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El Rincón del Diablo

NADIE DEBE REPETIR EL PLATO: no a la reelección de congresistas

NADIE  DEBE   REPETIR  EL  PLATO: no a la reelección de congresistas El tema es tan rico que circula por la mente de todos los peruanos y  tiene como punto de partida el descrédito y la opinión generalizada en contra de una institución que ha devenido en un órgano que maltrata, ofende, traiciona e insulta a los ciudadanos del Perú.  Como usted habrá adivinado desde la lectura de nuestra primera línea, nos estamos refiriendo al Congreso de la República, donde 120 elefantes blancos ponen sus posaderas en curules forrados de plata y oro, es aquí donde se juntan los  padres de la patria. Este nombrecito que desde fechas inmemoriales se ha acuñado, nos produce risa, estupor y porque no decirlo indignación, porque de padres de la patria no tienen nada, todo lo contrario, su conducta en nada se diferencia a la de los pirañitas, con la salvedad que éstos lo hacen para saciar su hambre cotidiano, mientras “nuestros sufridos padres” lo hacen por gula, soberbia y el afán fetichista de inflar su abdomen.  De esa manera y sin rubor, cada mes, asaltan el erario nacional, circunstancia que los ha convertido en malhechores de la peor especie que tiene nuestro país.
            Se ha dicho en todos los tonos, formas y colores que las dos instituciones más desprestigiadas del país, donde campea la corrupción y que irónicamente dicen luchar contra ella son el Poder Judicial y el Congreso de la República, y además tienen el privilegio de reunir las 7 plagas del Señor y que el ciudadano haciendo uso de su DNI los eligió “un día que Dios estuvo enfermo” (Vallejo, siempre).  Este congreso cuyas funciones están por fenecer nos ha dado conductas variopintas que el común de la gente las califica, por utilizar un adjetivo casi poético, como de sinvergüenzas.
            Todas las calificaciones se les ha hecho, nadie defiende a esta institución tutelar para la vida democrática, porque simplemente no existe argumento para ello, sólo ellos mismos muchas veces con voces desatinadas y amaneradas, digamos las cosas con su nombre propio: con cinismo tratan de defender lo indefendible, nos quieren dar gato por liebre, ocultando el sol con un dedo.  Este Congreso  nos ha mostrado un zoológico rico en animales raros, donde hemos visto a estafadores, proxenetas, violadores, expertos en lobby que hacen grandes negociados a vista y paciencia de todos, lo que demuestra que estos llamados padres de la patria no tienen límites para nada y hablarles a ellos de valores o de moral les debe producir una carcajada a mandíbula batiente, además entre ellos existe un pacto maquiavélico, pueden discrepar en todo, pero a la hora del reparto todos se alinean, pues como lo a sentenciado la sabiduría popular, otorongo no come otorongo.
            Se dice la verdad a medias, que un congresista sólo cobra  S/.11,000.00,  pero a ello habría que agregarle los S/. 15,000.00  mensuales de gastos de representación, de los cuales solo el 30% están obligados a rendir,  el 70% lo gastan a su libre albedrío, o sea que son S/.10,000.00 más que llegan limpios al bolsillo del congresista.  Si a esto le agregamos el gasto que ocasiona un congresista por pago de asesores (por lo menos 3), guardaespaldas, chofer, secretaria, asistentes, pago de oficina en provincias, pago ilimitado de celulares y gasolina, pero esto no es todo, la lista continua: ingreso por CTS, cobro por escolaridad, jugosas gratificaciones, es posible que nos olvidemos de algo, lo cierto es que cada congresista le cuesta al país, a usted ciudadano que lee éstas líneas, no menos de S/. 100,000.00 al mes.  Ellos justifican cobrarlo por que dicen que son acuerdos y leyes que vienen de Congresos anteriores, de esa manera se santifican y señalan que no tienen culpa alguna, pobrecitos un poco más y nos dicen que lo cobran por obligación, con pena y dolor,  como si no recordáramos que un Congresista de marras juramentó por Dios y por la Patria. Si tuvieran un mínimo de vergüenza y les quedara algo de conciencia no tendrían reparos en modificar las leyes, si ellos tienen la sartén por el mango, pero son tan conchudos que más de uno a dicho que lo que ganan es poco para el esfuerzo que realizan. Todo esto por supuesto sin contabilizar los ingresos gracias a los muertos y heridos, que su ingenio y esfuerzo permite doblar o triplicar sus magros ingresos y una vida sacrificada penando en el Perú.
           
Segunda Parte:

 

            Casi olvido mencionar un hecho que los pinta de  cuerpo entero y dice mucho de su amor a la patria e identificación por el pueblo sufrido que los eligió.  Estos sinvergüenzas disfrazados de congresistas gozan de seguro social especial y por lo tanto son atendidos en clínicas de lujo, qué se van a confundir con los trabajadores que hacen cola desde las tres de la mañana o antes para conseguir un ticket para ser atendidos y muchas veces llegan a la ventanilla y los tickets se han agotado, les espera otras colas y madrugadas.
            ¿Será necesario dar mayores explicaciones e ingenuamente preguntarnos por qué se mueren por ser reelectos al Congreso y seguir succionando las mamas del presupuesto nacional?
            Por ello, nuestra modesta opinión, está dirigida a sostener que ningún congresista debe ser reelecto, nadie merece repetir el plato, es verdad que habrán 4 ó 5 congresistas que serían la excepción que confirma la regla, pero su opinión lo han dicho en voz tan baja, acompañadas de gestos tan inexpresivos que realmente no se han portado a la altura de las circunstancias.  Estos 4 ó 5 congresistas han tenido tan poca  repercusión, que lamentablemente a la hora del juicio final como es la de renovar el Congreso de la República, tenemos que decir: justos pagan por pecadores.
            Estos congresistas se ufanan de ser electos por el pueblo y como tal se convierten en intocables gracias al blindaje que les da la aureola  divina de la inmunidad  e impunidad,  costumbre preñada de frivolidades a la que incluso le encontramos un filo libidinoso.  A estas alturas estaremos de acuerdo en que ser congresista es convertirse en un pequeño rey de cada parcela del país, llamada provincia o departamento.  Podríamos seguir anotando mayores referencias de esta conducta impropia y realmente sería un documento de nunca acabar, solamente quisiéramos agregar que se han convertido en los peores enemigos de la democracia y lejos de estar al servicio del pueblo, se sirven de  él, de la manera más insensible e indiferente, porque finalmente lo único que les interesa es tener su billetera abultada y coleccionar tarjetas de crédito como gesto cotidiano de su vanidad.
            Acaso alguna vez aunque sea por equivocación nos enteramos que un congresista llega a su provincia para reunirse con las instituciones representativas e informar de su labor congresal, y de ese modo generar un diálogo democrático escuchando la opinión del ciudadano, atendiendo sus iniciativas, conocer sus preocupaciones, aceptar las críticas, no, hay que ir a verlos a Lima, donde se les encuentra como pavos reales y sólo si están de humor atenderán a las delegaciones, que muchas veces han recorrido medio Perú, para llegar a sus glamorosas oficinas. Y pensar que ante esos ciudadanos, a quienes mira con la nariz respingada, el congresista se arrodilló a la hora de pedir su voto y les ofreció el oro y el moro para conseguir sus afanes perversos, pero  el elector sencillo lamentablemente,  sólo les vio la cara pero no el alma.

 

Jaime Guzmán Aranda

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