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El Rincón del Diablo

De bestias, fieras y seres fantásticos

De bestias, fieras y seres fantásticos

 

Por: Michael Telias

 

En esta última entrega, nos adentramos en el mundo de las bestias, los gigantes, los monstruos y los animales extraordinarios. También ellos están presentes en nuestra Biblia.

 

En las primeras dos entregas de "Mitología Judía en el Tanaj" tratamos el tema de semidioses, ángeles y héroes. Recordamos sus apariciones, sus peripecias, y sobre todo las similitudes con el mundo de la mitología griega y otras mitologías. Desde un punto de vista antropológico o psicológico (o ambos), es entendible que estos seres divinos sean personificados. La personificación de la deidad es un viejo truco que nuestras mentes nos fabrican para poder seguir conectados a la realidad. La falta de lógica inherente a la creencia en un ser divino nos confunde y atemoriza, por lo que damos a esta creencia un envoltorio humano: cuerpo y cabeza, manos y piernas y hasta alas para volar. Mientras que en el judaísmo y en el cristianismo estas mismas personificaciones se oponen a convicciones básicas y son, por lo tanto, abstractas por definición; en otras culturas como la griega y la católica, las personificaciones son totalmente realistas y detalladas.

Sin embargo existen otros personajes fantásticos que pueden ser descritos más detalladamente, sin contradecir, de manera extrema, las prohibiciones de personificación e idolatría, y por lo tanto aparecen en el Tanaj frecuentemente. Estos personajes también aparecen, por supuesto, en otras mitologías. Dedicaremos esta tercera y última entrega de "Mitología judía en el Tanaj", a las bestias, animales, seres fantásticos, productos de la imaginación, los miedos, temores y esperanzas de aquellos que escribieron los libros que componen el Tanaj, hace 2.500 años. En nuestro mundo moderno y racional, no puede concebirse una creencia real en tales seres y sin embargo, nos apasiona la idea de criaturas supernaturales.

 

Animales fantásticos y su simbolismo

Los nórdicos europeos y los japoneses sostenían que en los bosques apartados se podía ver un animal con aspecto de caballo, cola de león y piernas de cabra, que en su frente poseía un cuerno de propiedades mágicas innumerables. En la India el unicornio era de color púrpura, ya que éste era el color de los vestidos reales. En Cuba, en el siglo XX, un cantor habló de un Unicornio Azul. Los griegos hablaron de un caballo sin cuerno, pero alado: Pegaso ayudó a Belerofonte a matar a Quimera. Al Bureq es el nombre del caballo alado que llevó a Mahoma durante el Ma'arag, su travesía desde Arabia hasta Al Aqsa en una noche.

Pero no todas las bestias mitológicas son buenas y ayudan a la humanidad. Lo contrario es lo correcto. En la mayor parte de los casos, estas criaturas mitológicas son herramientas en las manos de los dioses para atemorizar a los mortales, para proteger ciertos secretos o lugares, o para liberar batallas y guerras entre los dioses o entre mortales. Los campeones de la imaginación, está demás decirlo, fueron los griegos. El Cancerbero, el perro temible de tres cabezas, cuida las puertas del mundo de los muertos (Hades). El Grifo, cuerpo de león y cabeza y alas de águila, protegía las posesiones del dios Apolo. El Minotauro, cuerpo de hombre gigante y cabeza de toro, era prisionero en su propio laberinto, en donde devoraba jóvenes que eran sacrificados por el cruel rey Minos.

Estas criaturas no son solamente meras peripecias de la imaginación. Ellas encierran en su seno los miedos, pasiones y esperanzas de los hombres y mujeres que las crearon. Así, el unicornio simboliza la pureza, la inocencia y hasta la virginidad; el minotauro, las trágicas consecuencias del incesto y la lujuria; la quimera es la personificación del mal, mientras que los sátiros son el símbolo de la alegría y el regocijo. Los dragones chinos eran símbolo de los sueños, protectores de los hombres y hacedores del bien, mientras que los dragones nórdicos eran la amenaza a toda princesa desprevenida...

De la misma manera, los animales y bestias de la mitología judía tienen su propio simbolismo, que puede ser general o particular, etiológico o meramente narrativo. Lo importante es siempre tener en cuenta que existe una diferencia entre aquellos animales mitológicos que realmente aparecen en el Tanaj y aquellos que se dicen ser pertenecientes a la época tanájica. Así, por ejemplo, existe un mito que cuenta de cómo los unicornios sobrevivieron el diluvio. La historia popular nos habla de que a pesar de que Noé no incluyó a los unicornios en el Arca, estos nadaron debajo del Arca y de esa manera permanecieron protegidos hasta que la tierra se secó. Esta historia es, claro está, producto del folklor cristiano post-bíblico, y por supuesto no aparece en ningún pasaje del Tanaj.

 

 

Animales que hablan

En el Tanaj nos encontramos con varias historias de animales que tienen la habilidad, fija o temporal, de hablar. El caso más conocido es el de la serpiente, que convence a la mujer, la cual come del fruto del árbol prohibido y le da de comer a Adán, con lo cual ambos pecan y son expulsados del Paraíso (Gen. III, 1-5). A lo hora del castigo, todos pagan el precio. En el caso de la serpiente se nos cuenta algo un poco inusual (Gen. III, 13-15). Si el castigo de la serpiente es, a raíz de su mala acción, reptar por el suelo y comer polvo, entonces quiere decir que antes de la infracción la serpiente ¿tenía patas?

Más allá de la descripción física de la serpiente, existe también (inusual desde todo punto de vista) una descripción de su personalidad. Es astuta, más que toda otra bestia del campo. Además, la serpiente habla... Curiosamente, el castigo de Dios no incluye la abolición de la capacidad de la serpiente de hablar, por lo tanto, según el Tanaj, hasta nuevo aviso las serpientes todavía hablan.

Lo más interesante, sin embargo, reside obviamente en el mensaje moral que se esconde detrás de los actos de la serpiente. Dios planta un árbol en medio del jardín del Edén, que es el más hermoso de los árboles, el más apetecible y además aquel que puede darle a los hombres la capacidad de la razón y el conocimiento ("la ciencia del bien y del mal"), pero claro está, Dios pretende que los hombres no sucumban a la tentación. Cuando la serpiente provoca lo que provoca, a pesar de las trágicas consecuencias, los seres humanos son elevados, en realidad, al nivel de dioses. Ellos saben ahora lo que antes sabía solamente Dios. Por otro lado, hay que hacer hincapié en dos elementos: el primero es que la serpiente era "astuta", no malvada o mal intencionada; el segundo es que la serpiente no pretende ni exige nada a cambio de la revelación y no parece ganar nada de la nueva situación. Más aún, si era un animal tan astuto, seguramente pudo haber previsto el hecho de que Dios se enojaría y lo castigaría, y aún así lleva a cabo su "misión".

Existe un personaje muy parecido a la serpiente tanájica, en la mitología griega. Su nombre era Prometeo, quien dio a los hombres el secreto del fuego, a pesar de la terrible cólera de los dioses del Olimpo. Prometeo paga un precio muy alto por esta insolencia, por este favor a los hombres. Recordemos que el Tanaj nos cuenta que a raíz de la tentación, "Y abriéronse los ojos de ambos...".

Otro animal parlante es el burro de Bilaam, el hechicero que trata de maldecir al campamento israelita en su camino a la tierra de Canaán. Ciertos cristianos mesiánicos que se dicen judíos, y que desgraciadamente frecuentan este sitio de Internet, han contestado a alguno de mis artículos insinuando que Bilaam era un profeta. Pues bien, el Tanaj habla de Bilaam solamente como un hechicero y mago, y en ningún momento como profeta: naví - ðáéà (Num. XXII-XXIII). El burro de Bilaam habla temporalmente, solamente cuando "Dios abre su boca". El burro le da una lección de moral y buenas maneras a Bilaam, el cual queda avergonzado por el hecho. El burro es capaz de ver al ángel y Bilaam no.

 

Monstruos marinos

Desde siempre los mares, océanos, y todo curso de agua han servido como fuente de inspiración para las mentes de los hombres. La imposibilidad de permanecer debajo del agua por más de algunos instantes llevó al hombre, desde el principio de la civilización, a especular sobre lo que se esconde debajo de la superficie. Con el desarrollo de la navegación marina, estas especulaciones fueron más allá de los límites del simple pensamiento a la hermosa zona de la imaginación.

Los israelitas estuvieron conectados con el mar desde el comienzo. La enorme variedad de la geografía local contribuyó muchísimo a este desarrollo: al sur el Mar Rojo y en Egipto el Nilo, al oeste el Gran Mar (Mediterráneo) y al este el Mar Muerto y el Mar de la Galilea, todo esto junto en un territorio relativamente pequeño. Nos concentraremos en tres bestias marinas fascinantes.

La palabra "leviatán" en hebreo moderno se refiere simplemente a las ballenas, y tal vez éstas, junto a los delfines y toninas, sirvieron de inspiración para la creación del Leviatán tanájico. Se trata al parecer de un monstruo marino, azote de los mares, personificación del mismo Satán. Diferentes profecías nos cuentan de la victoria de Dios sobre el Leviatán, como símbolo del bien que prevalece sobre el mal (Isa. XXVII, Sal. LXXIV, Sal. CIV, Job III, Job XL). No faltan ejemplos de monstruos marinos en ninguna mitología, por lo tanto el trabajo de comparación lo dejo para el devoto lector.

Otro monstruo marino temible es el Tanín. En hebreo moderno su aceptación es la de cocodrilo, lo cual parece ser lo más cercano a la realidad. No olvidemos que la influencia egipcia en la cultura canaanea e israelita es enorme. Por lo tanto, la figura del cocodrilo que habitaba las orillas del Nilo es un elemento común. Mientras que éste se figura como un dios en ojos de los egipcios panteístas, su imagen es de terror y maldad en ojos de los redactores del Tanaj. Esto es claro, a la vista del deseo del Tanaj de asentar la creencia en un solo dios, mostrando como el Dios único es aquel que creó al Tanín, reduciéndolo a una simple criatura más (Gen. I, 21). Sin embargo, en otros pasajes es un enemigo de Dios, una especie de fuerza maligna a la cual hay que erradicar (Isa. XXIV, Isa. LI, Job IV).

Finalmente podemos citar el famoso encuentro de Jonás con el gran Pez que lo traga y lo mantiene en su estómago por tres días (Jon. II). Es interesante que Jonás, en su plegaria a Dios desde el vientre del pez, lo nombra a éste el sheol, un sinónimo para "infierno". Sin embargo, el gran Pez es un enviado de Dios, para darle a Jonás una lección sobre responsabilidad y poder.

 

Criaturas increíbles

Más allá de estos monstruos que se figuran como animales peligrosos, existen otras criaturas que excitan la imaginación aún más. Nos concentraremos en dos tipos, los gigantes y las quimeras. Ambos conceptos nos son conocidos de la mitología griega. Los gigantes fueron expulsados por Zeus e intentaron rebelarse (los titanes). Algunos gigantes poseían un sólo ojo (los cíclopes), o parte de su cuerpo era de animal (como el minotauro). La quimera era un monstruo, mitad mujer mitad serpiente, o mujer cuyos cabellos eran serpientes, y tenía el poder de petrificar a quien la mirara a los ojos.

Gigantes en el Tanaj hay muchos. Básicamente los gigantes constituyen una raza, los anaceos, de la palabra anak que significa literalmente gigante. Son seres que existen en el mundo desde los comienzos (Gen. VI, 4), relacionados con los Nefilim -los cuales analizamos en anteriores entregas de esta serie-, como hijos de los nefilim o como antepasados de éstos, e inclusive como sinónimos. Son éstos los gigantes que asustan a los espías que Moisés envía a la Tierra de Canaán (Núm. XIII, 33, Deut. I, 28 y IX, 2, Jos. XI, 22 y XIV, 12). Fuera de éstos también encontramos personas que fueron catalogadas como gigantes por su gran altura, como Goliath, el filisteo de seis codos y medio (I Sam. XVII); Og, Rey de Bashán, de nueve codos de altura y cuatro codos de ancho (Deut. III), y el luchado egipcio, de cinco codos de estatura (I Crón. XI). Un codo, generalmente, equivale a medio metro. Por lo tanto, Og medía cuatro metros y medio...

Quimera en el Tanaj existe solamente una, pero en tal magnitud que su sola existencia es fascinante. El libro del profeta Ezequiel comienza con la descripción de cuatro criaturas increíbles. El aspecto de cada uno es el de un hombre, pero con cuatro rostros cada uno, como las cuatro direcciones de la rosa de los vientos. Sin embargo sus caras eran al mismo tiempo solamente tres, la de un hombre, la de un águila y la de un león. Y cada lado tiene cuatro alas y patas de becerro. Y las criaturas en sí son como antorchas vivas, desplazándose dentro del fuego, bañados en relámpagos y estallidos. Y cuatro ruedas de fuego llenas de ojos los seguían hacia toda dirección. Y a través de la visión de esta terrible y amenazante criatura llega Ezequiel el profeta a la máxima inspiración, a ver a Dios mismo y a su trono en los cielos, y luego al fin de la visión, la cual lo deja exhausto. ¿Por qué habría Dios de personificarse en un ser tan terrible? Parecería más lógico profundizar en las profecías de Isaías, las cuales hablan de la personificación de Dios en el puro amor y paz. Sin embargo, Ezequiel opta por subrayar la faceta temerosa y alarmante de la supuesta personalidad de Dios, y éste análisis podría llevarnos decenas de artículos.

 

Apuntes Finales

Hemos analizado en estos tres artículos los principales elementos relacionados con la mitología judía en el Tanaj. Existe un mundo entero, inmensamente rico en mitología, en la literatura post-bíblica. Sin embargo nuestro mandato se limita a los libros que componen el Tanaj. Tal vez, en un futuro, volvamos a sumergirnos en el mar de los monstruos, ángeles y héroes, que nos llenan la mente de reflexiones y el espíritu de fantasías.

 

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