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El Rincón del Diablo

El Graffiti

El Graffiti

 

 

Habría sido ese gesto afeminado que soltaba espontáneamente en el aula, cuando aún era un jovencito floreciente intentando concluir la secundaria, el que había progresivamente transformado, a Luís de La Puente Armado en "Lucha", o había sido la curiosa experiencia casi providencial de haber leído aquel violento graffiti en el baño de un deprimente mercadillo de su natal Chimbote, que decía: "La pinga debe ser rica lo que pasa es que no lo hemos probado" firma, Iván.

    Lo cierto es, que la verdadera razón de su equivocada inclinación sexual, provenía como un cosquilleo juguetón, gradualmente desde su infancia, y aquellas frases como: "Profesor quiero dar examen oral, porque me gusta el oral" encubierto en un claro doble sentido, más su tono casi morboso, era el indicio que en el cuerpo y en el alma del alumno De La Puente Armado, se estaba gestando una verdadera hembra, porque de Armado no tenía ni la esperanza ansiada de aquellas bellas mujercitas que insinuantes se le acercaban, atraídas por su rostro blanco y definitivamente bien parecido.

    Lucha entró en aquel salón abrumada por las luces multicolores que chispeaban su rostro, obstaculizándolo observar a  tanta gente que como estatuas engastadas de luces permanecían inamovibles. Avanzó hacia el centro, y dudó en continuar, pero una voz familiar que brotó desde la barra anunciando su llegada, la hizo continuar, y se dirigió hacia aquel espacio abarrotado de botellas, más iluminado, descubriendo con mayor claridad su albo rostro exagerado por el maquillaje, sus labios púrpuras como luces encendidas, sus cejas negras y oblicuas como un definitivo trazo de carbón,  y esos falsos párpados arqueadísimos que la hacía más mujer. Un hombre joven, un tanto moreno, dejó su copa en la mesa y se apartó de la barra para interceptar su llegada con un abrazo emotivo y torpe, dándole además un besó en la aguda línea donde terminaban sus labios, sus toscas manos de hombre curtido recorrieron rápidamente su espalda semidesnuda hasta impregnarse en esas nalgas voluminosas haciéndola estremecer. Luego de susurrarle unas frases al oído, la hizo sentar al lado suyo añadiéndole finalmente una sonrisa de complicidad.

     Afuera, la garúa de aquel duro invierno había ahuyentado  a mucha gente, sólo algunos menesterosos recorrían la calle sucia en busca de algunos trastos. La fachada de aquel antro clamoroso, sucio y deprimente, contrastaba con el anuncio luminoso y  acogedor. En el interior, en esa vorágine de hombres embriagados amasando senos y nalgas ardientes, encubiertos por una luz tenue, Lucha continuaba disfrutando de los tragos y el placer indescriptible que le producía, al sentir que un hombre rudo la trataba como una verdadera dama. La noche  había despojado su traje negro y misterioso, y  el alba con su piel blanca, asomaba afuera. Lucha extrajo del bolsillo de su ceñido jeans focalizado, un pequeño celular que su padre le había obsequiado con la finalidad de no reprobar el año, presionó una tecla, y la luz de la diminuta pantalla le permitió ver la hora: - "Tres y cuarenta y cinco de la madrugada, mierda sólo me dieron permiso hasta las doce"- se dijo para sí, muy preocupada. Alguien entendiendo su intención, la conminó a quedarse, pero aquel hombre moreno de quien, por impulso casi natural, dependía en ese momento, la llevó nuevamente a la pista. Bailaban muy apretujados, y ella aprovechó para solicitarle al oído con esa voz afeminadamente dulce, que la llevara a su casa, al tiempo que sus ralos cabellos envolvían la cara del hombre permitiéndole aspirar un penetrante perfume de mujer, y algo se abultó entre sus piernas, y él apretándola más le dijo que la llevaría de inmediato, pero antes le planteó una condición evidente, a la que ella entre asustada y curiosa recordando aquel graffiti accedió.

   Ambos salieron del salón en un descuido, tomados de la mano afuera recibieron la ascendente claridad de la madrugada, aun caían  algunas gotas casi impalpables. Caminaron unos metros y abordaron un taxi. La música suave, cargada de sentimiento, que salía del autoradio hizo que sus cuerpos se juntaran, él aprovechó para deslizar su mano derecha por sobre sus hombros para acercar su rostro, mientras que con la otra mano le frotaba delicadamente los senos, se miraron ambos con los ojos iluminados, ansiosos se besaron con esos labios devoradores que ambos habían reservado para ese momento. Al taxista, esos movimientos sinuosos y frenéticos, que alcanzaba  ver a  través del retrovisor, no le inquietaba en lo mínimo, había sido testigo de cosas  mayores o peores.

     El taxi se estacionó al frente de un modesto hotel, cercano al barrio donde vivía Lucha. Ella envuelta aun en ese vértigo de excitación, bajó confundida. El hombre pagó al taxista, luego entraron al hotel.- "Número 15" - ella leyó el número, escrito con plumón grueso en una puerta semiabierta  claramente deteriorada; empujaron y un tenue olor a semen aspiraron ambos,- "Puta, que no somos los únicos"- murmuró el hombre y se tendió en la cama que crujió como si se rompiera. Lucha se volcó suavemente encima y buscó sus labios para besarlo con esa pasión furiosa con que había aprendido a besar hace unas horas, luego le desabotonó la camisa blanca perfumada, le besó el pecho imberbe pero inflamado y duro, lo liberó de la camisa y desesperada le abrió la bragueta para extraer aquel miembro enardecido y palpitante; lo frotó con sus delicadas manos logrando elevarlo mas, luego aquellos labios encendidos se apoderaron de aquella protuberancia rosada que lo disfrutó como una fruta deliciosa.

     El hombre que se dejaba manipular por los juegos inexpertos de Lucha, experimentaba una exaltación poderosa insostenible, entonces se levantó rápidamente y empezó a desvestirla, extrayéndole con violencia la diminuta blusa, al tiempo que su boca buscaba esos senos perlinos para succionarlos hasta casi morderlos, y en un mágico convencimiento logró que ella misma se bajase los pantalones, y con una vuelta de ballet logró poner a disposición ese prominente trasero, sonrosado, húmedo, hirviendo de lujuria, dispuesto a ser embestido por ese enhiesto y flameante miembro que blandía desesperado, esperando introducirse en esa misteriosa cueva a la que jubiloso y triunfante descubriría por vez primera. La tomó de la cintura dispuesto a empalarla, pero un dolor acompañado de un quejido lo detuvo, ella le solicito que fuera mas leve, que era la primera vez, y que untara aquella herramienta con algo suave, resbaloso. El estaba desprevenido, pero ardiendo de deseo, su cuerpo se calentaba más, la sangre le latía incesantemente hasta casi explotar las venas, de pronto aquel miembro enrojecido y duro, que esperaba ser empotrado, se cubrió de un líquido salivoso y después de poco esfuerzo desolló esa cueva virgen, abriendo el camino que señalaba la ruta donde ingresaría toda la masculinidad del mundo. Un dolor placentero invadió a Lucha, que hundido el rostro en la almohada, disfrutaba proporcionándole leves movimientos a su hombre, mientras éste embestía cada vez con mayor fuerza, amasando al mismo tiempo aquellos blancos senos, pero no de mármol ni de marfil, como en un poema sobre Dalí que había leído, sino llenos de siliconas, tampoco las nalgas le parecían naturales, como las que el propio pintor empalaba a sendas mujeres al filo del abismo, tampoco en eso se parecía, porque era sólo un poema, ahora era todo real, porque él seguía montando esa loca humanidad, trastocada por la naturaleza. Una potra  blanca que se hizo para él, y loco, con los ojos casi desorbitados seguía jadeando, hasta que en un impulso final expulsó en esa ajustada cueva su líquido viscoso cual ardiente lava quemándole las entrañas hasta dejarla bajo el agotamiento. Ambos quedaron abatidos, mientras de aquella cueva dulcemente  profanada, algunas manchas de sangre  resbalaban por entre esas nalgas blandas y desgarradas, en tanto Lucha veía con un rictus de felicidad, aquel capullo manchado con algo suyo, iluminado de rojo como un semáforo en peligro.

Teófilo Villacorta Cahuide 

 

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1 comentario

Elizabeth H.M -

me encanta su manera de pensar y espresarse de beria salir mas y hanlar mas sobre grafitis
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