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El Rincón del Diablo

La Balada del Hombre Lobo

La Balada del Hombre Lobo  

I. Descenso

Lejanos Gritos... y en suave mito
neblinosos... olvidados...
mudos se yerguen... y llaman...
claman... por los desterrados...
en la niebla, ahí los veo
por encima de ellos me paseo
sin siquiera haberme movido
y ya temo haber perdido... la razón
(tum) el corazón late, sin emoción
mientras se pierde lo consciente
y veo espectros, los veo siempre
pierdo el centro... y mis ojos
sin haberse abierto, sin estar cerrados
aun ven rostros enterrados...
que se mueven ahí concéntricos
nocturno espectáculo tétrico...
enterrados hasta el cuello...
así los veo, y me ven ellos...
desde tan lejos adonde llevo
mi presencia, y mi ausencia...
me castro, y no es nada nuevo
tiemblo, y no me da miedo
mis ojos, sin ser cristales
siento se nublan, llanto de hielo
y espero, rostros me llaman
en un lamento, niebla se espesa
a ratos.... me pesa
a ratos, ligero... me desespero
y la pregunta que nunca llega,
aún me espera...
a ver si llego, y no me atrevo
si es que avanzo o retrocedo
y me están viendo, los siento ciegos...

II. Sombra

Ya, está aflorando, aquí lo siento
no es certero, no es sentimiento
y en un momento,
ahí me quedo, avanzo, me quiebro
no siento...
Y ahí mi aullido penetra el viento...

III. Penumbra

Y en un suspiro, aúlla el viento
esos cuentos que te contaron
no son tan ciertos...
sí existen...
aún peor de lo que suena...
me muero, revivo, con cada luna llena
mi dolor mengua, y duele,
y duele, tan sólo oler el viento...
saber que vivo aunque en mí estoy muerto
saber que vivo éste dolor ajeno,
y ajeno me quedo, ajeno pido
pido el destierro, pido al destino
con mi aullido fiero, la muerte invoco
mi maldita esencia que vuelve loco
y maldito vivo, y maldito muero
maldigo la luna, maldigo mi cuero
que la piel me arranco, por los poros sangro
sangre mis ojos, sangre mi antro
que me encierra sólo en penumbras
y entre rojo miedo esa luz me alumbra...
esa luna no puede ser tan eterna....
tan alterna como su vida es mi muerte...
y en presencia de su faz inerte
al patetismo beso...
y lo sublime se asquea de mis rezos...

IV. Ascensión

Clemencia no pido al señor de los cielos
pues mi culto es otro, oculto hiero...
mi culto es esa luna ya ida
que brilla en el fondo de los infiernos
y le hace techo, y a eso llaman vida
por ella me arrastro, por ella soy ello
una criatura, vestida de anhelos
de la espectral noche, del oscuro cielo
de los desterrados, me alzo en el trono
que no tiene silla, que no tiene cromos
ni figurillas ni rey sentado...
tiene tan sólo un enfermo postrado
que en su delirio se cree poderoso
y que a la luna recibe tembloroso...
convulsionado... encadenado...
preso de la mente de un dios desquiciado
que se sienta en la silla celestial
y se dedica a planear su mundo irreal...
a mí... me sienta a su izquierda
y aun sin brazo me precipita a tierra...
y en mala hora el hombre yerra...
mientras Él juega, los olvidados...
los deja a oscuras, ya condenados...
no iluminados...
Ahí humillados, ya resignados...
tan solo quedan a la diestra...
de un dios creado a inexistencias...
allí inclinados, allí postrados...
queda el monstruo...
queda el hado... de un hombre
sin nombre... un recodo
del engendro, del demonio...
del lobo...

 

Emiliano León C. All Rights Reserved. Eternal_Light 2005.

 

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