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El Rincón del Diablo

Internándose en un Reino Cerrado

Internándose en un Reino Cerrado  

I.


Larga la noche,
largos tus ojos
ondulantes y ligeros detenidos tras mi muerte.

Agazapada vienes
te disfrazas de colibrí
y con tu pico ahuecas mi corazón.

Larga la noche
y largo tu pecho
endureciendo ecos vacíos.

Tu fantasma me motiva,
inquilina de tu vientre soy.
Perdida
en tu noche,
me derramo
y digo tu nombre.


II.


Estuvimos a la orilla del mar,
cuando las olas nos adormecían con su canto amable,
cuando tomarme la mano
era habitual.

Ahora,
yo camino hacia un extremo
tú hacia el otro
¿Qué puedo hacer yo?
¿Acaso voltear el rostro para saber si aún me miras?

Seguiré el llanto de las gaviotas
me iré tras ellas,
emularé un grito
y seré pez.


III.


Un nuevo golpe arremete,
soy solo el cuerpo
ya no hay más voces que la mía;
sin embargo,
adentro hay una guerra,
una guerra que se gesta desde la palabra no dicha.

¿Cómo debo entender tus ojos?
¿Tu cabello cano es en realidad cano?
Dime hija de quién soy,
cuerpo de quién soy.


IV.


Intentas cazar olas que te vencen infinitas veces. Olas que te confunden con la arena y te suspenden en agua salada y piedras. Enfrente de un mar, como el de las Costas Normandas, contemplas su caminar de elegante zorra; mientras te muestra sus dientes de espuma blanca. Comienzas a zambullirte.

 

Erika Almenara

 

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