La Balada del Anormal (2000-2001)

Es silenciosa la ciudad. Como el aliento
de un compañero, la brisa me despeina, breve y ligera.
Esta brisa que en otra ciudad
hubiese recibido un nombre propio,
y aquí apenas si despierta recuerdos
que a solas todavía me avergüenzan.
Paso las horas distinguiendo tus contornos
en la oscuridad, como quien desea asirse
a la forma de un sueño; y a medianoche
me invade el miedo
de ser dueño de una pasión estéril.
Por eso escribo, pienso, para otorgarnos fertilidad,
aunque sé que mis versos no son
sino las huellas y los rastros de una desesperación
que ya ningún placer provoca.
En la casa silenciosa donde escribo, ahora
que no escucho el canto de quien me llamaba
para descansar juntos en el mismo lecho,
qué me puede conceder el poema,
aparte de la sensación de ser una muchacha
de pelo muy rojo, sentada en una silla,
mirando una vela consumirse y reflejando
el lento paso de un hombre a mis espaldas.
Qué más me puede conceder
sino una presencia amable a medianoche,
y en la mañana al despertar el recuerdo
por aquella mujer que no fui.
José Carlos Yrigoyen
De: Los días y las noches de José Carlos Yrigoyen
(Álbum del Universo Bacterial, 2003).
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