Blogia

El Rincón del Diablo

EL FIN

EL FIN

Postrando mis barcos a los pies de un puerto
cuántas veces te he tenido, amor, a mi amparo.

Sobre mis rodillas
contemplé tu cuerpo blando, tu alma desnuda.

Consentiste que te quiera y te quise
como el delicado musgo aprieta la roca amada

Cuántas veces, ajena al giro del mundo,
sosegaste mi dolor de marino errante.

Tantas veces besando tu frente cóncava
te probé mi lealtad. Te quise mucho.

Y aún cuando un funesto día
la cúpula del mundo
fue asaltada por ejércitos de sombras,

no huí.

No supe que tenerte era el fin,
que nuestra feliz vida terminaba,
que la piedra no podría soportar más el arrebato del mar.

No volveríamos más a querernos
y uno de nosotros tuvo que seguir...

 

Azagar

 

AMAR Y ODIAR...

AMAR Y ODIAR...

TE HE AMADO

La noche me trae tu nombre
envuelto en un mechón de tus cabellos
me trae un beso de septiembre
una flor adormecida de sueño
el olor de tu cuerpo ardiente...

Aun vives en mi sábana
mi cuerpo es tu única morada
mi cuarto sabe las siluetas
de tu cuerpo desnudo
la longitud de tu fémur
la proporción de tus senos
la dimensión de tus besos...

Te he amado en mi cuarto triste
cuando todas mis penas bailaban
en el jolgorio de tu risa
te he amado en mi cama de poeta
en mi cielo, mi universo, en mi ilusión
te he amado mas allá de mi patio
más allá de mi puerta de mendigo...

 

HE DE ODIARTE


Porque buscas en mí lo que no has encontrado en otro cuerpo
y aumentas mi melancolía cada vez que te encuentro ausente

Porque navego en todo el espacio
buscando tu corazón perdido
y tropiezo con mi cadáver
tristemente enamorado

Porque cuando me besas
acaricias un recuerdo en tu mente
he de odiarte...

A la hora de cenar en invierno
al cortar el pan sobre la mesa
al pasar desapercibida mi sonrisa
al untar la mantequilla con dolor de alma
he de odiarte…

Cuando el café no me caliente el paladar
cuando juegues con mi cuerpo desnudo
y finjas derramar besos en mi pecho
cuando busques en mis ojos un poco de cariño
y tu lengua dibuje un nombre que no es el mío
he de odiarte…

Porque cuando digo que te amo
solo atinas abrir las piernas
y bendecir tu orgasmo
por la infidelidad de tus gemidos
he de odiarte
después de hacer el amor
por no amarme...
 

Anderson Arquero

 

 
 

CARGÁNDOTE COMO UNA LOBA HERIDA

CARGÁNDOTE COMO UNA LOBA HERIDA

  

Me arrodillo ante ti para besarte los pies

acariciando con mis mejillas tus tobillos,

como pequeñas gacelas de luz jugando en mis dedos,

una vez retiradas las flores de tus medias.

Acaricio y beso tus rodillas

cada cual compensada en su bella ubicación

dando inicio sacro a las formas redondeadas

de tus muslos como dos suaves caminos

a la luz rosada de tu profundidad

en el el gozo espiritual de oler y besar

tu ser en su estado natural.

Ah, el mar azul pálido en las olas de tus venas,

el cieno al costado de los ríos,

las flores que crecen solas y se amontonan

en dulce y oscuro rincón donde el sol llega a veces

a dormir su sueño de oro

como un vagabundo trasnochado.

Ahora quiero subir a tu ombligo

y alargar mis manos truncas

a coger las enloquecidas palomas de tus senos

aleteando para liberarse como aves independientes

arrancadas para mí.

Hasta que me llame tu boca desesperada

enredando nuestras lenguas en un fuego abrasador.

Ahora date la vuelta para oler tu nuca

el nido de dulzura detrás de tu oreja

donde la miel es fuego que quema mis labios

que tengo que refrescar, para sobrevivir,

en la cascada de tu espalda.

Hasta llegar a tu cintura, sujeta de mis manos,

doblada hacia abajo, cargándote como una loba herida

para mi cueva con propósitos impuros.

Besar ahí donde te abres como un higo maduro

y tomar agua perfumada en el hoyo detrás de tus rodillas

descendiendo al profundo jardín de tus talones

que soportan el dulce peso de tu cuerpo de mujer.

¡Sabia en tu sensualidad / en tu estudiada ingenuidad,

fuerza y dominio del encanto / sujetando las crines del amor,

pisoteando la sensatez!

 

Dante Lecca

 

LA VOZ DEL RELOJ

LA VOZ DEL RELOJ

es la voz del reloj
apareado en la grama
con tus piernas rocosas
germinadas sin semillas
de figura límpida
como rayos de nieve
estallados en tu vientre
como un cometa hambriento
en un cielo de ozono
es la voz del reloj
la que marca en tu historia
sus minutos
libidos
             desnudos
sellados
             sin transparencias
como un papiro esperma
buscando la vida
subiendo y bajando
ráfagas alternas
entre unos cuerpos
dedales
bizarros
circunferentes
piélagos
ecuestres

                  zorros

Eva Velásquez

enero / 2006

ETIMOLOGÍA DE MONTALVO

ETIMOLOGÍA DE MONTALVO

Yo me llamo Javier Montalvo, aunque mi nombre debería ser José, como mi “pata” Guillén. Porque José se llamó mi padre y Josefa mi mamá.
Nací en un pueblito de la sierra donde mi padre tenía un fundo ganadero. Eran mejores tiempos; yo tenía de todo y lo disfrutaba. Los niños del pueblo buscaban jugar conmigo, por los hermosos juguetes que tenía. Aunque a mí me gustaba jugar más con la tierra, en competencia, haciendo las ollitas. A montoncitos de tierra le hacíamos un hoyo utilizando el codo y ahí meábamos. También construíamos canales, túneles y carreteras.
Te das cuenta Guillén que yo digo siempre mear y no miccionar como alguna vez me corregiste. Para mí fue difícil aprender esa palabra. Pero recuerdo que mi profesor decía orinar, total con el apuro yo sigo diciendo mear.
Yo sólo asistí un año a la única escuelita que había en el pueblo. Mi madre no permitió que yo continuara, según ella, justificaba su decisión porque yo me llenaba de piojos jugando con mis amiguitos. Sin embargo, contrató los servicios de una profesora: Flavia Ruiz, para que acuda de lunes a jueves a dictarme clases en el fundo. Yo dejé de extrañar a mis compañeros de aula porque la profesora era bonita. Me sentí feliz mirándome en sus encantadores ojos. Pero esa dicha duró hasta que murió mi madre. En aquel año para mayor desgracia el Gobierno decretó la Ley de Reforma Agraria y nos fueron quitando las tierras.
Desde entonces yo iba con mi padre a todo lugar porque comenzó a comercializar con ganado. También caminaba con nosotros Ofelia, la única chola que quedó para el servicio de la casa. Era una chola bien empatada y tenía buenas tetas. Yo la vi de casualidad, una tarde, cuando se bañaba abajo en la quebrada, después de lavar la ropa y en la seguridad de sentirse sola. Entre las paletas de tuna me escondí. Ella amontonó las polleras sobre unas pencas y calatita se metió al pozo lentamente, porque sentía frío seguro, y el agua iba mojando sus nalgas.
Yo siempre fui malicioso y me di cuenta que mi padre estaba afanando a la chola. Cierto día ella dejó de decirle patrón y él la llevó a su cama.
Sabes Guillén al comienzo todas estas cosas me incomodaban, porque mi madre fue bonita y elegante. Aunque debo admitir que la chola tenía lo suyo.
Recuerdo una noche de luna llena, que nos hicimos tarde, el ómnibus nos dejó a filo de carretera. Mi padre y Ofelia subían conversando, por el corto camino que conduce a la casa. Parlaban como buenos amigos. Yo que durante el viaje estuve dormitando, los seguía con sueño. Estaba tan cansado que las palabras ya no las entendía pero me arrullaban. De pronto se detuvieron y Ofelia le dijo a mi padre: “Aguayta José el camino, no vaya a venir gente porque voy a mear en el cerco”.  
Hasta hoy me acuerdo Guillén, clarito escuché en el silencio de la noche, cuando la chola meaba. Con la luz de la luna alcancé a mirar entre las retamas el tremendo trasero de Ofelia. Porque debes saber Guillén que la chola tenía un reverendo culo. ¿Guillén está bien decir reverendo?
- Reverendo es un tratamiento que se le da a los religiosos, pero en sentido metafórico, podría estar bien.
Claro que te entiendo porque escucho que al cura del pueblo le dicen reverendo. Pero yo diría Guillén, que en este caso debe ser al contrario, porque el pobre tiene cara de culo… Bueno, te estaba diciendo que en mi pueblo, en aquellos tiempos, la vida era linda. Yo era ya un jovencito y en las fiestas del pueblo, acudía a la plaza de toros a lucir mis pantalones y botas vaqueras. ¡Ah! Guillén, tú me has dicho que mi apellido tiene origen español. Será por eso que me gustan las tardes taurinas, con toros de pura casta. Mi padre solía invitar almuerzos, en el fundo, a la cuadrilla completa de toreros españoles. En nuestro fundo se vivía, en todos sus rincones, el ambiente andaluz. Mi padre sacaba los discos de paso doble que tenía guardados en su baúl. A mí hasta se me pegaba el dejo. Observa Guillén, se contrae el abdomen, se quiebra la columna en esta parte y se infla el pecho.
Mira con mucha atención mis labios y cómo pongo la lengua. Ahora escucha: ¡Oye coño! ¡Pensad que ese toro obsequió mi pare!... Yo quería ser torero Guillén, para ponerme traje de luces y cautivar a las hembritas, pero… ahí está el pero. Meterme al ruedo y estar solo frente al toro de 450 kilos, ni de a vainas, ni estando loco.
Después vinieron malos tiempos Guillén, que las buenas amistades se fueron retirando. Yo creo que esta ingratitud más la pena y la impotencia de recuperar los terrenos, terminaron con la vida de mi padre. Yo me vine aquí a Chimbote en busca de chamba, cuando el apogeo de la pesca era el principal tema de conversación en mi pueblo.
Dos o tres veces hice el intento de salir a la mar. Era imposible, lo vomitaba todo y hasta creo que parte de mi hígado boté en esos intentos. Mucho tiempo estuve sin chamba. Caminaba todos los días como un condenado. Ya me estaba aburriendo hasta que surgió el “Miráculo”. ¿Sabes Guillén qué es el “Miráculo”? Ya veo que te quedaste en la luna, tú que todo lo sabes. ¿Y qué vas a saberlo?, si yo fui el que inventó el “Miráculo”. No Guillén, no es “Oráculo”… no se trata de rezarle a nadie.
Para el “Miráculo” hay que tener mucha técnica, mucha habilidad. Si no dominas el asunto, mejor no te inicies en este importante e interesante método contra el aburrimiento. Escucha con atención Guillén; el “Miráculo” consiste en evaluar el culo de todas las hembritas que pasan por tu lado, no interesa la carabina, que puede ser fea o bonita. Tienes que mirar bien y a la vez con disimulo, porque sino corres el riesgo de hacer el ridículo o te puedes ganar una buena gramputeada. No vale evaluar de lejos, porque te puedes quincear y resulta que das punto a lo que no sirve. ¡Ah! te aconsejo que cuando te cruces con una jermita, nunca voltees a mirar descaradamente, eso no es tener clase o calidad. En esos casos, dejas caer el llavero y regresas a recogerlo. Entonces ya tendrás mejor campo visual y calificarás sin riesgo. Si el cruce es sorpresivo, haces una mueca pronunciada de haberte olvidado algo e intentas regresar.
En días normales alcanzas a calificar de 30 á 40 culos, en una evaluación estricta. Pero cuando sales por la plaza de armas, por la avenida Pardo, por las tiendas comerciales del Centro de Chimbote, calificas de 100 a 120 metafóricos culos como tú dices, o reverendos como yo los miro. Ahora si acudes por la Academia Euclides, la cuenta aumenta. Sí Guillén, éste es mi maravilloso invento que te confío y, no te escandalices mirándome como a un bicho raro. El “Miráculo” no es ninguna morbosidad, ni nada por el estilo. ¿Qué crees que miran los distinguidos jurados en los certámenes de belleza? ¡los culos Guillén!, así como me escuchas, los reverendos culos. Al final dicen: El concurso ha sido “espectacular”, porque precisamente espectacular viene de la raíz: espectar, mirar o lookear culos. Te das cuenta Guillén como también tiro mi inglés “lookear culos”, la doble o suena como u, do lo contrario sería loquear, que ya eso es otra cosa que enturbia la razón. Y escucha que esta vez no digo “Chinear” que no es sino mirar chinas o “servilletas”. En mi nuevo status social y a mi edad, en mis pocos y breves momentos libres, sigo deleitándome con la práctica del “Miráculo”. Pero cuando salgo de paseo con María Elena, mi esposa, me olvido de este ameno pasatiempo.
Mi suegra no sale con nosotros porque a mí no me pasa. El problema surgió porque quería que su Elenita se case de blanco, con bombo y platillos. Pero a propósito de bombo, cuando vivíamos nuestro corto noviazgo, a la Elenita ya la tenía en “bombo”. Cuando se enteró de esto mi suegra, casi se le cae el cielo encima y desde entonces conmigo a la distancia. La vieja tenía su carácter y disponía de todos los asuntos de su casa. Trabajaba junto a mis cuñadas en el negocio de los perfumes o en cualquier cambalache. En cambio el chino, mi suegro, era más relajado. El viejo dormía hasta las 11 de la mañana que era despertado por una de sus hijas para que tome su infaltable jugo de papaya. Luego de asearse y perfumarse, como puta arrepentida, desayunaba con todas las de la ley. Después cogía algún libro que leía hasta las 6.30 de la noche, que era la hora de ir al Club Miramar a timbear y jugar casino hasta la madrugada. Sí Guillén, mi suegro al igual que tú leía un montón de libros. Él afirma que de los libros sacó el nombre de María Elena, que fue una mujer muy bella que al ser robada originó la guerra de Troya. ¿Oye Guillén la palabra Troya no es lisura? Bueno, eso no interesa, lo importante es que tras las vacas flacas vienen las gordas. Te digo esto Guillén porque gracias a las buenas amistades y a las excelentes relaciones, logré el trabajito de supervisor en la Mina Yanacocha. El sueldo es bueno pero el clima es jodido, en las noches compadrito te cagas de frío, yo trato de soportar el tiempo que me lleve dejarme ver por los jefes, luego ni cojudo, busco un lugar apropiado donde dormir. En los socavones la situación es más crítica porque los gases tóxicos joden los pulmones de los mineros y hasta se afirma que la contaminación llega hasta la ciudad de Cajamarca. Para contrarrestar yo tomaba bastante leche, pero ya debo estar mal del hígado, puesto que como te comentaba Guillén, en los intentos de querer salir en las lanchas de tanto vomitar me he quedado jodido. Ahora cada vez que hago esfuerzo de tomar leche, se me afloja en “hortensio”. ¿Qué esta palabra es grosera? Tú siempre dices palabras correctas, pero son difíciles. Debo decir: se me aflojó… el qué… esfínter. Qué tal pendejo eres Guillén… esfínter… esfínter… esto me suena a pieza de carro.

Pese a todo debo admitir que yo soy un hombre con suerte; estoy trabajando y puedo venir a ver a mi familia y practicar mi “Miráculo” cada vez que me toca un descanso largo. Pero te has puesto a pensar Guillén, y yo sé que te alegras porque soy tu “pata”, somos como quien dice “uña y mugre”, si es que yo viniera aquí a Chimbote como Jefe de FONCODES por ejemplo, de seguro que te daría una manito. Aunque dirás que estoy diciendo huevadas, puesto que no soy pariente del Presidente de la República, ni soy político. Pero a decir verdad Guillén, ya quisiera tener tu labia y tu conocimiento; te juro que ahorita ya sería Ministro o Asesor del Presidente. Pero tú, José Guillén, sales todos los días, con tu libro bajo el brazo, en busca del cachuelito. Yo sé que esta situación de mierda desespera y no hay cuerpo que lo aguante. Sigue leyendo tus libros Guillén y, si te aburres, practica el “Miráculo” que la situación muy pronto cambiará.  

Nvo. Chimbote, 24 de mayo de 2002

Leonidas Delgado León

 

 

EL OJO DEL GATO

EL OJO DEL GATO

Crecí muy solo, y desde que tengo memoria sentí angustia frente a todo lo sexual. Tenía cerca de 16 años cuando en la playa de X encontré una joven de mi edad, Simona. Nuestras relaciones se precipitaron porque nuestras familias guardaban un parentesco lejano. Tres días después de habernos conocido, Simona y yo nos encontramos solos en su quinta. Vestía un delantal negro con cuello blanco almidonado. Comencé a advertir que compartía conmigo la ansiedad que me producía verla, ansiedad mucho mayor ese día porque intuía que se encontraba completamente desnuda bajo su delantal.

Llevaba medias de seda negra que le subían por encima de las rodillas; pero aún n o había podido verle el culo (este nombre que Simona y yo empleamos siempre, es para mí el más hermoso de los nombres del sexo). Tenía la impresión de que si apartaba ligeramente su delantal por atrás, vería sus partes impúdicas sin ningún reparo.

En el rincón de un corredor había un plato con leche para el gato: “Los platos están hechos para sentarse”, me dijo Simona. “¿Apuestas a que me siento en el plato?” –“Apuesto a que no te atreves”, le respondí, casi sin aliento.

Hacia muchísimo calor. Simona colocó el plato sobre un pequeño banco, se instaló delante de mí y, sin separar sus ojos de los míos, se sentó sobre él sin que yo pudiera ver cómo empapaba sus nalgas ardientes en la leche fresca. Me quedé delante de ella, inmóvil; la sangre subía a mi cabeza, y mientras ella fijaba la vista en mi verga que erecta, distendía mis pantalones, yo temblaba.

Me acosté a sus pies sin que ella se moviese y por primera vez vi su carne “rosa y negra” que se refrescaba en la leche blanca. Permanecimos largo tiempo sin movernos, tan conmovidos el uno como el otro.

De repente se levantó y vi escurrir la leche a lo largo de sus piernas, sobre las medias. Se enjugó con un pañuelo, pausadamente, dejando alzado el pie, apoyado en el banco, por encima de mi cabeza y yo me froté vigorosamente la verga sobre la ropa, agitándome amorosamente por el suelo. El orgasmo nos llegó casi en el mismo instante sin que nos hubiésemos tocado; pero cuando su madre regresó, aproveché, mientras yo permanecía sentado y ella se echaba tiernamente en sus brazos, para levantarle por atrás el delantal sin que nadie lo notase y poner mi mano en su culo, entre sus dos ardientes muslos.

Regresé corriendo a mi casa, ávido de masturbarme de nuevo; y al día siguiente, por la noche, estaba tan ojeroso que Simona, después de haberme contemplado largo rato, escondió la cabeza en mi espalda y me dijo seriamente: “no quiero que te masturbes sin mí”.

Así empezaron entre la jovencita y yo relaciones tan cercanas y tan obligatorias que nos era casi imposible pasar una semana sin vernos. Y sin embargo, apenas hablábamos de ello. Comprendo que ella experimente los mismos sentimientos que yo cuando nos vemos, pero me es difícil describirlos.

MORIR

MORIR

Levanta el arma y me mira. Ahora, mi destino es más incierto. Debo hacerlo. Debe hacerlo. Él o cualquiera. Todos los objetos que observo a su alrededor son el arma con la cual me apunta. Él es mi asesino y el arma con la que me apunta es enormemente amenazante (con el tiempo pensaré lo contrario), increíblemente certera (veremos) y extrañamente atractiva (con el tiempo, también pensaré lo contrario). No me mira a los ojos, sino donde apunta. Tiemblo. Tiembla. Jadeo. Jadea. Siento el primer disparo, cierro automáticamente los ojos y me muerdo el labio inferior. Dolorosamente, sonrío. Después, sobre la sábana, la mítica sangre del fin de mi virginidad.

Leonel Giacometto

HOMENAJE AL POETA CHIMBOTANO JUAN OJEDA

HOMENAJE AL POETA CHIMBOTANO JUAN OJEDA

Por: Dante Lecca (*)

El escritor Danilo Sánchez Lihón se pregunta, con toda razón, en uno de sus escritos: “¿Hay, en todo el contexto de la poesía peruana actual, poesía de la calidad, de la magnitud, de la profundidad y de la estatura de la poesía de Juan? Entonces, ¿por qué el rezagamiento, la marginalidad, el anquilosamiento en que se le tuvo y se le tiene?”. De esta manera se refiere a la importancia, dentro de la literatura peruana, del poeta chimbotano Juan Ojeda, quien a pesar de la trascendencia de su obra todavía es conocida en círculos pequeños.

Pero ¿quién fue y quién es el poeta Juan Ojeda? Su biografía es breve pero profunda; y a pesar de su juventud, pues falleció a los 30 años, Juan Ojeda dejó algunos libros fundamentales: en poesía “Elogio de los navegantes”, “Ardiente sombra”, “Arte de navegar” y “Epístola dialéctica”; en ensayo “Escritura y modo de producción del texto”, y en cuento “La isla y otras exploraciones”. Luego de leer algunos de estos libros nos preguntamos ¿cuál fue la concepción poética que animó a Juan Ojeda?

En una entrevista que le hizo Oscar Colchado para la revista Alborada en 1974, él mismo se encarga de precisarnos que “la poesía, más allá de la simple articulación literaria que la funda como género, impone una forma de vida sobre la cual se alza la gravedad de la palabra. Es decir, existe un comportamiento humano cuya riqueza vital testimonia ese enclave de la expresión, esa rumorosa convocación del lenguaje como fiesta y como figura, lo cual entraña un despojarse de formas hasta acceder a un conocimiento esencial del mundo y los valores humanos”.

Para  Roger Santiváñez, la vida y la obra poética de Juan Ojeda están fusionadas dialécticamente en dos opiniones que él mismo enunció; en el sentido de que su poesía es un informe sobre la desintegración demencial que es la historia; y por otro lado, que la única certeza que enorgullece a la poesía es saber que la posibilidad de edificar el reino de lo humano depende del destino del proletariado. Ahora bien, cuando decimos “proletariado”, hablamos de los oprimidos en general y de las profundas motivaciones sociales e históricas que animaron a Juan Ojeda en su vocación poética, expresado en su admiración al poeta guerrillero Javier Heraud, a quien le dedicó su poema Ardiente Sombra.
En la entrevista concedida a Colchado meses antes de su muerte, Juan Ojeda dice profesar la estética marxista-leninista y al poeta Juan Cristóbal le manifiesta en otra oportunidad que le gustaría pasar El Capital de Carlos Marx a poesía; expresiones que de ninguna manera nos lleva a creer que se inclinaba por el facilismo de la poesía social, pues la suya está emparentada con la más fina expresión del arte literario, de aquellos escritores como Cesar Vallejo, Eguren o Martín Adán que se han entregado por completo a la creación estética. Lo que pasa es que Juan Ojeda, viniendo de una ciudad como Chimbote, donde se daban tantas transformaciones económico-sociales y viendo con sus propios ojos la injusticia, la explotación, la contaminación ambiental, no fue ajeno a una preocupación humanista y solidaria que impregnaba la cultura en las década del 60 y 70.
Como vemos, razones hay de sobra para homenajear a Ojeda, tal como lo viene promoviendo la Asociación Cultural del Santa, con el evento LA LITERATURA Y LA VIDA: TESTIMONIO DE ESCRITORES, a realizarse este jueves 20 de abril en la Biblioteca “César Vallejo” de Chimbote.

(*) Presidente de la Asociación Cultural del Santa.