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El Rincón del Diablo

BAJO LA SOMBRA DE LOS RELOJES

BAJO LA SOMBRA DE LOS RELOJES

 

 

 

"En estos días en los que la muerte

es un adorno para la vida,

las horas del futuro se han venido al presente;

los relojes se han roto, o se los han robado"

 

Montserrat Álvarez

 

 

Mucho tiempo soñé y esperé este instante. Noche tras noche había soportado en habitaciones imaginarias tu rostro sonriente, mientras yo observaba la torre de cadáveres apilada en mitad de la avenida. Luego tus manos, gigantescas y monstruosas, se abalanzaban sobre aquella torre y la aplastaban, borrando toda huella de tus actos. Casi siempre despertaba asustada, ahogando un grito en la garganta o sudando a mares. Viví afectada por el miedo y la incertidumbre muchos años, incluso después de saber que mi vida ya no pendía de un hilo por tu causa. Ahora estás muerto. Lo esperé hace mucho tiempo. Miro a mi alrededor y observo que la noticia fue, sin duda, una gota de felicidad para la mayoría de la gente. Sé que muchos sufrieron lo que yo. Aunque hay quienes lloran tu muerte y salen a las calles a expresar una tristeza tan honda que sólo de verlos me da la impresión que han perdido un ser muy querido, como en los tiempos de muerte que tú cosechabas, como cuando mostrabas tus dientes al mundo y te creías el héroe de la película, indiferente al sufrimiento que tus manos provocaba. Debería estar como muchos, festejando y alegrándome de tu partida repentina, pero algo me contiene. Lo sé, sé perfectamente cuánto daño me has hecho, a mí y a las personas que más he amado. Mi padre y mis hermanos nunca apoyaron tu forma de manejar las cosas, se negaron a ser tus marionetas, se rebelaron como todo ser humano que posee algo de dignidad en su interior. Ellos estuvieron en aquel estadio donde tú y tus tropas irrumpieron violentamente para acabar con todos a balazos. Yo amaba a mis hermanos, a mi padre, amaba las sonrisas y sus gestos de amor conmigo, sus cálidos abrazos, sus caricias desmedidas. Los amaba, y tú te encargaste de borrar para siempre el fulgor de sus ojos negros. Ellos estuvieron ahí, en aquel estadio, y te miraron, desafiantes, a tus ojos de hielo, cuando tus soldados les apuntaron con sus armas y mancharon con su sangre las paredes y la verde hierba. Desde aquel momento te odié como nunca antes lo había hecho, por muchos años, y esperaba una oportunidad para tomar venganza por mis propias manos. Ahora estás muerto, y me encuentro frente a frente contigo. Me tuve que poner mi mejor vestido negro para acudir a este camposanto donde en unos minutos te enterrarán, con todos los honores de un comandante militar que cobró muchas vidas en su dictadura. Estoy aquí, observando tu féretro, silenciosa, sin saber qué hacer. Debería escupir sobre tu tumba, imaginar que te veo a los ojos, al interior de tus pupilas, y te grito: "¡Perro! ¡Eso es lo que te mereces!" Eso y más, tal vez, porque para muchos es poco el castigo que te ha tocado en esta vida, luego de tanta maldad acumulada en nuestras retinas, en los relojes fracturados. Debería hacerlo, pero ahora que estoy frente a ti -los ojos desorbitados, el semblante adusto-, y los recuerdos de mi silueta blanca en el hospital cerrando la válvula de oxígeno que te mantenía con vida me acechan lentamente, apuntándome con su acusador dedo, no puedo más que lanzar un suspiro profundo, y decirte en voz baja, como hablando conmigo misma: te perdono, Augusto, somos seres humanos, y todos cometemos errores.

 

Christian Ahumada Heredia 

Chimbote, 16 de diciembre del 2006.     

   

Otra narración vivencial del 2004

Otra narración vivencial del 2004

 

Llovizna


La nieve empieza a discurrirse en las alturas y cae la llovizna como queriendo pronunciar una caricia en los techos de olvidados campamentos. Es otro amanecer en las frías minas de la Lima serrana, aquella oculta y añeja que acoge la vida, una vida que enfrentó un medio hostil y se forjó a tientas en abruptos peñascos, donde el hombre se permitió respirar en pulmones colosales.
Aquí el tiempo para los mineros es un anciano de lento andar y el viento helado es quien da la típica sequedad a la piel de las mejillas y los labios. Hay obreros que llegan traídos de sus pueblos para trabajar con la promesa de "aquí estarás mejor", felices ellos miran la vivienda en que residirán.
Para permanecer aquí hay que soportar la altura de 4500 m. s. n. m. El campamento minero se encuentra en la región noreste del departamento de Lima, próximo a la cadena de los andes.
Al medio día, cuando los obreros descansan, se oye el ruido de la sirena de salida y pasan entonces ellos riendo, bromeando o escupiendo blasfemias sobre el nombre de algún capataz. Cansados se oyen las pisadas de sus botas haciendo un sonido grave en la nieve. Luego aparecen los hijos de los mineros, los mineritos como las mujeres cariñosamente los llaman, también ayudan a sus padres dentro del socavón a seleccionar el mineral, llevan manos y mejillas rojas como sello innegable de aquel trabajo.
Y es que para los habitantes de esta tierra la vida es una monotonía cotidiana, un ir y venir casi mecánico. La mina, un monstruo de óxido y humo, va royendo lentamente los pulmones de los seres.
Cuando cae la noche, el cuello del día; los hombres cansados, no solo los buenos ni malos, vuelven a sus hogares, mientras otros se reúnen a beber alcohol con los compañeros y buscan pelea. Pero hay aquel que regresa luego de beber, entonces golpea a la mujer y los hijos, golpea duro en la nieve y lanza insultos (cuantos pueda). La madre llora y sangra, no se queja, eso aprendió de una crianza arcaica, la sumisión como fruto del constante castigo.
Afuera hay presión, todo corre en ritmo acelerado como la saliva mezclada con la hoja de coca en sus gargantas. Así pasan los días en el campamento olvidado y la llovizna vuelve a caer, ahora en la faz de la madre golpeada.

Galia Gálvez Retamozo
18 Marzo, 2004

ESPÍRITU DE NAVIDAD

ESPÍRITU DE NAVIDAD

Vivía en un barrio de casas tristes, viejas y casi derruidas. Un barrio donde las ratas paseaban con desparpajo y descaro, entrando y saliendo de las casas y chabolas que había construido aquella gente que llegó del campo a la gran ciudad con la esperanza de encontrar un trabajo y el maravilloso bienestar que había visto en la televisión.Tenía unos diez años, una vela de mocos le caía por la comisura de los labios. Los ojos azules y el pelo rizado y pelirrojo. Andaba buscando en las basuras como lo hacían los otros niños mayores que ella. Llevaba puestos unos pantalones ajados de miseria y manchas, un suéter azul con rayas blancas de mangas largas que a ella le sobrepasaban las rodillas.Su madre trabajaba limpiando escaleras por un sueldo de mierda, su padre tenía como profesión darle a la botella y además cumplía a rajatabla con la función de cabeza de familia. Propinándole palizas a su mujer cuando llegaba embriagado por los dos o tres litros de vino de tetra brik que compraba en el kiosco de la esquina a noventa pelas.Ella se ocultaba tras unos cartones cuando veía a su padre maltratar a su madre y muerta de miedo no le salía ni un sollozo. Una tarde fue con su madre al centro de aquella maravillosa ciudad, donde ya brillaban las luces de la navidad y los escaparates relucían llenos de artículos que como cebos se disponían a cazar a los consumidores que pasaban envueltos en sus abrigos. Cogida de la mano de su madre, miraba con un brillo en sus ojos que iluminaban más que alguno de aquellos árboles, llenos de bolas de cristal y de luces que parpadeaban como estrellas. En un remolino de gente se soltó su pequeña mano y se vio envuelta en un torbellino de personas que corrían y gritaban. De repente todo el mundo se detuvo frente a una fuerte y cegadora luz. Delante de ella, tan cerca que casi podía tocarlo, estaba aquel hombre, aquel gordinflón con rosadas mejillas, con enormes barbas blancas y con aquel traje de color rojo; sentado en un trineo con renos que miraban la muchedumbre con aquellos ojos redondos y donde Rocío pudo mirarse como en un espejo. El hombre la miró y con un guiño le pidió que se acercara. La cogió en sus brazos. Rocío sintió el calor que desprendía aquel traje rojo y se enredó en las blancas barbas que nacían de aquellas sonrosadas mejillas como chorros de agua plateada por la luna. Su madre apareció entre la muchedumbre, se acercó y abrazó a la pequeña que miraba los renos con los ojos como ventanas. El hombre de rojo le dio un beso en la mejilla y mirándolo madre e hija se alejaron por la avenida llena de gente y de coches.Esa noche Rocío se durmió feliz pensando en aquella tarde. Dieron las tres de la madrugada en el reloj de una iglesia cercana al barrio de chabolas. Rocío se despertó con los gritos de su padre, que una vez más llegaba borracho y le estaba pegando a su madre. Se levantó despacio y se asomó tras la cortina que dividía aquella chabola en dos. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando pudo ver que aquel gordinflón de mejillas sonrosadas, que por la tarde le había dado un beso en la mejilla, estaba en su casa gritándole a su madre y atizándole con el ancho cinturón de cuero de donde le colgaban, la tarde anterior, las ilusiones y los deseos de miles de niños.


© Salvador Moreno Valencia


DNI: 25567962N
Avda, Jesús Santos Reín, 4-1E, Fuengirola, Málaga
652470813

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FIESTA EN EL CIELO

FIESTA EN EL CIELO

La fiesta está en su apogeo. Allá abajo en el pueblo se alistan los castillones para iluminar aún más el cielo de este valle donde algunas estrellas cruzan esta noche cambiando caprichosamente de dirección. Pero nadie está prestando su atención a esas señales, ebrios de tanta chicha fermentada. Turín sube la cuesta delante de Felipa ayudándola a seguirlo entre las piedras

Aquí se está más tranquilo, felipita, y la música que llega, suena como venida de más lejos en las madrugadas antes que despierte el campamento. Turín tiene las manos tibias, toma las de Felipa para calentarlas, sus miradas se cruzan, y se abrazan, lenta, pero lentamente, mientras el pueblo, abajo, aún sigue en su noche de fiesta. Pa` el otro lado está el río, allá estaremos Felipa, más tranquilos, ¿Vamos? vamos...

Turín prueba acariciar despacio los cabellos de Felipa, bastante sabe de sus manos toscas, callosas y curtidas con los años que tiene ya de obrero en estas minas. Los cabellos de Felipa huelen a caldo de mote. Fueron ganando confianza con las piedras brillantes que Turín regalaba a la ayudante de cocina a cambio de que le sirviera más arroz, más papa, más pollito...

Cuesta abajo hacia el río, Turín espera estremecer a Felipa con sus caricias rústicas hasta que le permita desnudar sus pechos y besarlos, ajeno al viento helado de ese valle, como el que se colaba por los muchos resquicios que tiene la despensa, en sus primeros ardientes y efímeros encuentros. Tan absorto que no advierte las sombras que parecen seguirlo atrás a varios metros...

Faltando poco para llegar al río la pareja es cercada por dos encapuchados portando gruesos ponchos y pistolas en mano. Turín intenta proteger a la Felipa.
- A ella déjenla, si quieren llévenme a mí, pues- dice casi ahogándose del miedo.
Sabe que los terrucos no tienen piedad, lo han demostrado al empalar al dirigente sindical de hace dos años. Ahora le tocaba a él, si es que acaso supieran que ese ahora era su cargo, que se lo había ganando liderando huelgas a favor de los comuneros y denunciando irregularidades en la adquisición de suministros y explosivos. De ser así, pensó Turín, había soplones en el campamento.

Examinó las botas de los encapuchados. – “Éstos no son terrucos”, pensó- y llegó a confirmarlo al escuchar la voz del que apuntaba ahora ese revolver bien cerquita a su frente: - Póngase de rodillas, don Amancio... -

-“No puede ser..”- pensó Turín, y se enfrentó al cañón que casi le tocaba la frente.

Ichpas, ¿eres opa, o qué? ¿quién te ha mandado a matarme a mí?, cómo me vas a matar así, yo fui el que te hizo entrar al campamento, que siempre te ha defendido cuando sospechaban que tu robabas en tus rondas, por mí eres ahora vigilante de la empresa, dime quién te ha pagado?

Y tú, Cervantes, tú no tampoco tienes nada de terruco. Bien que te acuerdas que te conseguí trabajo cuando estabas huyendo por matar a tu mujer, yo te escondí aquí, donde nadie te iba a buscar, por mí también eres alguien ahora, ¿a ti también te han pagado? ¿le han pagado a mi gente para hacerme desaparecer?.

Ya, Vidal- increpaba Cervantes- Tírale de una vez y regresemos al toque.

Espera, espera... – Vidal Ichpas siente su corazón en la garganta, “Ya recibí la plata, pues, además nos dijeron que nos iban a limpiar...” – ve su mano temblar como el cabello de Felipa, el cañón se termina en los ojos del que va a dejar de ser su protector. “Ya está hecho, pues, ya nos pagaron. Ahora no hay más que terminar lo empezado nomás” .

- P-perdóneme Don Amancio... -

... ¿Qué, no vas a darle?, Tenemos que volver rápido, huevón, sino se van a dar cuenta, y la cagada... - Cervantes siente cómo tiemblan sus rodillas, impreca a Ichpas para darse a sí mismo el valor que le falta para acabar el trabajo, solo que él, tampoco tiene el valor suficiente para jalar del gatillo...

Fiesta en el cielo: Luces de colores, gritos música y más chicha de jora. El estruendo de los castillones atenúa el disparo de la mano de Felipa. Turín se aferra a la vida. con sus manos intenta detener el río que se escurre de su pecho, cae al suelo de golpe y siente que se ahoga con su propia sangre, Cervantes e Ichpas observaban el cuadro atónitos, paralizados.

Turín sobrevuela el cerro fuera de su cuerpo. Ve a Felipa acercase y rematarlo de un tiro en la cabeza, le devuelve el revólver a Cervantes y se aleja hacia el pueblo sabiendo que ahora ellos tendrán que maquillar al Amancio para que su muerte parezca cosa de terrucos. La Felipa se ve ya en su tiendita de abarrotes, descansando de aquello que tuvo que aguantar, lejos de esa mugrosa y podrida minera que igual tiene que darle su parte del trabajo cuando se le cumpla el mes.

 

Extraído de la revista virtual Autoscopia: http://tania.blogia.com/

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Elio Osejo Aguilar. (Lima, 1976) Radica en Huancayo hace 2 años. Es poeta y mediador cultural. Tiene una página web: www.fuegofatuo.com

 

chica_facil@hotmail.com  

 

 

Por Nicolás Hidrogo Navarro

hacedor1968@hotmail.com

 

Chica_facil dice: hola, ¿quieres..?

 

Poeta_del_silencio dice: qué edad  tienes amor

 

Chica_facil dice: 16 mi baby

 

Poeta_del_silencio dice: uyyyyyyyy, esta linchecita

 

Chica_facil dice: cuando quieras…

 

Poeta_del_silencio: pero mamita quiero ahorita que me la chu…

 

Negra Chocolota dice: dime dónde estás amor te voy hacer lo que quieras

 

Poeta_del_silencio dice: estoy aquí en Chiclayo, frente a la Plazuela Elías Aguirre

 

Chica_facil dice: pero tengo frío

 

Poeta_del_silencio dice: te caliento mamita, la tengo paradota y como fierro en fragua

 

Chica_facil dice:¿pero no me hará doler? Jiji, soy full perreo y te pajeeooooooooo

 

Poeta_del_silencio dice: con salivita amor… la tengo grande como pepinillo, pero te entrará como cuchillo en mantequilla al medio día…

 

Chica_facil dice: (aparece como desconectado)

 

Poeta_del_silencio dice: por favor negra chocolate, no me dejes amorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

 

 

Su voz barítono llegó ebria y rebotando entre fonema y fonema y se trepó por los andamios de la sinrazón en un claro zig-zag frustrante: la miró de reojo, la amaba como idiota, pero la había perdido, se había cortado el pelo como al él no le gustaba y por primera  vez desde que la conoció  se había depilado las cejas y se había puesto un pierce entre los labios prohibiendo cualquier beso mojado y dulce con lengua, ya no era ella, era otra. Maldito internet. No la había tocado desde hace un mes y andaba desperado como burro de año, la persiguió oliendo y soltando todos sus olores y nada. El te puedo adorar esta noche, ella, todo pasó, él, déjame que sea como la primera vez en la Libertad, ella no tengo ganas ya, ellos se miraron, miraron juntos los tamales que ardían en la bolsa negra, ella, déjame vender, él negra _ chocolate eres lo mejor, ella no quiero saber nada, él te seguiré buscando en internet…siempre serás un chica fácil para mí…, ella: pendejo arrecho…quieres culearme nada más… él se pierde raudo y fantasmal entre el humo y la distancia de la Ramón Castilla, al fondo por la acequia poblada de cañaverales.

Cuando ella conoció por primera vez un cyber nunca imaginó que esas máquinas que estaban enredados por un y mil cables tendrían algo que ver en su vida. Nunca en su vida había siquiera tocado una computadora y su funcionamiento le parecía intergaláctico.

El cyber estaba lleno y todos querían ir al fondo, en caleta, escondiditos sicoseándose mórbidamente, viendo los videitos triples XXX gratis de la negra chocolate o de la zoofílica Lucy con su perro gran danés de aventajado parecer. Al Chita le gustaba más la mexicanita gordita que se calateaba por internet a las 11.45 de la noche mostrando sus grandísimos pezones del tamaño de un plato de té, negros y granulados, por puro exhibicionismo, al Josefo le placía la muerdehuevos españoleta que se habría de piernas ante cam enseñando su “mancha negra de pelos encrespados cubriendo biológicamente su húmeda abertura”. Ella como de costumbre agarró un hueco caleta y desde la inmunidad de su perversidad entró con su nick más despampanante, de los quince que ostentaba,  chica_facil@hotmail.com, al segundo de entrar con la clave con triple protección xxxxxxx y con nivel de complejidad máximo, con una foto distinta al de ella, se pobló su pantalla de voyeuristas, pederastas, coprófagos y mil y un aguantados babeantes que la esperaban religiosamente como lobos lujuriosos, todas las noches a las 8.01 p.m. hora del Meridiano de Grenwich. A cada uno le dio su bocado durante los 32 minutos que le constaba medio sol peruano, su basta galería de fotos y videitos le permitía embaucar al que estaba al otro lado de la red posiblemente con todos sus manos y dedos ocupados, arriba y abajo del keyboard.

La perdió en una de esas noctívagas noches en que como cazador moderno se ponía al acecho en el messenger a capturar cualquier pescadito libre, solitario, jugadora, que quería la emoción de su media hora con cincuenta céntimos: seudoenamorar o autoengañarse. Ella se había disfrazado con un nuevo sugestivo nick esclava_sexual@hotmail.com y él cayó redondito en una cita virtual, con unos besos pegándose a la pantalla del ordenador como colorete de lupanar.  Se olvidó de Mery, de enamorarla, de seducirla, sólo le pedía sus acostumbrados felaciones inundantes y pegajosas como chicle en la inmensidad de su  boca golosa.

Cada noche estrenaba un nuevo nick, el lunes era lujurioso sacaconejos_mamona@homtail.com: el martes era pedofílico chibolita_ enalgodon@hotmail.com; el miércoles era bicurioso sumisa_triera_bis@hotmail.com, el jueves era chimbombo metetedo_anal13@hotmail.com, el viernes era rockero hetaira_punk_regaladaza@hotmail.com, el sábado era cachondo tirame_desde_la _red@hotmail.com, el domingo era coprolálico y explícito labebe_semen@hotmail.com. Cada nick, tenía sus seguidores, contados por cientos, sólo media hora era el show, que ella los dedicaba transformándose.

Chica_facil@hormail y todos los demás nick revelados y ocultos,  era una sola, era Tomasa, la tamalera del mercado modelo de Lambayeque, una gorda rechoncha  y pulposa con cara granulosa, de tímido mirar, de frustrados amores y de una picardía antillana inigualable. Esa semana, después de 85 semanas de operar como vedette en la red, después de haber engañado a unos 14,276 sexópatas, decidió una semana antes de navidad revelarse por primera vez y ponerse ante cam, ante medio mundo. Su opilada faz, sus granos verrugosos, su nariz torcida de boxeador, sus ojos rubicundos de borrachina, sus cejas pobladas de grueso pelambre, su desdentada mandíbula, el aliento negruzco de sus axilas y el tufo a ajos de su putrefacta dentadura, fue puesta a dominio público. La conmoción, el chaco, la patinada, fue atroz.

Son las 8.02 de la noche de un diez de diciembre de 2006, el frío arrecia afuera y ya prenden luces de navidad, junto a la panadería Tocuca, hay una nueva vendedora de tamales, es Tomasa, con su canasta humeante oliendo a cebolla, queso, pollo encebado, ajos triturados, maíz molido y pelado envuelto en hojas de plátano de estos valles mochicas, con su nuevo look punk, treinta y siete pierce en el cuerpo y ningún amor a su lado, la otrora negra chocolate o chica_facil  de la red, intenta sobrevivir y olvidarse que alguna vez conoció, vivió y se río sardónicamente por y en internet, elevando su temperatura y encendiendo más de una libidinosa y sexópata  pasión.

Lambayeque, diciembre 10 de 2006

 

 

koncejos para hinisiarse en la literadura

koncejos para hinisiarse en la literadura

 



Kuidado con la hortografiá los, singos de puntuacion y no olvides que la claridad cristalina de las aguas es la mejor forma de demostrar que eres un gran escritor.


1. Lo primero hes conozer vien la hortografia.
2. Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores.
3. Y nunca empiece por una conjunción.
4. Evite las repeticiones, evitando así repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
5. Use; correctamente. Los signos: de, puntuación.
6. Trate de ser claro; no use hieráticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas.
7. Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocándose, abusando de los gerundios.
8. Correcto para ser en la construcción, caer evite en transposiciones.
9. Tome el toro por las astas y no caiga en lugares comunes.
10. Si Vd. parla y escribe en castellano, O.K.
11. ¡Voto al chápiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas.
12. Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un párrafo lo es.
13. ¡Por amor del cielo!, no abuse de las exclamaciones.
14. Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribáis.
15. No utilice nunca doble negación.
16. Es importante usar los apóstrofo's correctamente.
17. Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
18. Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
19. Con respecto a frases fragmentadas.

 

LAS VERDADERAS ACTITUDES DE ANDREA CABEL

LAS VERDADERAS ACTITUDES DE ANDREA CABEL

Mesa redonda y recital 

 

"Jóvenes poetas del Perú:

 

nuevas publicaciones 2006"

 

 

 

"A propósito de la presentación del poemario Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel en Trujillo, el pasado viernes 10 de noviembre de este año, que fue motivo perfecto para congregar a escritores de distintos puntos del norte del país y disfrutar de sus agradables trazos poéticos, les presentamos a continuación el ensayo o ‘garabato' que Denisse Vega Farfán, joven pero reconocida poeta de aquella ciudad que estuvo a cargo de los comentarios junto al poeta Beethoven Medina, dio lectura en la Galería Improntu del Instituto Cultural Peruano Americano, en una noche plagada de anécdotas y gratos momentos envueltos en máscaras, estrellas luminosas en medio de frutas partidas y mujeres que llevan a la superficie sus ‘verdaderas actitudes'".

 

 

 

 

 

 

 

LAS VERDADERAS ACTITUDES DE ANDREA CABEL

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Denisse Vega Farfán (1)

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Lo siguiente, no pretende ser en absoluto una crítica académica, ni una crítica en sí en alguna de sus variantes. Las impresiones aquí volcadas obedecen a una lectura atenta y regocijada del libro "Las falsas actitudes del agua", de Andrea Cabel García, desde un punto de vista de lectora, y si se podría decir, de escritora; que al igual como Andrea decidió adoptar la Poesía como una forma de vida. Habida cuenta, una aproximación, un garabato que sólo hallará la forma, cuando lean el libro.

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"Y trató de imaginar cómo se vería la luz de una vela cuando está apagada.", es el epígrafe del escritor inglés Lewis Carrol con el que Andrea nos invita a iniciar este itinerario por las llanuras y relieves de sus versos. Umbral que nos seduce a introducirnos para ver que habita detrás de él, pues tal como Alicia en el país de las maravillas de Carrol, Andrea también nos recrea su propio país, aquella geografía líquida y boscosa, de ciénaga e irradiación, donde personajes como Salvador, Micaela, Susana o Giulia encuentran su fundamento, a pesar de las falsas actitudes que refleja el agua, el derruido juego de naipes tras la mano que se queda vacía, palpando nuevamente su propia vacuidad; pero siempre, otra vez, bajo la diáfana sombra de una sucesión de ventanas, como el amor, que reclamarán constantemente ser abiertas de par en par, como la angustia, del que también están embalsamados sus escritos.

Cada poema de Andrea Cabel tiene fibras, venas, sangre, carne, latidos, respiración, vida propia, galerías donde suaves matices y esmeriles compases de un alma fragmentada y en constante reconstrucción, conforman una unidad inquebrantable; mediante un lenguaje conciso, limpio, ordenado, desprovisto de coloquialismo, interiorista, exquisito en imágenes, en oportunidades metafísico, cuyos dardos bien afilados dan en el blanco de la claridad y la grisura. Como diría Octavio Paz: "el poema es una totalidad viviente."

Andrea nos devuelve el conjuro de la metáfora, savia nutricia que puede escenificar más de mil palabras en una sóla imagen. Asimismo, para ella la musicalidad y la fonación, constituyen elementos indispensables, que se perciben en sus poemas de forma natural y no como un juego artificioso. Rescata ese trabajo de filigrana, ahora mayormente perdida, defenestrada, que poco se practica en la actualidad.

Así como la asimétrica piedra del desasosiego que va siendo esculpida con cuidado, transpiración y paciencia, hasta adquirir una tersa textura, es el trabajo que Andrea realiza con las palabras, las moldea, las hermana, macera cada verso que se cose a su papel; pero no como fraseo meramente estético, sus poemas se esmeran en revelar más allá de su estructura, en hallar la médula de lo que la arroja a escribir, fusionar la contradicción, la escisión del amor en pálidos reflejos que la asechan. El amor en sus diversas aristas, el cual constituye la biela del presente libro, el amor como luz y como sombra, como borroso y perfumado boscaje.

Pero también, Andrea hace que cada experiencia humana (no sólo de amor) a través de la palabra se constituya en un episodio cardinal, sin establecer colisiones entre ellas, sin discriminarlas. En esa efervescente búsqueda del yo, de los verdaderos rasgos de su ser, hay una lucha de alianzarlo todo, de aceptarlo, de drenarlo, de volverlo a reciclar; porque cada sentimiento benévolo o tóxico para ella es importante, sobretodo para su papel, porque el alma del poeta es de papel (como decía Eielson). El papel: ese mar acromático donde Andrea esculpe lo mejor de su mundo pálido y fúlgido, atrapado en una jaula musical.

"mi máscara, / se asemeja al andrajo que te viste"; nos dice ella, enfrentando, tomando al cernícalo por las astas y por el lomo irascible, con un yo poético desnudo, maravillado y angustiado ante la inmutabilidad y la desintegración del sentido de vivir. Sí, esa necesidad de ser a veces máscara, para no ser reconocida, no ser herida, no ser ‘un ser', que sea demolido por un Goliat que es el propio abismo. Disfrazarse en árboles, en pájaro, en infancia, en espuma, en ondas lumínicas y nebulosas ante los ojos del gigante; y así pues, sean los versos el Eljanán que lo destruya con su honda.

Sea FRUTA PARTIDA, segunda parte de Las falsas actitudes del agua (y mi predilecta por cierto), en donde liminarmente nos inserta en una estación de suaves, despejados, y coloridos horizontes; en la que Andrea nos desenmaraña toda una historia de febriles y contundentes revelaciones; develándose, confesándose.

"El mundo renacía/ y yo era capaz de renacer en él", nos dice la autora en el segundo poema de donde nace un enigmático y luminoso Salvador, y tras él, Camila y Susana, como constelaciones oscuras para poblar soledades y derrocar precipicios. Pero desde ya, anticipando en cierta forma la condena a la separación, sea el siguiente verso: "millares de manos y terciopelo acogían el volumen del sacrificio."

¿Compartimiento de soledades?, ¿monólogos de dos vacíos, acaso?, quizás, pero también esa capacidad de maravillarse con el cortejo más sencillo del alma, cito el siguiente fragmento: "encontré tus ojos. los encontré verdes y sin fondo./ estaban ahí con el vértigo imposible (...)/ yo los miré, / adorando la ventana. Queriendo irme con ella. /"

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Su poesía encara, acusa; sean los siguientes versos: "me arrodillo reptil y roja y / vislumbro las columnas de otoño /solo restos mutilados / desde aquí arriba, / solo lepra y oreja." Sí, como dije, encara y acusa, pero también como una luz que ha perdido su armadura bajo la incandescencia de la soledad, solicita el sosiego, de un ser que abra la cruda celda de su precipicio. "Nuestra ínsula fuga Salvador", dice ella en una parte. Último llamado ante la inevitable construcción de Babilonia, donde Camila y Susana son definitivamente los acordes que jamás volverán a resonar, partituras amarillas sobre un falso teclado en suma. Sea el siguiente fragmento: "ahora no me aísles. no me dejes cautiva, escondida tras los bajeles / haciendo romances y hurtándote a la noche, como altisidora falaz, / dame una sentencia / un vals de colores y rayos que galopen la noche."

¿Los amores que se van son acaso los fantasmas que más nos acosan?, posiblemente. El amor en la poesía de Andrea aparece como un autoreflejo y una negativa, un rayo que parte la oscuridad en incontables noches y agonizantes amaneceres; cito: "el amor, / es como un rayo que galopa/ que abre valles / que me devuelve al río, /es un rastro infinito / imposible. /". Sus poemas así, constituyen un puente hacia la liberación; pero no rechaza al amor, lo acoge con los nidos más copiosos, dispuestos en las ramas más altas de su ser para protegerlo, y le rinde tributo a su llegada, permanencia y huída, con coraje y lucidez.

"Escribir sobre el amor es un acto que sólo puede originarse en el destierro, pues será siempre extrañamiento y nostalgia de un paraíso inalcanzado y buscará franquearse con ese tú que es su razón de ser y de existir", alguna vez leí esto de un lúcido Javier Sologuren, palabras que tomo para describir los últimos pasajes de Fruta Partida, cuando el cauce de lo logrado finalmente se desborda y la ausencia, el helado laberinto, el inevitable retorno al páramo, nos deja en la contemplación de sus ‘falsas actitudes'. Sea el siguiente extracto: "micaela ha muerto como una cantiga al amigo, ha muerto sin cana ni pena, elegante y blanca rodeada de sedosos mantos más blancos todavía." He aquí el real fruto partido.

Es innegable, hay como una asidua búsqueda de enmarcar los vacíos, las sombras, los espectros, en vez de las presencias, un afán de encontrar el cielo en la propia ausencia. Pero acá no hay butaca para la resignación, encontramos a un yo poético que siempre busca renovarse, que no se conforma sólo con cantar el abismo, y triturarse entre las fauces de la tribulación. Los versos de la poeta, no son de aquellos que se complacen en el desgarro. Para cerrar esta historia, Andrea nos planta un Beleño en su hoja. Beleño, planta narcótica que aletarga la muerte, ¿acaso también palabra narcótica que intoxica la soledad?. El caos ingresa rebelde por sus venas y sus versos lo doman hasta hacerlo jirones. Así, la esperanza aparece como arma de supervivencia, y ella consolando a Salvador (consolándose) en su intento de darle un orden al caos, le dice: "aún queda la tierra que dejó y el cielo para sembrar".

Siempre quedará algo que se repite en todas las mujeres, un núcleo obstinado que no se quiebra, que no cede ante los latigazos y transformaciones del tiempo. Así, cavar en el alma de una mujer, será en el fondo, cavar en el alma de todas: las que estuvieron (como Giulia), las que están y las que aún no vienen. Mujer de espliego, de agua, de fuego, de alquitrán, de suelo, de cartón, de arreboles, etc.; es lo mismo. TODAS LAS MUJERES HAN SIDO TÚ, nos canta Andrea, en la última sección de su libro, donde sitúa a la mujer como un cuadrangular de espejos, como punto de partida, de retorno, de condena y de muerte; pero también, como un atajo hacia la eternidad, como barco de rescate frente a la vacuidad y la obsolescencia de un mundo que cada vez nos soporta menos en su cuna.

"Descifrado engranaje solar" o "desposeída luz", como ella diría.


¿Contradicción?, sí, se halla una notable contradicción, pero la belleza también es contradicción, está en los poros de lo que no se llena y en el bermejo que interiormente se nos derrama, por una suave astilla de luz incrustada en el calor de una mujer. ¿Pero acaso tan meliflua la astilla, que se convierte en prohibición?; sean los siguientes versos: "mientras ellas, cobijadas pronto, en su cielo nuevo de alas convexas, se cuentan, a escondidas del padre, los cabellos, y se destruyen las llagas lamidas". Como diría Alejandra Pizarnik: "¿Y quién no tiene un amor?/ ¿Y quién no goza entre amapolas?/ ¿Y quién no posee un fuego, una muerte, un miedo, algo horrible,/ aunque fuere con plumas, aunque fuere con sonrisas?"

Con los poemas de TODAS LAS MUJERES HAN SIDO TÚ, la autora también nos da a entender que existen mujeres que nacen con un dorado hilo de Ariadna, con el que se logra escapar luego de haber luchado y derrocado al minotauro, o siquiera dejarlo en agonía. Porque "mujer" también es par y disyunción conjuntiva. Sea el siguiente verso del poema "LEJANAS": "se ven los trajes y se distinguen parecidas./ se reconocen fácilmente entrelazadas, como instancia plural".

Y al final, Andrea concluye en que una mujer es un gladiolo y un aguijón a la vez; sea el siguiente verso, último verso de su libro: "Techo sembrado de lluvia con raíces gigantes, y/ sondas verdes sujetando la bomba que naufraga inmóvil."

Estamos pues, considero, ante una poeta deslindada de todo canon, por su concentrada y apolínea originalidad. Una nueva voz que empieza a solidificarse con notable madurez y profunda percepción. Andrea sabe que escribir, es un campo de caminos azules y a la vez una gran batalla, que requiere de un perfil serio y persistente para poder ganarla y al final, dejarse llevar como bandera por las manos de la sabiduría. La poeta, con éste su primer libro y demás publicaciones (que son como flores de loto que brotan desde el fango), sólo nos reafirma que la travesía continúa, que el boleto no caduca, ni caducará. En palabras de Octavio Paz: "El arte no es un espejo en el que nos contemplamos, sino un destino en el que nos realizamos".

"Las Falsas Actitudes del Agua", es sin duda a mi criterio, una pieza inolvidable que nos deja este año 2006, que se nos va: como ramas de olivo en mareas de azufre.

Voy concluyendo, con la sensación de haber tenido que decir mucho más, porque cuando uno lee un libro como el de Andrea Cabel las palabras no se agotan, fluyen como marejadas cada vez más voluminosas conforme se le relee. Finalmente, me permito concluir estas humildes observaciones con el siguiente poema, uno de los que más me ha remecido del libro de Andrea.

 

[giulia]

la palabra entra, me vuela las sienes,
y la noche se empeña en hacerme sola,
en caerse lenta
en hacer nudos contables,
en recordarte giulia.

con tus alas plenas y sin tus tres nudos blancos.
con tus dedos fríos,
sin celo
sin color prusia,
hecha sombra desesperada
y sabiduría fugaz de pájaro hecho verano.

giulia, mi ángel,
mi nudo.

todo se traslada, como palabra y sien que vuela,
como máquina de hacer ave,
y noche sin circunstancia.


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(1) Denisse Vega Farfán (Trujillo, 1986)

Estudiante de Derecho en la Universidad César Vallejo de Chimbote. Premio Poesía a Vallejo (2001), y Pluma Vallejiana (2006) por la UCV. Autora del poemario EURITMIA (2005). Forma parte de la muestra de poesía joven "GENERACIÓN DEL 2000?" (Claroscuro, Círculo Abierto Editores, 2006) y de la antología de poesía "19 Poetas Peruanos-Generación del 2000" (Lapsus Web, Miguel Ildefonso, 2006). Integrante de la Galería - Taller de Artes Plásticas "PALAMENCO" de la Universidad Nacional del Santa-Chimbote, participando así en numerosas exposiciones pictóricas locales. Poemas suyos han sido publicados en diarios y revistas como Correo, La Industria , El Heraldo, Letralia, La Siega , La Manzana Mordida , Sieteculebras, Arteidea; entre otros. Se encuentra preparando su siguiente libro y su primera muestra pictórica personal.

 

 

He salido desde el Mundo por el Mundo

He salido desde el Mundo por el Mundo

 

 

 

 

Todo lo que está o Es en el Universo, natural o artificial, con manos o sin manos en los que nos llamamos hombres, es parte de la misma cosa, monismo de Anaximandro, única: en constante cambio, evolución o mutación, que están regidos por ciclos que aún no entendemos y por eso diferenciamos. Filosofías que argumentamos. Poemas que vivimos y, aparentemente, morimos.

Diríase que una sola persona ha redactado cuantos libros hay en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un solo caballero omnisciente.

Ralph Waldo Emerson

 

 

He salido desde el mundo por el mundo. Profano. ¡Mundo expulsado! ¡Mundo perdido! Globe trotter de Wáshington Delgado, como Atlas de las estrellas sosteniendo cada grano de arena, cada uno abismo donde caen los Tales de Mileto: prohibida, escasa agua que camina como Cristo negro sobre el agua. ¡Agua que soy, pocas veces, bebo!

Yo, que también vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, uno de mis padres, y te encuentro estudiando retratos de Francis Bacon y no los poemas, Azul ultramar de Jorge Eduardo Eielson.

Entonces, cómo caminar desde las entrañas de mi frágil pensamiento, las diez mil rebeliones Alberto Hidalgo, juventudes que renuevan en las discotecas las bibliotecas: vida de flores que contaminan los infiernos. Que ineluctablemente son voz, hijos, amantes o hermanos de espinas Castilla o Gil Vicente.

Rosa que no perdona atropella la fuerza fétida y abraza cranealmente la belleza, que sin piedad rige la dualidad. El primer hombre que del barro es será evolución de la mente. Respuestas que están pero que no se ven. Martín Adán que extraño es como el extraño en ti, de sí que es y será extraño al mar. ¡Mundo pensado!

Oscuridad que insatisfecha provocará en la noche entera la invasión de sus plateados sueños, de sus cavados y sembrados sueños entre la azúcar y la sal traicionada. Enrique Verástegui que brotará de cada suelo recogido cuerpo a cuerpo; en la misma eternidad de todos, en la única eternidad que hay cuando se busca el placer de nuestros dados que ya extinguieron la posesión de nuestra suerte. Y, ahora, ya sólo queda rezar a la columna que sostiene a nuestro Dios: para así no desaparecer. Para volver, a cada rato, entre la putrefacta piedra blanca y poder hacer notar nuestras perlas negras.

Y de pronto el animal estaba transfigurado, oculto, entre los brotes viejos de la inevitable evolución. El animal que entre todos los animales fingía ser el labrador de su propia salvación así como el objeto que en todas sus mañanas está vacío y a sí, ese mismo, objeto al medio día será vaciado. En misma y repetida ambigüedad. Como la primera vez que fui en alguna vez, todavía, inverbo, como el sueño que tuve esa noche panca, como la sal, de mis pies, derramada en mi atardecer a la hora de llorarme para no seguir por aquí. Y dejarlo todo a mi naturaleza desposeída de costumbre y fe: corrida de Gamaliel Churata para el que jamás vea debajo de la tierra. El pez, enigma, único, de tierra.

Hombre andino o luz, avión o tierra, murciélago o genética selva que estás de Mamá que no se ve, perpendicularmente, retrato de albatros que arrastra el cielo, que ciego se come la luna y ya posee un ojo. Que caminando comió del tambo y lo entendió, no como quipu que está allí pero que no escuchan si no como hombre que habiendo sido dios entiende a Dios. César Vallejo es él.

Para poder besar una transnacional hay que estar loco o violado o violada así como no me voy a mostrar, herido, cantante del susto, trueno de poemas del parque en la página saqueada. Memoria o visión: la arruinada voz que no existe en la portada, canonización de los bancos, digo planear y ejecutar el robo de un banco. Beber y feliz ser, como niño, hijo de rey en castillo de azar, de atacar a Carlos Oquendo de Amat. Finalmente filmar el Film de los paisajes. Estirar el paisaje, unirlo por la mitad y soñarlo como lluvias de ojos que no pueden y no deben morir. Coleccionar. Hombres acéntricos, ver.

Parapetado de la queja y la palabra cruda de desposeer para otro en la misma canción arcaica, de encono y proporción enriquecida, de gesto y textura a la manera de aferrarse a una sola hembra. Aquella ajena y aquella misma, a la que nace del pecho propio: César Moro. Al mirarse, los espejos encontrados en una cámara vivida, de sangres y hermosísimas gotas blancas, del fuego. El atropello que es construido en evidencia del único castigo. La hora de encontrar, el arte no-elegir, impugnar, la maniaca manera de perderse. En la capacidad proscrita en sobrenombre del propio género: el hombre que ya es mujer y la mujer que ya fue la mirada. Atrapada, igual, bestiario. Anticipo del hombre alguna vez dormido solo en El jardín de las delicias: el bosque que estaba escondido en las talegas. Extraviarse y vivir.

En suposición, muda o siniestra, el curador de su pecado Caravaggio; del ente que brotará la palabra alejada del sonido hiriente hasta las alas elevadas del encomendado del espíritu. Hasta siempre joven y fuerte donde el caballo hastiado de ser équido ha querido ser hombre para en futuro hallar y atrapar el rostro de Dios. En sus manos, pasas silentes de pecados abrazados en la voluntad donde se escucharán otra vez las voces erguidas del sonido, a Emilio Adolfo Westphalen exiliado del verbo humano o juicio de Paris. Especia que está derramada en los ojos bellos de la apagada luz. Veneno que te castra y luz.

La rima que ya se ha olvidado de ser ella para encontrarse en algo amorfo y delicado. El paso áspero como la lija empezada antes de dar la vida en la madera, Blanca Varela descendiendo la escalera con los ojos de la intimidad. Imprenta de las aves y los nidos que ya es imposible quemar. Después de correr y cremar las alas atrapadas en el acto de crear; la palabra misma pero, diferente en reproducción y precocidad.

En nuestras cruces rojas, en nuestros sueños hasta el antes de ser el propio dado roto. Al interrogar a la mala suerte disfrazada de mujer, cada vez que soy recuerdo en mi repetida primera vez: buenos días de las aguas mansas que se están trepando hacia los cielos amarrados de las nubes blancas, entrelazadas en unas aves disfrazadas de los oscuros colores del sol. Alberto Mostajo escondido allá bajo los sueños del hombre anciano, del páramo baldío de criaturas salvajes al instante de volar. El nombre del mar atrapado en sus mansos golpes suplicando todavía por encontrar en algún lado los reflejos celestes. Hasta la tierra que está harta de gritar, de susurrarle al hombre el aborto de sus hijos. Está cansada de aplacar los inmensos corazones.

A mi razón y requisa camuflada en la rotación de la Tierra. Ciclo finito de un cometa que ya presiente su caída, por el viento, encausada hasta el último momento de creer en la figura. Amargura de la vida bella, existencia abyecta, el que crea la vida en la sangre buscando a lo lejos. Ausentes memorias Juan Ojeda, selva y tierra sembrada. Planetas de sueños creados, las vidas: hijos de la inocencia, reflejos, figuras que guardan la carrera que se es al descubrir la intimidad. Rutas que son extrañas, como si todo lo que conocí alguna vez estuviese más allá. Todo lo que aún no entenderán.

El segador de la tierra que ha parido en la noche mientras yo en mi ausencia me soñaba con mis hijos danzando. Por mis huertos nacientes de espigas cayendo de mis brutas manos como lluvia ausente en mi propio corazón, invadido de esperanzas en estas tierras que alguna vez no fueron mías. Javier Sologuren. La memoria que hasta el final arrancará vida de la vida y noche de la noche. La, ojalá, interminable ronda de los días.

 

Salomón Valderrama Cruz

 

Pd. Los poetas y antipoetas que faltan, que son muchos, son los que me darán la vida, un día más. Sólo un día más.