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El Rincón del Diablo

INFORME PARA UNA FAMILIA SILENCIOSA

INFORME PARA UNA FAMILIA SILENCIOSA

a la casa que nace detrás del sol

I

Nuevamente entre nosotros reparten el silencio, las lágrimas,

los gestos borrosos sobre mamá

la tradicional Beat

el encuentro de aspersión simple sobre el viento

el reconocimiento de las preguntas

el quejido de las transpiraciones sin rencor. 

Mi padre, un árbol en el patio de la casa sin letras,

las flores muestran los números rojos,

los extranjeros de casa

llevan el ruido sobre las orejas sin cenizas

sin ojos dorados por el mismo ruido de pájaros,

adelanta  los días

e instala en su memoria

el paraíso perdido

y la cura de las ganas de nada

sin presumir tus ojos mismos

ni tu casita de terrones de sal  solares.

  

     

II  

(un canto a mi mismo)  

En el cercano río de tus ojos

Juan navegará hasta tu miedo

con vos victoriosa, 

Rosa reanudará sus pasos,

escalará sobre lo mas bello que eres tú,

los elfos reirán en sus nombres

patriarcas míos,

enemigos míos,

el sol gótico huirá sobre sus piernas

burlarán la noche de pinos a lo lejos

las aldeas oscuras de manos llenas

las vírgenes

los viejos

y los poetas

no despertarán ni al caer el halcón,

sobre blancas palomas de mis posibles besos

miraré mi engreída,

la mar de mi deseos fatuos

la ciénaga de mis ojos, 

y no bastará esculpirme en las olas

de su amor

ni en la sinonimia de su limbo amanecer. 

Distante entre cipreses y laureles,

y entre mis propias gentes

he nacido,

mis manos no me pertenecen

ni la victoria de mi nacimiento

ni el crimen de mis héroes

y soy el rincón del silencio

el valle del junco adormecedor

y el encanto del placer prohibido.   

  

John López Morales (Chimbote, 1983) Poeta, estudiante de Derecho de la UNASAM- Barranca, integrante del Grupo de Literatura y Arte “Isla Blanca” de Chimbote, ha publicado la plaqueta Campos de Arena (2004), En el (2005) Profundidad del Silencio y Dimensión de la Aventura, ha sido antologado en el libro de cuentos Tiempo de Pesca (2005) del Grupo Isla Blanca, Inicio del Mundo(2006), sus poemas han aparecido en diferentes medios literarios, periodísticos y webs pags,  actualmente es coordinador del Círculo Literario “Anábasis”, y director de las revistas de creación literaria Poiesis, Plexus y Puro cuento. 

*ego_sum83@hotmail.com,*john_lopez83@hotmail.com 

 

DUALIDAD EXISTENCIAL

DUALIDAD EXISTENCIAL

HUM/EXIS            

Todo en el exterior ha sido derrumbado, sólo las miradas pérdidas y desconsuelos de los individuos han sido reclutados como única compañía; la existencia de éstos fue manipulada, jugueteado con un ping pon, una ruleta de sinsabores y desesperos. Todos han deseado el humanismo, pero la existencia se ha entrometido escabulléndose entre los escombros; las manipulaciones han resultado como maniobras de la vida que han tratado de escapar del fin del tiempo.           

-Sólo eran las horas de un reloj detenido y el hum/exis de una vida retirada.-    

Barranca 26 de mayo del 2006 

    

SORDEDAD DE LA IMAGINACIÓN     

     La música suena, dando golpecitos sobre las paredes de la habitación, el colgador lleno de ropa se ve bañado de las mínimas luces perdidas del exterior, mientras todos observan la televisión, ignorando o tratando de ignorar la música escurríente de Chopan, Mozart, Beethoven. Un hombre pequeño, tirado sobre la cama, siente las melodías; sus ojos están en completo estado de somnolencia musical, sus manos reproducen las escalas musicales, sus labios tratan de simular la supuesta letra de la canción...           

-solo era el juego de la imaginación y la sordera de aquel hombre.-    

Barranca 25 de mayo del 2006

 

 

 

Juan López Morales

SOBRE LOS CUERPOS INVISIBLES

SOBRE LOS CUERPOS INVISIBLES

AUSENCIA 

Salgo con sigilo hacia el oscuro patio sin escuchar siquiera mis agitados pasos. Parece que estuviese flotando en el aire. Me detengo de pronto y observo con asombro el cielo con su manto negro, estrellado. Toda esta infinidad de estrellas palpitantes que brillan e iluminan el exorbitante espacio me torna a recordar los inolvidables momentos del incesante amor que atiborró mi corazón. El mudo silencio acechaba mi soledad, y a la vez estrujaba con nostalgia las emociones que hervían dentro de mí. Estoy ahora con la razón flotando entre la nada, y la angustia de la locura llorando en la mirada. Siento que el palpitar de mi colmado corazón resuena con fuerza y hace renacer las esperanzas que tanto ansío.

Lágrimas caen… No lloro de tristeza, sino de felicidad. Ojalá que este sentimiento rotundo y entrañable sea un indicio de tu esperada llegada.

 

AÚN NO LLEGA 

A pesar de que estuvo ausente seis largos años, aún percibo en él ese rigor al hablar. Pareciera que no tuviese sentimientos ni mucho menos esencia. Pero aún mantengo la esperanza de que en lo más recóndito de su ser sigue latente el cariño infalible que a su manera me lo brindaba. Algo frío era; sin embargo, me gustaba su manera de ser. Tal vez, sin darme cuenta, yo era así, o quizá esta forma de querer me obligaba a imitarlo sólo por el simple hecho de que creía en él. Pensaba que era la única persona que lo sabía y tenía todo. Quizás es por eso que lo quería tanto. Ahora lo extraño…El señor de la sonrisa escondida aún no llega. ¿Por qué tardará tanto?  

Luis Castillo Velásquez

 

DOS METÁFORAS DEL AMOR

DOS METÁFORAS DEL AMOR

NOSTALGIA 

La tarde solitaria, ausente de ti, de aquel pedazo de mundo que le dan tus ojos a tardes como esta se han de extrañar en el futuro incierto de un día hecho trizas en el que la nostalgia será la única fuente para beber el tiempo y la desesperanza de no verte llegar cargando contigo el alma de tus manos, cómo se extrañan tus caricias, eso es todo amor y que extrañarte es un llanto que copula en medio de un torrente de lágrimas. Quisiera ver tus pies cuando estén  guiándote hasta este rincón desde donde te pienso, a este mi lugar donde atado a una ilusión imagino que habrá un cielo sin lluvias, una mañana con sol, y una tarde de ocaso donde pueda confundir mis manos con las tuyas.

 Ando buscando respuestas a las tantas preguntas de mi desconcierto, preguntas esquivas con respuestas estúpidamente lejanas, como el mar de tus ojos. Me encuentro distante de la vida misma porque no le hallo el sentido a respirar porque no puedo respirarte en estos días. Me gustaría tomar del cuello a la indiferencia, matar su corazón raído, pero la carne del pecho donde se encuentra es un abismo sin límite que no he podido avistar en la brecha de mi camino para darle de cuchillazos. Ahora mismo siento caer la nostalgia sobre mis hombros y llego a pensar que todo acabó sin pensar en el adiós, sin tener el tiempo suficiente para al menos coger un cajón y guardar uno que otro recuerdo para no olvidarte.

  

EQUIVALENCIA 

El amor es complicado, es más que la existencia de la paz después de la guerra de nuestros cuerpos, es más que un simple ataque de romanticismo en tus labios con tu palabra libre acariciándome los sentidos, es más que una mañana de jardines en tus manos trabajando la flor de la paciencia, es muchísimo más que un respirar cada palmo de tu cuerpo, es más que un compartir a todas horas, es más que el cielo que el mar y la luna de tus ojos, el amor te diré; el amor en otras palabras, más simples y sencillas, es la síntesis de tu nombre. 

Jhymm Muñoz Ocaña

 

LA PASIÓN POR LA SANGRE

LA PASIÓN POR LA SANGRE

¿Puedes imaginarlo? (Abre tu mente… abre tus ojos…) Hay sangre por todos lados: en el piso, en las paredes cuarteadas, se desborda del tejado, cae a chorros como lluvia sobre la hierba fresca y transforma aquel suave verdor en un manantial de algas rojas. ¿Te atrae su color? ¿Puedes sentirlo? Los vampiros bebieron de él en algún tiempo remoto. En un momento de mi vida también me sentí uno de ellos, bebí también de una fuente amoratada aquel sabor lúgubre. Como una copa de vino, le susurraba a mis pensamientos, con una sonrisa perturbadora surcando mi rostro. Y mis alas se desplegaban para volar hacia insospechados lugares. Era increíble la sensación roja en los labios, y mis manos pintando las sábanas blancas. La noche adquiría un color nuevo. Todo era metamórfico… Todo cambiaba… Luego a mi mente acudían sonidos extraños. Gotas incesantes en una superficie líquida. Cerraba los ojos y ahí estaba un cuerpo desnudo, angelical, bañado en sangre. En un altar… Saltadas las vísceras, fuera de su lugar el corazón, los ojos extremadamente abiertos pero muertos de manera definitiva. Sangre manando a borbotones, cayendo sobre un río escarlata que desembocaba en un mar extenso… ¿Lo escuchas? Es un sonido sublime. ¿Percibes su aroma? Aspira profundo: es el olor de la vida, aún golpea fuerte contra los pechos exhaustos. ¿Amas la sangre? ¿Amas el deseo de fornicar sin tregua inundándote en un mar teñido de rojo? Lo sé… Lo sé… Tus instintos se mantienen todavía guardados en un cofre, bajo siete llaves. Esperas el instante preciso para salir. ¿No es cierto? Sé que aguardas la hora de vestirte con traje de libertad, para tus manos, para tu prosa impúdica, para tus versos desdentados. Por eso ahora, mi desconocido amante, mi tierno homicida, te muestro aquí esta hoja en blanco para que dejes escapar tu vampirismo, tu sensualidad (la lujuria), tu sadomasoquismo, tu antropofagia, tu necrofilia, tus más pervertidas fantasías, tu pasión infinita por la sangre humana. Escríbelo, sí, con tus dedos como pincel, con tu sangre como tinta. Sé eterno… Finalmente, sangre somos. Con sangre en nuestras venas resucitaremos… en un círculo permanente.   

Di@bòliko

DIRECTOR OFICIAL DE ESTE INFERNÁCULO

LA CONDESA SANGRIENTA: Una de las obras más inquietantes de la escritora argentina Alejandra Pizarnik

LA CONDESA SANGRIENTA: Una de las obras más inquietantes de la escritora argentina Alejandra Pizarnik

La Condesa sangrienta 

(Bs As, Lopez Crespo Edit., 1971)


El criminal no hace la belleza;
él mismo es la auténtica belleza.
Sartre



Valentine Penrose ha recopilado documentos y relaciones acerca de un personaje real e insólito: la condesa Báthory, asesina de 650 muchachas.

Excelente poeta (se primer libro lleva un fervoroso prefacio de Paul Eduard), no ha separado su don poético de su minuciosa erudición. Sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los ha refundido en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa.

La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine Penrose se desentiende de ellas para concentrarse exclusivamente en la belleza convulsiva del personaje.

No es fácil mostrar esta suerte de belleza. Valentine Penrose, sin embargo, lo ha logrado, pues juega admirablemente con los valores estéticos de esta tenebrosa historia. Inscribe el reino subterráneo de Erzébet Báthory en la sala de torturas de su castillo medieval: allí la siniestra hermosura de as criaturas nocturnas se resume en una silenciosa palidez legendaria, de ojos dementes, de cabellos del color suntuoso de los cuervos.

Un conocido filósofo incluye los gritos en la categoría del silencio. Gritos, jadeos, imprecaciones, forman una "sustancia silenciosa". La de este subsuelo es maléfica. Sentada en su trono, la condesa mira torturar y oye gritar. Sus viejas y horribles sirvientas son figuras silenciosas que traen fuego, cuchillos, agujas, atizadores; que torturan muchachas, que luego entierran. Como el atizador o los cuchillos, esas viejas son instrumentos de una posesión. Esta sombría ceremonia tiene una sola espectadora silenciosa.

 

 

LA VIRGEN DE HIERRO

Había en Nuremberg un famoso autómata llamado "la Virgen de hierro". La condesa Báthory adquirió una replica para la sala de torturas de su castillo de Csejthe. Esta dama metálica era del tamaño y del color de la criatura humana. Desnuda, maquillada, enjoyada, con rubios cabellos que llegaban al suelo, un mecanismo permitía que sus labios se abrieran en una sonrisa, que los ojos se movieran.

La condesa, sentada en su trono, contempla.

para que la "Virgen" entre en acción es preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar. Responde inmediatamente con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente alza los blancos brazos para que se cierren en un perfecto abrazo sobre lo que está cerca de ella ---en este caso una muchacha---. La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar le cuerpo vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como los suyos.

Ya consumado el sacrificio, se toca otra piedra del collar: los brazos caen, la sonrisa se cierra así como los ojos, y la asesina vuelve a ser la "Virgen" inmóvil en su féretro.

 

 

LA JAULA MORTAL


...Des blessures écarlates et noires écla-
tent dans les chairs superbes.
Rimbaud

Tapizada con cuchillos y adornada con filosas puntas de acero, su tamaño admite un cuerpo humano; se la risa mediante una polea. La ceremonia de la jaula se despliega así:

La sirvienta Dorkó arrastra por los cabellos a una joven desnuda; la encierra en la jaula; alza la jaula. Aparece la "dama de éstas ruinas", la sonámbula vestida de blanco. lenta y silenciosa se sienta en un escabel situado debajo de la jaula.

Rojo atizador en mano, Dorkó azuza a la prisionera quien, al retroceder ---y eh aquí la gracia de la jaula---, se clava por si misma los filosos aceros mientras su sangre mana sobre la mujer pálida que la recibe impasible con los ojos puestos en ningún lado. Cuando se repone de su trance se aleja lentamente. Han habido dos metamorfosis: su vestido blanco , ahora es rojo y donde hubo una muchacha hay un cadáver.

 

 

TORTURAS CLÁSICAS

Fruits purs de tout outrage et vierges de gerçures.
Dont la chair lisse et ferme appelait les morsures!

Baudelaire

Salvo algunas interferencias barrocas --tales como la "Virgen de hierro", la muerte por agua o la jaula-- la condesa adhería a un estilo de torturar monótonamente clásico que se podría resumir así: 

Se escogían varias muchachas altas, bellas y resistentes --su edad oscilaba entre los 12 y los 18 años-- y se las arrastraba a la sala de torturas en donde esperaba, vestida de blanco en su trono, la condesa. Una vez maniatadas, las sirvientas las flagelaban hasta que la piel del cuerpo se desgarraba y las muchachas se transformaban en llagas tumefactas; les aplicaban los atizadores enrojecidos al fuego; les cortaban los dedos con tijeras o cizallas; les punzaban las llagas; les practicaban incisiones con navajas (si la condesa se fatigaba de oír gritos les cosían la boca; si alguna joven se desvanecía demasiado pronto se la auxiliaba haciendo arder entre sus piernas papel embebido en aceite). La sangre manaba como un geiser y el vestido blanco de la dama nocturna se volvía rojo. Y tanto, que debía ir a su aposento y cambiarlo por otro (¿en qué pensaría durante esa breve interrupción?). También los muros y el techo se teñían de rojo. 

No siempre la dama permanecía ociosa en tanto los demás se afanaban y trabajaban en torno a ella. A veces colaboraba, y entonces, con gran ímpetu, arrancaba la carne --en los lugares más sensibles-- mediante pequeñas pinzas de plata, hundía agujas, cortaba la piel de entre los dedos, aplicaba a las plantas de los pies cucharas y planchas enrojecidas al fuego, fustigaba (en el curso de un viaje ordenó que mantuvieran de pie a una muchacha que acababa de morir y continuó fustigándola aunque estaba muerta); también hizo morir a varias con agua helada (un invento de su hechicera Darvulia consistía en sumergir a una muchacha en agua fría y dejarla en remojo toda la noche). En fin, cuando se enfermaba las hacía traer a su lecho y las mordía. 

Durante sus crisis eróticas, escapaban de sus labios palabras procaces destinadas a las supliciadas. Imprecaciones soeces y gritos de loba eran sus formas expresivas mientras recorría, enardecida, el tenebroso recinto. Pero nada era más espantoso que su risa. (Resumo: el castillo medieval; la sala de torturas; las tiernas muchachas; las viejas y horrendas sirvientas; la hermosa alucinada riendo desde su maldito éxtasis provocado por el sufrimiento ajeno.)

... sus últimas palabras, antes de deslizarse en el desfallecimiento concluyente, eran: "Más, todavía más, más fuerte!"

No siempre el día era inocente, la noche culpable. Sucedía que jóvenes costureras aportaban, durante las horas diurnas, vestidos para la condesa, y esto era ocasión de numerosas escenas de crueldad. Infaliblemente, Dorkó hallaba defectos en la confección de las prendas y seleccionaba a dos o tres culpables (en ese momento los ojos lóbregos de la condesa se ponían a relucir). Los castigos a las costureritas --y a las jóvenes sirvientas en general-- admitían variantes. Si la condesa estaba en uno de sus excepcionales días de bondad, Dorkó se limitaba a desnudar a las culpables que continuaban trabajando desnudas, bajo la mirada de la condesa, en los aposentos llenos de gatos negros. Las muchachas sobrellevaban con penoso asombro esta condena indolora pues nunca hubieran creído en su posibilidad real. Oscuramente, debían de sentirse terriblemente humilladas pues su desnudez las ingresaba en una suerte de tiempo animal realzado por la presencia "humana" de la condesa perfectamente vestida que las contemplaba. Esta escena me llevó a pensar en la Muerte --la de las viejas alegorías; la protagonista de la Danza de la Muerte. Desnudar es propio de la Muerte. También lo es la incesante contemplación de las criaturas por ella desposeídas. Pero hay más: el desfallecimiento sexual nos obliga a gestos y expresiones del morir (jadeos y estertores como de agonía; lamentos y quejidos arrancados por el paroxismo). Si el acto sexual implica una suerte de muerte, Erzébet Báthory necesitaba de la muerte visible, elemental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figurada que viene a ser el orgasmo. Pero, ¿quién es la Muerte? Es la Dama que asola y agosta cómo y dónde quiere. Sí, y además es una definición posible de la condesa Báthory. Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, representaba y encarnaba a la Muerte. Porque, ¿cómo ha de morir la Muerte? 

Volvemos a las costureritas y a las sirvientas. Si Erzébet amanecía irascible, no se conformaba con cuadros vivos, sino que: 

A la que había robado una moneda le pagaba con la misma moneda... enrojecida al fuego, que la niña debía apretar dentro de su mano. 

A la que había conversado mucho en horas de trabajo, la misma condesa le cosía la boca o, contrariamente, le abría la boca y tiraba hasta que los labios se desgarraban. 

También empleaba el atizador, con el que quemaba, al azar, mejillas, senos, lenguas... 

Cuando los castigos eran ejecutados en el aposento de Erzébet, se hacía necesario, por la noche, esparcir grandes cantidades de ceniza en derredor del lecho para que la noble dama atravesara sin dificultad las vastas charcas de sangre.

 

 


EL ESPEJO DE LA MELANCOLÍA

¡Todo es espejo! -Octavio Paz-
...vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma... Tan confortable era que presentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse. Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o -sobre todo- los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos. Y a propósito de espejos: nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por lo contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en su ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles, son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima. También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.

Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía el mal del siglo XVI: la melancolía.

Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si , además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.

Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir -en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.

 

 


MEDIDAS SEVERAS


... la loi, froide par elle-même,
ne saurait être accessible aux
passions qui peuvent légitimer
la cruelle action du meurtre.
Sade


Durante seis años la condesa asesinó impunemente. En el transcurso de esos años no habían cesado de correr los más tristes rumores a su respecto. Pero el nombre Báthory, no sólo ilustre sino activamente protegido por los Habsburgo, atemorizaba a los probables denunciadores.

Hacia 1610 el rey tenía más siniestros informes --acompañados de pruebas-- acerca de la condesa. Después de largas vacilaciones decidió tomar severas medidas. Encargó al poderoso palatino Thurzó que indagara los luctuosos hechos de Csejthe y castigase a la culpable.

En compañía de sus hombres armados, Thurzó llegó al castillo sin anunciarse. En el subsuelo, desordenado por la sangrienta ceremonia de la noche anterior, encontró un bello cadáver mutilado y dos niñas en agonía. No es esto todo. Aspiró el olor a cadáver; miró los muros ensangrentados; vio "la Virgen de hierro", la jaula, los instrumentos de tortura, las vasijas con sangre reseca, las celdas --y en una de ellas a un grupo de muchachas que aguardaban su turno para morir y que le dijeron que después de muchos días de ayuno les habían servido una cierta carne asada que había pertenecido a los hermosos cuerpos de sus compañeras muertas...

La condesa, sin negar las acusaciones de Thurzó, declaró que todo aquello era su derecho de mujer noble y de alto rango. A lo que respondió el palatino: ...te condeno a prisión perpetua dentro de tu castillo.

Desde su corazón, Thurzó se diría que había que decapitar a la condesa, pero un castigo tan ejemplar hubiese podido suscitar la reprobación no solo respecto a los Báthory sino a los nobles en general. Mientras tanto, en el aposento de la condesa fue hallado un cuadernillo cubierto por su letra con los nombres y las señas particulares de sus víctimas que allí sumaban 610... En cuanto a los secuaces de Erzébet, se los procesó, confesaron hechos increíbles, y murieron en la hoguera.

La prisión subía en torno suyo. Se muraron las puertas y las ventanas de su aposento. En una pared fue practicada una ínfima ventanilla por donde poder pasarle los alimentos. Y cuando todo estuvo terminado erigieron cuatro patíbulos en los ángulos del castillo para señalar que allí vivía una condenada a muerte.

Así vivió más de tres años, casi muerta de frío y de hambre. Nunca demostró arrepentimiento. Nunca comprendió por qué la condenaron. El 21 de agosto de 1614, un cronista de la época escribía: Murió al anochecer, abandonada de todos.

Ella no sintió miedo, no tembló nunca. Entonces, ninguna compasión ni emoción ni admiración por ella. Sólo un quedar en suspenso en el exceso del horror, una fascinación por un vestido blanco que se vuelve rojo, por la idea de un absoluto desgarramiento, por la evocación de un silencio constelado de gritos en donde todo es la imagen de una belleza inaceptable.

Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Báthory alcanzo, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible.

POEMAS VAMPÍRICOS

POEMAS VAMPÍRICOS

I


Te deseo como deseo la sangre,
te amo como amo la noche
te busco... como el Cáliz buscan los cristianos 
Deseo coger tu cuello hecho de Fino Mármol blanco,
hundirme en él, en un beso helado
y sentir brotar tu sangre
.....lentamente



II


A Lilith
Reina de nuestros corazones condenados


Sin rumbo vago a través de Lunas y soledades
Acógeme en tu Regazo...
Tú la primera mortal que amó la oscuridad
Siguiendo la senda de los Ángeles caídos
Guíame hacia tu belleza ....
"Juntos caminaremos por avernos ardientes,
beberemos manantiales de color carmesí
y riéndonos danzaremos a través
de la luna y las estrellas"



III


Errantes vagamos entre los mortales
Sintiendo sus latidos y temores
pero nunca pertenecimos a ellos
nunca....
Nunca ni cuando éramos iguales a ellos
y no escondíamos nuestros lívidos rostros del Sol

Ellos no desean conocernos
como nosotros no deseamos que nos conozcan
Ellos no son felices
como tampoco lo soy yo.

MURCIÉLAGA

MURCIÉLAGA

En tus tibias alas mi cuerpo se consume

y mi sangre encuentra un motivo más

y un motivo menos

para salir a chorros a través de mi boca

de mis orificios nasales

de las pupilas densas que escapan de lo real

y se adentran en lo absurdo

con el solo objetivo de congelar mis orgasmos

en un grito de dolor y placer contenido.  

Sé de la finura de tus colmillos

y de la mancha de sangre que queda aún

sobre mi vientre exhausto.   

Llévame en viajes sórdidos

a través de tus cloacas inmensas

donde reposan los cadáveres

de tus amantes furtivos. 

Ahí descansaré eternamente

mezclada con los corazones pútridos

con la humedad de tus poros

con tus brazos extensos que capturan

el agua salada que mi fuente origina.  

Me disolveré

por siempre y para siempre 

en tus labios escarlatas. 

Seré para tu sed

el agua que te hace falta

para tu hambre la carne joven

beberás de mi sangre oscura

te enredarás en mis cabellos

me desgarrarás la piel con uñas y dientes

y sentiré por fin

sumergida en sádicos goces

(después de la hora luna)

que soy la prostituta babilónica

natural y expectante

de tu anatomía bañada en sangre

de la infinidad de tus hechos macabros.  

Catalina Camargo