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El Rincón del Diablo

MAÑANA INCIERTA

MAÑANA INCIERTA

“Saquen sus propias conclusiones: en esta ocasión, no puedo hacer nada más que desbordar todos mis sentimientos en este relato breve, y mostrar mi apoyo a un porcentaje de la población peruana amenazados de muerte por la madre de uno de nuestros candidatos a la presidencia. Ya sabrán a lo que me estoy refiriendo. Para todas ellas va dedicado este relato. Recordemos que los derechos de la persona deben respetarse a toda costa. PIENSEN… ”


Mañana es el gran día… Quiero dormir, siento esa necesidad absurda: desconectarme del mundo por un instante. No lo consigo: un miedo interior me invade. ¿A qué le temes? El destino… Gira constantemente. Es una ruleta. Puede detenerse en el lugar menos indicado. Espero que mañana las cosas cambien, que la rueda deje de girar en el mismo sentido, que detenga su flecha en un espacio distinto al habitual.
Mis párpados pugnan por cerrarse. Es más de la medianoche, y no tengo sueño. La sola idea de morir me abruma. Mañana decidiré vivir. Pero si otro decidiera acabar con mi vida, no sé qué podría hacer. No quisiera que me suceda lo de Manu: morir por amar, por ser diferente. Lo extraño tanto estos días. Me hace mucha falta. No soy de las personas que les desea males a los demás, si no peligra mi existencia, por supuesto. Si sucediera eso, haría lo posible por viajar a contramarea, luchar por mi libertad, decirle a todo el mundo que ser diferente no es un pecado, y esperar a que la gente reaccione, si lo hace. Por lo menos estaré tranquilo conmigo mismo: habré hecho lo correcto. Vivir encerrado en una jaula no es mi estilo. Odio ser quien no soy. Sin embargo (lo repito), la idea de morir me inquieta sobremanera. Es lo que siento precisamente ahora, cuando la noche cae irremediablemente sobre mis hombros: una agonía interminable, una angustia que no me permite descansar de mi tediosa rutina.
Mañana es el gran día… Sé qué decisión tomar al respecto; aunque no sé si ayudaría lo suficiente. Aún hay gente con aserrín en la cabeza. Cada cinco años, mi vida pasa siempre por los mismos desbarajustes. Como yo, habrá muchas personas compartiendo las mismas dudas, y pensando en sus problemas personales. La incertidumbre crece sin medida, y mi sueño se cuela por los resquicios de esta habitación. Cada cinco años sucede lo mismo. La misma canción se repite. Al final, todos sabemos en qué terminará y de qué forma.
El sonido del reloj de pared se acentúa, penetra en mi cabeza, me recuerda que falta muy poco para que el “hoy” se convierta en “mañana”, y que sería recomendable cerrar los ojos para no darme cuenta del transcurrir del tiempo. Aunque quién sabe: tal vez, cuando descubra que ya ha llegado el día de mañana, el sueño retorne, por fin, a mis horas en blanco. Comprenderé, entonces, que mi suerte estará echada, y ya no hay nada más qué hacer.

Christian Ahumada Heredia

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