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El Rincón del Diablo

SUCEDIÓ EN CHOMBOROTÓN

SUCEDIÓ EN CHOMBOROTÓN

“Sugerente y preciso, este cuento del libro de reciente aparición, “Espina de Pitahaya”, combina una serie de elementos que desemboca, como la mayoría de los cuentos que conforman el libro, en alguna situación jocosa o de carácter anecdótico. En esta ocasión, nos entrega una conocida historia acerca de un cierto candidato a la presidencia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (por suerte, el actual gobierno, ya concluyó).” 



 Alforjaines Talego, natural de Chomborotón, decidió lanzarse como candidato a la presidencia de su país. Indudablemente que tenía méritos más que suficientes para ser admitido como tal, amén de las razones de carácter genealógico, pues sus ancestros pertenecieron nada menos que a la dinastía Orín-Casco.
Cuenta la historia que el cacique Talego de Cunga-Seca, lejano ancestro de Alforjaines Talego, cuando fue atacado por los españoles, que pretendían saquear las riquezas de su pueblo, salió al frente con sus bravos hombres, guerreros por excelencia, y pudo hacer retroceder al enemigo, dando tiempo con este enfrentamiento para que su numerosa familia logre escapar y esconder sus tesoros, en diferentes partes del territorio. Los españoles venían librando muchos combates, saliendo victoriosos y acumulando riquezas, pero a las huestes del cacique Talego de Cunga-Seca, jamás pudieron doblegarlas. 
Con el ataque español, el cacique Talego se dio cuenta que sus dominios podrían ser vulnerables; por tal razón, hábilmente reorganizó su cacicazgo, en el hermoso valle de Chomborotón, a orillas del río Santa, cuya ubicación geográfica le prestaba mayor seguridad.
Cuentan los cronistas que Chomborotón fue un valle desorganizado, por eso  el cacique Talego pudo imponerse fácilmente; sometiendo con su poderío a pequeñas tribus e instaurando sus dominios con el título de: “Señor Talego de Cunga-Seca y Chomborotón”.  
En este valle conoció y sedujo a hermosas mujeres, más por su elocuente facilidad de palabra que por sus atractivos físicos. También se dice que el cacique Talego, cantaba lindas canciones en perfecto quechua, lo que terminó por cautivar a las lugareñas. En estos cánticos hacía muchas promesas de amor.
Chomborotón llegó a extenderse por el norte hasta los valles de Lambe-queque (lugar donde el arqueólogo Walva, hiciera importantes hallazgos de incalculable valor).
Nos referimos a este valle porque se ha comprobado que parte de estos tesoros fueron del cacique Talego, que como bien sabemos fueron escondidos para evitar el saqueo español.  
A la luz de estos apuntes históricos, resultan más que interesantes las características de nuestro personaje candidato. Claro está que el hombre al evolucionar ha ido perfeccionando algunos aspectos, pero también ha decaído en otros. En el caso que nos ocupa, los resultados saltan a la vista: El candidato presidencial, Alforjaines Talego, es el resultado evolutivo de sus ancestros, que tuvieron excepcionales condiciones de líder. Su configuración genética, en lo referente a su físico, permanece intacta e inerte (sin evolución). En buena hora: característica peculiar, que en su país y fuera de él, le proporciona ventajas.
Pero nos atrevemos a pensar que el cerebro ha logrado almacenar elocuentes  expresiones, que afloran en sus discursos. Memorístico aprendizaje, que nos lleva a la siguiente pregunta:
- El cerebro, ¿habrá evolucionado?
La respuesta la darán los lectores, luego de analizar la siguiente anécdota de nuestro candidato:  
El 15 de febrero de 1995, Alforjaines Talego decide visitar su tierra natal, que también fue la de sus ancestros: Chomborotón. Llegó escoltado por dos fornidos integrantes de su partido: “Soga para Amarrar, si es Posible”. Pero Chomborotón es un pueblo tan castigado, no sólo por los temblores sino también por las grandes sacudidas de las promesas electoreras, de modo que la presencia de Alforjaines Talego pasó inadvertida. Cuentan que hasta sus numerosos hermanos, argumentando estar sumamente ocupados, en el afán de buscarse los frijoles, se justificaron para no acompañarlo. Así que no quedó otra alternativa que hacer su recorrido para agarra prosélitos, en compañía de sus seguidores (que también oficiaban de guardaespaldas).
- ¡Déjenme solo! –dijo el candidato-. Quiero dar la sorpresa a los hermanos pescadores, aquí en el muelle, en tal caso,  me siguen a prudente distancia.
Alforjaines Talego ingresó con paso firme al muelle de pescadores, pensó tal vez que los vigilantes lo detendrían al transbordar la reja de ingreso, pero no le dijeron nada (ahí a nadie detienen, ni a los cutreros). Siguió caminando hasta la punta del muelle, levantaba la mano para saludar a todo el mundo, pero nadie lo conocía.
El loco Ribera, de la “Patricia I”, pensó: “Este patita se loas copió toditas las de mi compadre Moncada. Levantaba la mano para saludar, esperando que algún patricio de lancha le regale un pescado. Bueno, mi cumpa, tenía su jale carajo, y era todo un personaje, por mi madre… Hasta Arguedas, reconoció su capacidad. Pobre mi cumpa, sí que era bueno y que descanse en paz. ¿Pero este huevón, qué vela tiene en este entierro?”
El loco Ribera vio alejarse al desconocido, hizo un gesto desdeñoso con la nariz arrugada y botó con brusquedad el cigarrillo que recién había prendido. El desconocido se detuvo, sintiendo la calculadora mirada de un mozuelo, que impaciente esperaba sobre una percudida pared de cemento, junto a las tolvas que abastecen a los volquetes.  
- ¡Hey, tú! ¿qué haces sobre ese muro? – dijo el candidato.
El muchacho de unos quince años de edad, permaneció inmóvil, en la misma actitud: sobre una rodilla apoyaba el mentón y la otra pierna estirada en péndulo tamboreaba la pared, con el talón desnudo.
- ¿Quién, yo? –contestó el muchacho.
- Sí, ¿quién más va a ser?
Esta vez el muchacho, lo miró fijo, como midiendo su fortaleza física o tal vez su agilidad en las carreras, si es que el caso así lo requería una veloz escapada.
- ¿Quién mierda eres tú para preguntar? –dijo con aplomo.
- ¿Cómo, no me conoces? Yo soy Alforjaines Talego –dijo el candidato, mostrando su mejor sonrisa y, ligeramente nervioso, agregó:
- Vota por mí y tendrás trabajo…
- Otro huevón con la misma cantaleta. ¡No jodas hombre! Ofrecen todo y luego se olvidan. Déjame tranquilo esperar las lanchas para hacer mi “cutrita”. Si serás cojudo, no ves que soy menor de edad, cómo mierda quieres que vote por ti.
Los guardaespaldas se acercaron  cautelosamente. No escucharon nada. El candidato, se dirigió a ellos:
- Este jovencito es el prototipo del hombre de puerto. Hombre de mar que se curte y se forja en el diario trajinar, en busca de la subsistencia. Ciudadano que requiere apoyo del Estado, para reorientar ese potencial energético, a fin de lograr el desarrollo del país y, en consecuencia, una mejor condición de vida para ellos y sus hogares.
El candidato y sus seguidores esta vez caminaban juntos, por lo que su condición de extraños fue más visible. Un humilde pescador dejó balbucir sus pensamientos: “Estos cojudos, si no están metidos en la cutra estoy seguro que quieren meterse al asunto”.
 

Leonidas Delgado León

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