El Rincón del Diablo |
Bitácora Subte de Literatura |
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’Nadie llega al paraiso con los ojos secos’ - Thomas Adams LA ÚLTIMA NANA al vacío. © Erick Strada ___________________________________________________________________ Erick Strada. Arequipa, 1982. Dio a conocer sus primeros escritos en un semanario local, donde colaboró y publicó algunos artículos, cuentos y poemas. Obtiene una mención honrosa en el Primer Concurso de Cuento Fantástico Arequipa 2005. Fue incluido en las antologías: "Nueva Poesía Hispanoamericana" (13ª, 14ª, 15ª ed.), compilada por el poeta Leo Zelada, Lord Byron Ediciones, Madrid - España; "Hojas de Otoño" (2005), "Te mandaré mi aliento" (2006) y "Más allá del Cristal" (2007) libros editados por la Asociación Cultural Poesía en la Red, con sede en España, y revistas nacionales como Mítica (Arequipa, 2008). Participa en diversos foros literarios y parte de su obra se difunde a través de revistas electrónicas, foros y programas de radio. No dormiré No dormiré Antes vencí el tiempo No dormiré ¿Qué será de mí cuando despierte? © Erick Strada Pienso en las voces invertidas desde el odio que disfraza la pasión al murmullo proscrito de verdad encajado en los tactos naturales, cónclave de sueños infantiles. Sucede cuando a veces las palomas llevan alas de canciones y las nubes reflejan el submundo imitando pastos y humedales, imitando rostros esbeltos, caracoles desnudos en la nieve. La tórrida caricia llega sin aviso mientras la secuencia vaga por clásicos peldaños de lluvia salada hasta que el cielo se desgaja en gritos, traiciones y trozos de fe. © Erick Strada Palabras desnudas, Rostros imitando el alma Voces áridas, sedientas, pero frías. © Erick Strada A Alejandra Pizarnik Un día que agregar a medio párrafo Hoy el árbol colorido © Erick Strada Creó la noche y está desnuda en espera de vivir inútilmente junto al alba. La tierra se adormece y no despierta para moldear los vientres azules que anidan en la orilla. Hay murmullos y temblores, hay mares de impaciencia en el sueño cautivo. Cercano el siglo los inviernos florecen en su pelo, y ella está serena. El veneno se destila mientras las olas sacrifican su belleza. Tiene retazos de tiempo entre los dedos y la boca esconde la mentira de otra boca. Tengo sus párpados escritos en mi historia, designios de rocas y de sal, y no amanece, está desnuda y no despierta. © Erick Strada No niño todavía, quítame las vendas que sofocan estos meses impuros y arrogantes, estos falsos calendarios anudados en mi brazo. No niño todavía, quítame de aquella sepultura, porque nunca hay días muy azules allí dentro, y siento la tierra a veces penetrar en mi garganta; siento rabia de lo oscuro, siento la lengua del olvido escondiéndose en mi boca. Sé la aguja que remiende los recuerdos mal cosidos, sé mis ojos, sé mi llanto cuando yo esté seca de vivir; dibújame de nuevo el mundo, mi niño, mi no niño todavía, sé lo que quieras ser cuando yo ya no lo sea. Mañana por la tarde quizá me encuentres muy cambiada, una noche entre la noche cubriendo las esquinas en que existas, pero no hay izquierda sin derecha, niño mío, tú lo sabes más que yo, lo sabes sin saberlo, sin decir una palabra, y todo pasa tal vez con uno o dos raspones que muestren tu dolor y carne viva. Las calles de este mundo son estrechas, mi querido, mi no niño todavía, imposibles de cruzar sin tropezarse, sin matar algún insecto en el camino, vida por vida, si se quiere. A veces soy un trapo, una estrella, pálida luna, madrugada sin fin; a veces yo soy tú, querido niño mío. No me dejes nunca sola, ni cuando haga de tus besos sólo un nudo, si te ciego, si te odio, si te quiebro, no me dejes sola, mi dulce niño, mi no niño todavía. © Erick Strada Llanto de inocentes. Aplausos. Monigotes de barro, telones de agua sucia. Luces fingidas, escenario de metal. Público sin ojos, asientos vacíos. Ha muerto el héroe. Aplausos. "Nueva Poesía Hispanoamericana" 13ª Edición, 2006 © Erick Strada Y el mar sangró en la orilla a pesar de la brisa que criaste con ternura. La arena ennegrecida no supo más de ti, olvidó tus huellas y tus manos tras olas frías desprendidas del ayer. Y los barcos que mendigaban sus destinos desprendieron de sus cuerpos frágiles maderos que duermen en el fondo de un abismo esperando flotar con fe perdida y ver el rojo ocaso de algún cielo. Caracolas silenciosas a mis pies, eternas e infinitas, guardan las palabras de su miedo. El mar sigue sangrando y hasta el sol que vive en su reflejo agoniza. © Erick Strada Se debe estar solo por las tardes Se debe cuidar Y por la noche © Erick Strada |
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