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El Rincón del Diablo

RASGOS DESORDENADOS

RASGOS DESORDENADOS  

 

                               De autobiografías y figuretis

 

Por un lado la soterrada marginalidad, y por otro, el desenfrenado figuretismo que desemboca en extravagancias absolutamente increíbles, no sólo es privilegio de los grandes genios; ya que la fotografía imaginaria nos muestra a un grueso número de personajes por demás pintorescos que se mueven en diversos campos profesionales, y desde ese balcón, nada risible, no dejan de mostrarse como unos posesos narcisistas.

 

Pero es en el campo del arte donde hallamos una nutrida veta de fantasía personal, como hoja de vida, que circulan de voz en voz o de mano en mano en voluminosos tomos autobiográficos, cuyas confesiones de parte sólo son de fiar cuando revelan cosas vergonzosas; porque un hombre que expresa una buena imagen de si mismo, probablemente miente, más aun cuando enarbola su alucinada bandera de triunfo. De hecho, la exageración pasado por el filtro de la fantasía atrapa la atención de muchos, de allí que convierten su autobiografía en un strip tease con focos de colores fosforescentes. Sin embargo la sociedad industrial ha hecho que la perversión de esos instintos tenga un gran valor.

 

En nuestro medio son pocos los que se sienten cautivados por este rasgo desordenado de fantasía, la población los identifica como una asfixiante luz en pleno día, aparecen de pronto en cualquier lugar y cualquier momento, hacen gala de eso que dice que "de poetas y locos todos tenemos un poco", aunque sin proponérselo lesionan el protocolo de cuanta reunión o ceremonia se presente.

Hay también. quienes osadamente se atreven a expresar el esquema de vida de los demás, y con un delirio de aberraciones narran acontecimientos que causan imprevistas carcajadas  en algunos, y otros sencillamente se horrorizan, y son estos últimos los que forman parte de ese pedazo de sociedad hipócritamente sofisticada.

 

Volviendo a la autobiografía, entre muchos que se atrevieron  a plasmar tremebundas confesiones, imbuido por un intencional vesanismo, está nada menos que el genial Salvador Dalí, pintor surrealista que falleciera a  la edad de 84 años, un 18 de abril de 1989 y cuyo episodio de vida discurre por ese polémico y "desvergonzado" libro, del cual no importa si son verídicos o imaginarios, lo importante es que ésas son las cosas que le hubiese gustado hacerlas:

 

Cuando Dalí tenía seis años causó revuelo la aparición del cometa Halley, de pronto apareció en el umbral de la sala un empleado de su padre y anunció que desde la terraza se podía ver el cometa. Mientras cruzaba el vestíbulo vio a su hermanita gateando por una puerta, en silencio. Se detuvo, vaciló un instante y le propinó una tremenda patada en la cabeza, como si fuese una pelota y luego siguió corriendo imbuido de gozo delirante que le había causado aquel acto salvaje.

A los cinco años atrapa a un murciélago herido y lo mete en un balde. A la mañana siguiente ve que el animal está casi muerto y cubierto de hormigas que lo devoran. Se lo introduce en la boca, con hormigas y todo, y lo muerde hasta casi partirlo por la mitad.

Estos son sólo dos pincelazos del libro autobiográfico de Dalí, en la que hay que añadir la costumbre, aun en edad adulta, de masturbarse frente al espejo

 Aunque a estas alturas te  haya causado cierto horror, estamos ante los rasgos más desordenados de una autobiografía confesa o no, hipócrita lector.

 

                               Teófilo Villacorta Kawide

 

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