajo, tan abajo que parecen una sola gran farola.

fuma hasta dominarlo todo: a mamá, a mis hermanos, a él, al recuerdo de esa posible niñez que espero haya  sido bonita como la mía; a mí.

y es a mí a quien arrastra a esa pena, a ese pozo, nos acomodamos bien.

yo reposaré en la unión de sus piernas que es lugar preciso en donde se puede sentir el punzón caliente mojando mi piel hasta dejarla sí, bastante tersa, extrañamente embarrada de algo que nunca he podido ver porque es un secreto; así es y será, ni la puta de mi mamá ni mis amiguitas, victoria y antonella, lo saben, ni decirles cómo tiembla mi corazón cuando me resbalo por ahí, en su pecho y en la unión de sus piernas, siento cosas ahí dentro con esa mezcla de amor  y terror, o simplemente cuando me dice eres mi amor de esa manera violenta. yo lo miro y le digo que me haga lo mismo que yo veo en la tele todos los días al mediodía, que haga eso, eso que los papás que quieren mucho mucho a sus hijitas hacen, que las abrazan y besan y les dan  su amor de hombre por su cosita: entra nomás.

él se ríe y me dice todo tiene su tiempo hijita, su orden; creo que se burla también de mí, y yo no le creo porque quiere más a mi mamá que a mí, dice que no, , no mamita... no le hago caso, salgo de ahí molesta, de ese rincón caliente y tieso salgo;  lo dejo en la puerta respirando la noche y la ciudad, abro la cortina del cuarto mío y de los otros dos y lloro, como si fuera niña y si no estuviera esa él vendría, me besaría la espalda consolándome. pero ella está en el cuarto, su nombre es z para los amigos pero 9 para nosotros; entonces se irá con ella, se va.  a besarla  mientras yo me quedo quieta porque así escucho mejor la  alegría  con que manda sus alaridos a mis oídos la barata esa, carcajadas y bastantes  te adoro Juani  mientras un sonido de carnes fofas y chocantes que algún día sabré hacer también se puede escuchar nítidamente, y la sombra lejana en la pared, muestra contorsiones salvajes que algún día haré para él... la estera mueve el foco y los tarros de leche vacíos que están encima del ropero que sostiene la dichosa estera divisoria, todo se vuelve telúrico. en mi estómago y en mi corazón también.

sin embargo siento que apartan al pony de la cabecera, que hunden los resortes del pequeño colchón, que un silbido salido del  pecho afiebrado así como cuando me da la tos se acerca .

es papi para las buenas noches, yo volteo, su diente  aún no sale y es porque somos iguales, a mí tampoco me sale el de adelante.

es lo único que falta para ser princesa, se lo digo, dice que sí; me besa la espalda, mi poto, mis manos; rueda una lágrima por su mejilla chuceada por cosas que no sabe explicar. dice que quiere a mi mamá pero le pega, le orina la comida, yo la verdad no lo entiendo a ese hombre, es un rayado; a mis hermanos los deja sin comida, también les saca la mierda, pero de alma después les pide disculpas para más tarde volver con más fuerza y caerles, no compra helados cuando a trabajar sólo va con ellos , a mi sí me compra bastantes, todos los que quiera... también dice que los quiere pero no entiendo por qué  si ellos no son sus hijos hijos, como yo, que sí salí de sus huevos de oro.

veo sus cabezas desde esta posición, los otros niños son nada, ellos tan menos cuando yo, tan querida y sudada arriba sin que mamá esté haciéndome moños ni piruetas como mono. meto mi dedito en un huequito de la pared poniendo mi atención en lo redondo que está: profundo y seco también, je... nada parecido con el que papito ha encontrado en este paradero abarrotado bajo mi faldita azul hace rato, ese lo ha de sentir suave como el algodón. tal vez cuando tenga un triángulo peludo como el de mi mamá podré gritar de alegría y tumbar las paredes de ese infierno con foco y todo,  quizás hasta entonces porque ahora me duele eso que papi suele llamar Perforación, mi papito es un cague de risa cuando se lo propone. y
siento  una sombra de miedo, de soledad ante tanto; mas cierro los ojos  para aguantar  mientras ambos escarbamos  esos orificios disecados.

suena una bocina de carro pesado y viejo, ahora los veo a todos inocentes, amargados por los vidrios de las ventanas de la 43, si vinieran a tirar con nosotros... entonces pasa que al fin desaparecen, de pronto se los traga el calor y el aire rancio a los de adentro y a los de afuera, se vuelven inexistentes como sus voces y sus movimientos, sus miradas  nos lo dicen: ya no están ni para ellos mismos.

yo sí estoy aquí, en el ultimo paradero escuchando a mi papi pedir permiso para subir a vender, me coge bien, yo me aprieto a él del cuello como xina, la princesa guerrera, estamos escuchando todos los distritos en el estruendo del cobrador y la resignación del chofer sucio que dice que suban, subimos pues,  y con papi que parece saberlo porque  su lengüita  se movió  un ratito pero ya no; ahora soy yo quien la juguetea a un papá que se pone amarillo mientras mira a todos lados y apenas deja caer el telón de sus ojos para quererme un segundo, dejando  también los caramelos, las agujas, los tofees, ¡cuatro soles! regados en una pista calcinada, llena de palabras africanas.

 

jimmy britto

De: Enfermedad Africana (2007).

 

Laura

Laura

 

Cuando todas las habitaciones de la casa quedan vacías y los sonidos se extinguen, puedo amar por fin a Laura. Es un ritual que me he acostumbrado a esperar con cautela, sabiendo que con un poco de calma tendré las circunstancias y el clima adecuados para nosotros, sin temores ni sobresaltos. Sólo cuando todos se han marchado, cuando la última luz se apaga y estoy seguro de que nadie nos oye, puedo entregarme sin miedo al amor absorto de Laura.

Hay, sin embargo, días en que las cosas no resultan como yo quisiera. Los eventos se suceden con una exasperante lentitud, ocurren uno tras otro los imprevistos más descabellados, y finalmente termino renunciando a su amor hasta una próxima ocasión, derrotado por las insospechadas arbitrariedades del azar. Otras tardes, en cambio, los acontecimientos transcurren con tal precisión que parecen responder a la ansiedad de mi deseo: como si los planeara, los sucesos se vuelven propicios y el ambiente alrededor se diluye hasta que sólo quedamos nosotros dos, y generalmente éstos son nuestros encuentros más felices, los más duraderos, los únicos que quisiera recordar...

(Para leer todo el cuento, hacer click aquí).

Miguel Ruiz Effio 

 

MORRIA - Visión de un pederasta

MORRIA - Visión de un pederasta

 

me pierdo en la definiciòn de la palabra definiciòn, en la palabra aporte..... soy instintivo..... sentì el poema..... busquè su definiciòn..... ensoñè.....el aporte es la existencia.... a veces resistir........ bajo la frase que ora asì-  "la ciencia de hoy serà la supersticiòn del mañana" ...........recordè años infantiles......soy fanàtico de los diccionarios.........recuerdos infantiles...fui el objeto.......no el victimario......pero, como varòn, no baròn, hombre y fèmino...... para mi fue aprendizaje y no tragedia........ventajas del gènero...... abur y/o agor, mi estimado diantre.......... el ex fèlix mèndez........siempre olvido.... siempre era.... 

 

MORRIA
un sueño infantil
cadalso de entrepiernas
tan pequeña como los brazos del verdugo 
la comunión de las fauces,  el hocico y sus pequeños labios
 pide al hastío,  a la ostia y al mendigo de carne
                                              
(Del gr. παιδεραστα).
 Abuso sexual cometido con niños.
sodomía

 
parda hija de las tinieblas. Yo era niño. Me hizo tal cual ella
(Del gr. πας, παιδς, niño, y -filia).
 Atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes.
Lolita, carne virgen y erótica
estupro entre cuentos infantiles
caperucita, lobo feroz, el tercer cerdito era ella, era yo
cualquier detalle se trasluce a su andar.  A mi andar
virgen de mármol que se desangra
el racismo se hizo presente, prescindí de la de piel cobriza
como saltar la soga, como oca, como el tobogán
como pececillo que se adentra en  mi orfeón de carne
la culpa se disfraza de educación
bebe
razón de aya, de amo y aya, la hallo
en sus manitas, la línea erra, yo también erro
él errò
el  tibio tul se dispersa rojo
yo caigo.hallam
el crimen y el volver a nacer
ocultar bajo la carne  la sangre y  la mácula
como un fruto
sandía papaya
el manzano
la manzana era pequeñita
la oruguita traslucía su más tierna perversión
asisto
sin pecado concebido
un tierno rito de muerte e ignorancia
y de instinto
cubro con  legumbres el pequeñísimo cadáver
en un sueño infantil
como en un sueño infantil
porque quien cuan perfecto desató a los fantasma del alba
un grillo me acusará
da continyes of blu.
un grillo me acusarà
da continyes of grin.
  
                                     De Ágape De Espectros      (el ex félix méndez)

 

Esto no es un sueño

Esto no es un sueño

 

Quiero suicidarme. Así acabaría todo. La única vez que lo intenté, rompí el vaso contra el suelo. Las pastillas estaban disueltas. Me siento así: quebrada en pedazos.

 

Nadie me creería. Si yo misma me lo contara, tampoco.

Al verlo, con su corbata de seda, camisa y traje impecables... imposible. Su sonrisa, ojos azules, mirada tierna... pidiéndome que lo acaricie, lo bese, besándome, oliéndome, respirando su olor a lavanda mezclada con mierda; sintiendo su barba rasparme la cara, el cuello, el pecho, la barriga... Veo cómo empieza a transformarse, a respirar como un animal encima de mí, quitándome la ropa lentamente o arrancándomela cuando tiene prisa, sujetándome los brazos, mordiéndome los hombros, arañándome la espalda y pasando su lengua por todo mi cuerpo. Me hace sentir asqueada, sucia. Veo su felicidad: lo consiguió de nuevo.

(Para ver el cuento completo, hacer click aquí).  

Víctor Falcón Castro