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El Rincón del Diablo

El Rey Nabokov

El Rey Nabokov

 

¿Quiere conocer usted la real obsesión de Vladimir Nabokov? A continuación, un artículo extraído de la revista Casa de Asterión Nº 7, donde nos habla de las verdaderas bajas pasiones del escritor ruso.

 

Apertura. Cuando se habla de Nabokov, del escritor ruso Vladimir Vladimirovich Nabokov (Rusia, 1899), "la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes"* y se pronuncia el nombre de aquella nínfula que sacude y estremece nuestro cuerpo que, de pronto, se libera de todo principio moral y viaja a las profundidades de la sensibilidad artística. Lolita. Lo-Li-Ta. Sin embargo, hay quienes prefieren evocarlo -nabokovianos profesos-por las otras aficiones que practicaba, paralelas al arte de la escritura.

Algunos recuerdan al profesor polémico que  ridiculizaba a los grandes escritores como Fiador Dostoievski o Miguel de Cervantes y trataba al padre del sicoanálisis, Sigmund Freud, como a un escritor de comedias.

Otros evocan la imagen de Nabokov en el campo, vistiendo pantalones cortos, gorra de marinero y colgado de una red cazamariposas, realizando labores de lepidóptero autodidacta.

Y otros, lo recuerdan sentado frente al mundo de 64 escaques y 32 soldados asesinos. Ajedrez.

 

Medio juego. La relación del escritor ruso con este deporte es muy íntima e intensa, tanto que le dedicó un libro completo. La defensa, -Zashchita Luzhina- (1930), es una novela que narra la historia de un Gran Maestro que posee una pasión incontrolable por el ajedrez, lo que le afecta emocionalmente y convierte su vida en un mundo de problemas difíciles y decisiones arriesgadas. Para el protagonista, Aleksandr Luzhin, el mundo es un campo de batalla en contraste con la armonía que halla en los cambios, lances, jaques y mates del ajedrez. Gracias a su cercanía con este deporte, Nabokov pudo conocer a fondo la psicología de un jugador profesional y plasmarlo en un personaje tan verosímil y complicado como Luzhin.

Jorge Luis Borges, otro escritor relacionado con el estratégico juego, dedicó dos sonetos a este laberíntico deporte y, sin embargo, el escritor argentino confesaba que no era un buen jugador. En cambio, Nabokov no era cualquier aficionado, era un jugador íntegro, capaz de pasar noches de insomnio sólo para urdir los más complicados problemas que ponía en aprietos a cualquier concentrado campeón.

La otra manera en que Nabokov introdujo el ajedrez en la literatura fue a través de los juegos de palabras, donde las metáforas complejas conformaban un conjunto de técnicas basada en estrategias de aquel escenario cuadrado que representa una guerra medieval. Para Nabokov, los problemas del ajedrez exigían las mismas cualidades que caracterizan a cualquier actividad artística.

Si comparamos la vida del escritor con este juego de mesa, también hallaremos similitudes. Él provenía de una familia aristocrática, por lo cual asumiría de forma directa el papel de rey y su esposa, Vera Slonim, sería la reina y no por ser la esposa solamente, sino porque ella en la mayoría de los casos fue, como lo es en el ajedrez, la más fuerte de la pareja. Era el agente literario, chofer, editora y traductora de los libros de Nabokov. Vera fue la responsable de que el escritor ruso-norteamericano lograra expresar su genio y figura.

 

Finales. El ajedrez y la literatura han convivido durante mucho tiempo, ya que ambas son relacionadas con los cafés, la noche, la locura y los intelectuales. García Márquez, Milan Kundera, Lewis Carrol, Allan Poe, Ricardo Palma, Stefan Zweig, etc., fueron escritores que también crearon historias y personajes ligados a este mágico juego.

No se descarta que Vladimir Nbokov hubiera querido convertirse en un jugador importante -como hasta ahora lo hacen sus compatriotas- y, quizás, trascender como lo hizo con la literatura. Por fortuna -para los nabokovianos profesos- dedicó su vida a la creación de obras originales que le dieron categoría de genio de la Literatura Universal (aunque no había necesidad de que alguien le adjudique algo: "Pienso como genio, escribo como un autor distinguido y hablo como un niño", dijo alguna vez).

 

Jaque mate. El rey murió en 1977. Vera, la reina y la más fuerte, dejó el tablero en 1991. Ambos jugaron 52 años juntos a favor del arte literario.

 

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